Muchas personas que duermen entre nueve y once horas se despiertan igual de cansadas que si hubieran dormido solo dos o tres horas. Este fenómeno está relacionado con los ritmos circadianos, el sistema que regula nuestros ciclos diarios de sueño y vigilia.
Aunque la falta de sueño produce cansancio evidente, dormir más de lo necesario también puede generar fatiga y malestar. Los llamados “reposos compensatorios” tras periodos de mucho trabajo no siempre resultan reparadores: al despertar pueden aparecer dolor de cabeza, sensación de pesadez y agotamiento, síntomas que la medicina describe como embriaguez del sueño. Estos efectos se explican por la forma en que el cerebro y el reloj biológico coordinan los estados de vigilia y descanso.
El sueño se organiza en ritmos de aproximadamente 24 horas controlados por el núcleo supraquiasmático del hipotálamo, que responde principalmente a la luz que reciben los ojos. La luz del día prepara al cuerpo para la actividad, mientras que la oscuridad favorece la liberación de melatonina y la aparición del sueño. Mantener horarios regulares de despertar ayuda a sincronizar las células y los procesos cerebrales para que el despertar coincida con el momento óptimo; al prolongar el sueño, esa sincronía puede alterarse y provocar desajustes en la activación celular respecto a las fases del descanso.
Qué sucede en el cerebro y en los ritmos circadianos cuando se duerme más de lo necesario
Cuando extendemos el tiempo de sueño, los ritmos internos pueden no ajustarse por completo. En esos casos, algunos procesos celulares comienzan su actividad a la hora habitual mientras el cerebro permanece en una fase de sueño, sobre todo si el despertar interrumpe un ciclo profundo. Esta discrepancia provoca lentitud en las reacciones, confusión y una sensación similar a la resaca —la embriaguez del sueño— porque el organismo no ha completado la transición fisiológica hacia la vigilia.
Por qué dormir demasiado puede provocar más cansancio y otros riesgos para la salud
El sueño nocturno se compone de ciclos de alrededor de 90 minutos que alternan fases no REM (sueño ligero y profundo) y REM (sueño con actividad cerebral intensa y sueños). Suele ser reparador despertar al final de un ciclo; en cambio, prolongar el sueño puede provocar que el despertar ocurra durante una fase profunda, lo que aumenta la sensación de fatiga. Además, estudios epidemiológicos vinculan el sueño excesivo —más de 10 u 11 horas de forma habitual— con mayor riesgo de problemas cardiovasculares, metabólicos y diabetes, aunque no está claro si el exceso de sueño causa estas afecciones o si son ellas las que inducen a dormir más.


