Más de la mitad del metano liberado por los gases de escape de las naves espaciales podría terminar contaminando zonas sensibles de la Luna, según un estudio reciente publicado en Journal of Geophysical Research: Planets.
El análisis advierte que el gas puede desplazarse desde un punto de aterrizaje hasta el polo opuesto lunar en menos de dos días lunares, poniendo en riesgo áreas claves para investigar el origen de la vida en la Tierra.
La investigación fue realizada por Silvio Sinibaldi, responsable de protección planetaria de la Agencia Espacial Europea (ESA), y Francisca Paiva, física del Instituto Superior Técnico. Los autores señalan que, ante el creciente interés internacional por la exploración lunar, es imprescindible entender cómo los residuos de las misiones pueden afectar entornos que podrían conservar pistas sobre el surgimiento de la vida.
El papel del metano y los resultados del estudio
El trabajo se centró en el metano, el principal compuesto orgánico liberado por el propulsor de la hipotética nave Argonaut durante un descenso en el polo sur lunar. Los científicos emplearon un modelo informático para simular el comportamiento de miles de moléculas de metano, rastreando sus trayectorias, colisiones y la forma en que se adhieren a la superficie lunar.
Según las simulaciones, el metano podría llegar al polo norte en menos de dos días lunares. Tras siete días lunares —aproximadamente siete meses terrestres— más del 50 % del metano total simulado quedaría acumulado en los polos: alrededor del 42 % en el polo sur y el 12 % en el polo norte.
Paiva explicó que “las trayectorias de las moléculas son básicamente balísticas”. Debido a la casi inexistente atmósfera lunar, las moléculas impulsadas por la radiación solar pueden cruzar la Luna de un extremo a otro con escasa resistencia. “Mostramos que las moléculas pueden viajar a través de toda la Luna”, declaró Paiva a Journal of Geophysical Research: Planets.
Riesgo para las regiones en sombra permanente
Este proceso plantea un riesgo de contaminación extendida. Ninguna área estaría completamente protegida, incluidas las regiones en sombra permanente, donde los científicos esperan encontrar hielos que podrían conservar moléculas prebióticas.
Las regiones en sombra permanente contienen hielos depositados por cometas y asteroides hace millones de años. Los investigadores consideran que en esas reservas heladas pueden persistir moléculas prebióticas, compuestos que podrían formar los materiales iniciales relacionados con la aparición de la vida, como precursores del ADN.
Sinibaldi subrayó la paradoja actual: “Nuestra actividad puede obstaculizar la exploración científica”. Las misiones presentes y futuras podrían alterar los depósitos originales y dificultar la búsqueda de evidencias sobre el origen de la vida.
Propuestas y desafíos para la protección lunar
Paiva sugirió que elegir zonas de aterrizaje más frías podría reducir la dispersión del metano. Por su parte, Sinibaldi apuntó que parte del gas expulsado podría depositarse en hielos superficiales, lo que permitiría estudiar el material intacto que se encuentre por debajo de esas capas heladas.
“Estamos intentando proteger la ciencia y nuestra inversión en el espacio”, enfatizó Sinibaldi a Journal of Geophysical Research: Planets. Paiva añadió que es necesario confirmar los resultados mediante nuevas simulaciones y mediciones directas en la Luna, y manifestó su interés en investigar si otras moléculas liberadas por los materiales de las naves también suponen riesgo de contaminación.
Mientras agencias espaciales y empresas privadas preparan nuevas misiones, el debate sobre la protección planetaria gana relevancia. Los autores resaltan la importancia de llevar instrumentos a bordo capaces de monitorear y validar modelos sobre la contaminación por gases de escape.
Del mismo modo que existen normas para preservar entornos protegidos en la Tierra, la comunidad científica sostiene que el entorno lunar merece medidas de protección similares, por su valor para resolver preguntas fundamentales sobre la vida.


