Dormir adecuadamente es esencial para la salud física y mental, aunque a menudo se subestima su impacto. La calidad del sueño influye en la recuperación del organismo, en la fortaleza del sistema inmunitario y en el equilibrio psicológico. Entender por qué el sueño reparador es importante y conocer los riesgos de un descanso insuficiente ayuda a mejorar la calidad de vida y a prevenir problemas de salud a largo plazo.
Un análisis reciente de la London School of Economics (LSE), basado en 47 millones de noches de sueño, sugiere que dormir siete horas y mantener horarios regulares para acostarse reduce en un 24% el riesgo de muerte prematura y podría añadir hasta cuatro años a la esperanza de vida. Pese a ello, la mayoría no adopta esos hábitos: nueve de cada diez personas no siguen rutinas de sueño saludables y cerca de un tercio de los adultos solo alcanza las siete horas recomendadas alguna vez.
La falta de sueño tiene consecuencias tanto físicas como mentales. Investigadores de la LSE señalan que la privación crónica incrementa de forma significativa la probabilidad de sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes y depresión, además de elevar el riesgo de muerte prematura.
Incluso periodos breves de restricción del sueño pueden alterar el control de la glucosa hasta niveles prediabéticos. Las personas con déficit crónico de sueño muestran un mayor índice de hospitalizaciones —alrededor de un 7% más—. Desde la Facultad de Medicina de Harvard advierten también que la falta de sueño dificulta la recuperación física y mental y limita el rendimiento diario.
Dormir bien aporta beneficios claros para la salud y la longevidad. Ensayos científicos indican que quienes duermen menos de seis horas de forma habitual tienen un 20% más de probabilidad de morir antes que quienes duermen entre siete y ocho horas. Los investigadores subrayan que el principal desafío suele ser la irregularidad en las rutinas, no tanto la existencia de una enfermedad: para muchas personas el problema es la conducta diaria. Reformular el sueño como un comportamiento que puede medirse y mejorarse abre la posibilidad de promover cambios prácticos y sostenibles, según Katie Tryon, directora ejecutiva que colaboró en la investigación.
Hábitos de sueño que pueden añadir años de vida
El informe identifica tres hábitos básicos para mejorar el descanso y la salud: fijar una hora constante para acostarse, reducir la exposición a pantallas antes de dormir y establecer una rutina de relajación previa al sueño. Estos hábitos favorecen la sincronización del cuerpo y facilitan un sueño profundo.
Los autores afirman que la regularidad suele tener un impacto mayor que el simple cómputo de horas dormidas. Enfocar el sueño como una práctica cotidiana susceptible de mejorarse ofrece una vía accesible para lograr beneficios relevantes en la salud.
La irregularidad en los horarios de sueño es uno de los factores de riesgo más importantes. Cambiar frecuentemente la hora de acostarse desajusta el reloj biológico, que regula hormonas, metabolismo y defensas inmunitarias. El llamado “desfase horario social” puede sobrecargar el corazón, el metabolismo y el cerebro, aumentando la probabilidad de enfermedades. Tratar el sueño como un comportamiento controlable puede reducir la incidencia de enfermedades y mejorar la calidad de vida a largo plazo.
Etapas del sueño: funciones clave y el papel del sueño REM
El sueño es un proceso activo formado por distintas etapas, cada una con funciones específicas para la recuperación. Según la Facultad de Medicina de Harvard, se distinguen fases REM y no REM; en la no REM se incluyen el sueño ligero y el sueño profundo.
Durante el sueño profundo el cuerpo realiza tareas esenciales como la reparación de tejidos, la producción de energía a nivel celular y el fortalecimiento del sistema inmunitario. Un tiempo suficiente en esta fase permite despertar con más energía y estar mejor preparado para enfrentar infecciones y demandas físicas.
El sueño REM, por su parte, es clave para la consolidación de la memoria, el aprendizaje y el funcionamiento cognitivo. Estudios muestran que quienes carecen de sueño REM no experimentan las mismas mejoras en la memoria y en el rendimiento en tareas de aprendizaje, aun cuando la duración total del sueño sea similar.


