Mickey Rourke, actor estadounidense conocido por su carisma en los años ochenta y por una vida personal y profesional convulsa, atraviesa actualmente una etapa de vulnerabilidad que contrasta con sus años de mayor esplendor.
A sus 73 años, enfrenta problemas económicos y legales que podrían costarle su vivienda en Los Ángeles, debido a una deuda por rentas impagas cercana a los 60.000 dólares.
El domingo 4 de enero, Liya-Joelle Jones, asistente de la representante de Rourke, Kimberly Hines, creó en GoFundMe una campaña titulada “Help Mickey Rourke Stay in His Home” con un objetivo de 100.000 dólares.
Un día después, Rourke publicó en Instagram un video en el que dijo no haber sido informado previamente sobre la recaudación y pidió a sus seguidores que dejaran de donar, calificando la situación de humillante.
“Si necesitara dinero, no pediría ninguna maldita caridad. Preferiría meterme una pistola en el culo y apretar el gatillo. No donen dinero, y si donaron, recupérenlo. Es realmente humillante. Dicen que son hasta 100.000 dólares. No aceptaría ni un centavo de caridad de nadie”, expresó.
Mickey Rourke y estatus de galán de Hollywood
Philip Andre “Mickey” Rourke Jr. nació el 16 de septiembre de 1952 en Schenectady, Nueva York. Desde joven practicó boxeo como salida a un entorno familiar difícil.
Su padre abandonó a la familia cuando él era niño y su madre se casó con Eugene Addis, un oficial de policía de Miami Beach. Rourke ha relatado episodios de maltrato por parte de su padrastro.
Su formación pugilística lo llevó a entrenar en gimnasios relevantes, pero fue la actuación la que lo condujo a la fama.
En 1971 se mudó a Nueva York con apenas 400 dólares prestados por su hermana, tomó clases de interpretación y empezó a obtener papeles que aumentaron su visibilidad en Hollywood.
Su debut cinematográfico llegó a finales de los setenta con un pequeño papel en 1941 (1979) de Steven Spielberg, una aparición breve pero significativa para iniciar su carrera.
En 1980 participó en Fade to Black y en 1981 obtuvo mayor atención por su papel en Body Heat, aunque con poco tiempo en pantalla.
El reconocimiento se consolidó en 1982 con Diner, de Barry Levinson, donde interpretó a “Boogie” Sheftell, y por ello recibió elogios de la crítica y el premio al Mejor Actor de Reparto de la Sociedad Nacional de Críticos de Cine.
Poco después trabajó en Rumble Fish, de Francis Ford Coppola, y en The Pope of Greenwich Village, títulos que reforzaron su imagen como intérprete intenso y carismático, aunque no todos fueron éxitos comerciales.
A mediados de los ochenta acumuló papeles protagónicos que incrementaron su estatus en la industria.
El salto internacional llegó con 91⁄2 Weeks, junto a Kim Basinger, filme que lo convirtió en un símbolo sexual y expandió su proyección global.
Simultáneamente, recibió elogios por Barfly —donde interpretó al alter ego de Charles Bukowski— y por su trabajo en Year of the Dragon, escrita por Oliver Stone.
En 1987 realizó una de sus actuaciones más recordadas en Angel Heart, una película polémica por su contenido que generó debate público y críticas mixtas.
Mientras en Estados Unidos algunas de sus películas despertaban controversia, en Europa —especialmente en Francia— fue acogido como un icono de rebeldía.
El director Adrian Lyne llegó a afirmar que, de haber muerto tras Angel Heart, Rourke habría alcanzado un estatus mítico comparable al de James Dean.
Ese mismo año incursionó en la música colaborando con David Bowie en el álbum Never Let Me Down y contribuyó con un segmento en la canción “Shining Star (Makin’ My Love)”.
También escribió su primer guion, Homeboy, centrado en el boxeo y protagonizado por él. En 1989 participó en el docudrama Francesco y más tarde encabezó Wild Orchid, que le valió una nominación al premio Razzie.
A comienzos de los noventa protagonizó fracasos comerciales como Harley Davidson and the Marlboro Man y trabajó en White Sands, una película con críticas dispares pese a ciertos méritos visuales.
El principio del declive de Mickey Rourke
Con el tiempo, su vida personal y su reputación repercutieron en su carrera; varios directores encontraron difícil trabajar con él y su comportamiento provocó tensiones en los rodajes.
“Trabajar con Mickey es una pesadilla. Es muy peligroso en el set porque nunca se sabe qué va a hacer”, declaró en su momento el director Alan Parker.
En 1991 tomó la decisión de dejar la actuación para dedicarse al boxeo profesional, un giro que marcaría su trayectoria.
Aunque en el ring nunca registró derrotas oficiales —anotó seis victorias y dos empates— sufrió lesiones que afectaron su rostro y requirieron múltiples cirugías reconstructivas.
Su prolongada ausencia de la pantalla coincidió con un descenso en su carrera cinematográfica y con la participación en filmes de menor repercusión que no lograron mantener su perfil en la industria.
Rourke ha reconocido que esa etapa formó parte de un proceso autodestructivo que le costó oportunidades profesionales y estabilidad personal y económica.
“Es mejor que nunca hayas sido nadie a que seas un fracasado. Es una píldora difícil de tragar si eres un hombre orgulloso”, llegó a decir sobre su propia experiencia.
El resurgir de su carrera y la llegada del reconocimiento tardío
Tras años de altibajos, su carrera resurgió con The Wrestler (2008), dirigida por Darren Aronofsky, en la que interpretó a un luchador envejecido. El papel le valió un Globo de Oro y una nominación al Oscar a Mejor Actor.
Ese papel marcó su regreso a la atención crítica y popular, confirmando su capacidad actoral.
“Para ser brutalmente honesto, cuando leí el material, realmente no quería hacer la película porque era demasiado cercana a mí”, reconoció Rourke sobre el proyecto.
Darren Aronofsky comentó que, pese a la mala imagen pública del actor, vio en él al intérprete indicado para el papel principal y apostó por su contratación.
“Cuando conocí a Mickey, supe que estaba en un punto de su vida en el que era consciente de lo que había sucedido y de lo que había hecho, y estaba listo para volver al ruedo… Vi la conexión entre eso y el personaje de la película”, explicó el director.
Aronofsky añadió que muchos dudaban de la capacidad de Rourke para resultar simpático en pantalla, pero que su trabajo anterior demostraba que el talento estaba allí.
A pesar de este reconocimiento tardío, su carrera no recuperó totalmente la estabilidad de décadas anteriores; participó en títulos como Sin City, Iron Man 2 e Immortals, sin recuperar el estatus que tuvo en sus años de mayor esplendor.
En los últimos años Rourke ha hablado con honestidad sobre sus errores pasados y el impacto personal y profesional que tuvieron.
En enero de 2026, en respuesta a la campaña de recaudación creada por su equipo para cubrir rentas atrasadas, publicó un video en Instagram reconociendo: “He hecho un trabajo realmente terrible en la gestión de mi carrera… No pediría ninguna maldita caridad”.
Además aseguró haber pasado “más de 20 años en terapia para superar los daños que me hicieron años atrás” como parte de su intento por mejorar su vida.
A finales de 2025 enfrentó una orden de desalojo en su casa alquilada en Los Ángeles por no pagar un adelanto de renta cercano a los 60.000 dólares, según documentos judiciales.
El actor había firmado en marzo de 2025 un contrato de alquiler por 5.200 dólares mensuales, cifra que luego aumentó a 7.000. Su propietario inició acciones legales para reclamar la renta atrasada, honorarios legales y la restitución del inmueble.


