15 de enero de 2026
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Alimentos aparentemente saludables con azúcar, sal y grasas ocultas

Muchos productos comercializados como “saludables” ocultan cantidades elevadas de azúcar, sal y grasas saturadas en presentaciones atractivas. Organismos como el Servicio Nacional de Salud (NHS) y la Academia de Nutrición y Dietética advierten que el consumo habitual o excesivo de estos alimentos aumenta el riesgo de problemas metabólicos y cardiovasculares.

Entre los ejemplos más comunes figuran las barras energéticas, yogures saborizados y panes comerciales etiquetados como “integrales”, mientras la prevalencia de obesidad y diabetes crece en América Latina y España.

La percepción errónea de que ciertos productos son beneficiosos responde a estrategias de marketing y a la falta de información clara sobre ingredientes y valores nutricionales. El NHS subraya la importancia de distinguir entre azúcares añadidos —por ejemplo jarabe de maíz o dextrosa— y los azúcares de origen natural presentes en la fruta fresca.

Asimismo, las grasas saturadas presentes en lácteos enteros y productos de repostería industrial, y la sal añadida en panes y snacks, resultan dañinas cuando se consumen en exceso. La Academia de Nutrición y Dietética insiste en revisar las etiquetas, porque muchas personas subestiman la presencia real de estos nutrientes.

Las barras de cereal o energéticas, que se promocionan como colaciones sanas, suelen contener altas cantidades de azúcar, grasa y calorías y aportar poca fibra, según la Academia.

El NHS añade que los yogures saborizados y los que incluyen toppings frecuentemente contienen azúcares añadidos, especialmente en envases porcionados, frente a las alternativas naturales. La granola puede aportar entre 343 y 597 calorías por cada 100 gramos, y en porciones grandes su contenido de azúcar y grasa puede superar las recomendaciones diarias incluso en adultos.

La fruta deshidratada concentra azúcares y calorías: por ejemplo, 160 gramos de higos secos contienen más de 70 gramos de azúcar, frente a los aproximadamente 20 gramos que aportan dos higos frescos, según la Academia.

Los jugos envasados y batidos industriales, frecuentemente ofrecidos a niños y deportistas, son otra fuente importante de azúcares ocultos. El NHS y la Academia advierten que incluso las bebidas etiquetadas como “100% fruta” suelen tener alta carga calórica y carecer de la fibra de la fruta entera.

Las bebidas deportivas y energéticas, pensadas para esfuerzos intensos, contienen cantidades significativas de azúcar y, en el caso de las energéticas, cafeína. La Academia recomienda priorizar el agua salvo en ejercicios prolongados o de alta intensidad.

El NHS también señala que panes y productos horneados vendidos como “integrales” o “light” pueden aportar más azúcar que fibra. Los sándwiches clásicos de pan blanco con jamón y queso concentran grasas saturadas y sal añadida, lo que incrementa el riesgo cardiovascular.

Postres y lácteos enteros, con apariencia inocua, pueden contener cantidades preocupantes de grasas y azúcares. El NHS recomienda limitar helados y yogures con crema o azúcares añadidos, sobre todo en niños.

Snacks etiquetados como saludables —galletas integrales industriales, palitos salados o tortitas de arroz cubiertas— pueden aportar cantidades significativas de sal o grasa. Las ensaladas también pueden convertirse en fuentes de grasas saturadas cuando se acompañan de aderezos cremosos, advierte la Academia.

Conservantes alimentarios y enfermedades crónicas

Además, los alimentos ultraprocesados suelen incluir conservantes. Un estudio publicado en The BMJ encontró una asociación estadística entre una ingesta elevada de ciertos conservantes y un mayor riesgo de cáncer de mama y de próstata, así como de diabetes tipo 2. Entre los aditivos señalados aparecen el sorbato de potasio (E202) y el nitrito de sodio (E250), aunque los investigadores aclaran que se trata de correlaciones y no de relaciones causales establecidas.

El consumo excesivo de estos productos se vincula con sobrepeso, obesidad, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer. Fuentes como Infobae y la Academia destacan que bebidas azucaradas, panes industriales y embutidos figuran entre los alimentos más relacionados con estas enfermedades crónicas.

Para reducir riesgos, los organismos recomiendan sustituir ultraprocesados por alimentos frescos, elegir versiones con menos azúcar y grasa, controlar las porciones y tomar decisiones informadas revisando las etiquetas nutricionales.

El NHS propone también el uso de aplicaciones que escanean códigos de barras y consultar guías alimentarias oficiales para planificar la dieta diaria. Los expertos coinciden en que es posible consumir pequeñas porciones de estos productos ocasionalmente, pero la moderación y la preferencia por opciones más saludables son fundamentales.

Ante la incertidumbre regulatoria y los debates científicos sobre conservantes y aditivos, priorizar alimentos frescos y preparados al momento sigue siendo la estrategia recomendada para mejorar la calidad de la alimentación.

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