Mientras su nombre suena en cada convocatoria de la Selección argentina y mantiene un excelente nivel en Europa, Lautaro Martínez también impulsa un proyecto personal alejado de los focos: una bodega familiar en una de las zonas más reconocidas para la producción de vinos en Argentina. Nacida como una idea íntima ligada a sus raíces, la iniciativa combina tradición familiar con una inversión orientada a producir vinos de alta gama.
Martínez ha dicho en ocasiones que no se trata de un “hobby de famoso”, sino de una apuesta a largo plazo: “Es algo que hacemos en familia, con mucha dedicación y respeto por el proceso”. Elabora vinos pensados para un público exigente, cuidando desde la selección de las uvas hasta el diseño de las etiquetas, con una estética y presentación orientadas a la exclusividad y la calidad.
Este emprendimiento forma parte de una tendencia entre futbolistas de élite que diversifican sus ingresos y buscan proyectos con proyección más allá del deporte. En el caso de Lautaro, además del componente empresarial, el vínculo emocional y familiar es un factor central del proyecto.
En paralelo a su carrera deportiva, Martínez construye así un negocio discreto pero ambicioso, que crece sin estridencias y que busca posicionarse como una marca de nivel internacional, parte de la planificación de su legado fuera de los 90 minutos.


