16 de enero de 2026
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Oído tapado tras nadar: cómo prevenir infecciones

Con la llegada del calor, las piscinas, los ríos y el mar se vuelven destinos habituales para refrescarse. Sin embargo, nadar a menudo va acompañado de una molestia frecuente: la sensación de oído tapado.

Este problema, que afecta a personas de todas las edades, suele ser incómodo y, si no se aborda, puede favorecer infecciones y otras complicaciones auditivas. ¿Por qué ocurre y cuáles son los métodos seguros para expulsar el agua del conducto auditivo? La evidencia y los especialistas aportan consejos claros para disfrutar del agua con menos riesgos.

Anatomía y causas de la acumulación de agua

La persistencia del agua se explica por la estructura del conducto auditivo: presenta curvas y está revestido de vello y cerumen, lo que dificulta el drenaje. Además, en algunas personas —sobre todo quienes han nadado muchos años en aguas frías— pueden formarse exostosis (conocidas como “oído de surfista”), que estrechan el conducto y retienen más líquido. Estas condiciones facilitan la acumulación de agua en el oído.

Sentir el oído lleno o con presión después de nadar es habitual, pero conviene atenderlo para evitar complicaciones.

Técnicas recomendadas para liberar el agua

Existen varias técnicas sencillas y seguras, ordenadas según facilidad y riesgo, que suelen ayudar a desalojar el agua del oído:

Saltar sobre una pierna: Inclinar la cabeza hacia el lado afectado y saltar suavemente sobre la pierna del mismo lado puede permitir que la gravedad y el movimiento expulsen el agua.Tirar del lóbulo e inclinar la cabeza: Tirar con suavidad del lóbulo de la oreja mientras se inclina la cabeza hacia el hombro ayuda a abrir el conducto y facilitar el drenaje.Acostarse de lado: Recostarse con el oído afectado hacia abajo sobre una toalla durante varios minutos permite que el líquido salga por sí solo.Crear vacío con la mano: Colocar la palma ahuecada sobre la oreja y presionar y liberar varias veces genera un efecto de succión que puede ayudar a expulsar el agua.Gotas secantes de farmacia: Si las maniobras anteriores fallan, se pueden usar gotas secantes de venta libre que contienen alcohol, siempre que no haya dolor, secreción, infección previa ni perforación timpánica.Solución casera de alcohol y vinagre: Una mezcla a partes iguales de alcohol isopropílico y vinagre blanco aplicada en pocas gotas puede acelerar la evaporación y ayudar a prevenir bacterias y hongos; solo debe usarse en oídos sanos y sin lesiones.

Importante: Nunca introducir hisopos, clips u otros objetos en el oído, ya que pueden dañar la piel del conducto, empujar el agua hacia adentro o perforar el tímpano. Si la sensación persiste, aparece dolor, zumbido o pérdida de audición, consulte a un profesional de la salud.

En la mayoría de los casos, con estas medidas simples el agua atrapada se elimina sin mayores complicaciones.

Prácticas a evitar y riesgos asociados

Es fundamental evitar insertar objetos en el conducto auditivo —dedos, telas, bastoncillos de algodón u otros utensilios— porque pueden compactar cera, empujar el líquido y aumentar el riesgo de irritación, lesión e infección.

El agua retenida crea un ambiente cálido y húmedo que favorece el crecimiento de bacterias y hongos, elevando la probabilidad de desarrollar otitis externa, conocida como “oído de nadador”. Los síntomas habituales incluyen dolor al mover la oreja, picor, enrojecimiento, secreción y, a veces, fiebre.

La otitis externa afecta aproximadamente a una de cada diez personas en algún momento, es más frecuente en niños entre siete y catorce años y suele presentarse en los meses cálidos. Ante estos signos es necesario acudir a un profesional, que normalmente prescribirá gotas antibióticas y analgésicos. También se recomienda evitar nadar en aguas potencialmente contaminadas, especialmente ríos y lagos tras lluvias fuertes, donde el riesgo es mayor que en piscinas cloradas o el mar.

Prevención: cómo evitar la entrada de agua en los oídos

Para prevenir la entrada y retención de agua, se aconseja usar tapones auditivos adaptados por un audiólogo y gorros de baño. Secar cuidadosamente los oídos después de nadar y convertirlo en un hábito —especialmente con niños— reduce la acumulación de líquido y el riesgo de infecciones.

Si la molestia dura varios días o empeora, consulte a un profesional sanitario para valorar posibles complicaciones y recibir el tratamiento adecuado.

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