La industria metalúrgica argentina cerró 2025 con una contracción acumulada de -0,9% respecto de 2024, en un contexto de caída generalizada de la actividad y baja utilización de la capacidad productiva; es el peor desempeño del sector desde 2020, año de la pandemia.
Así lo refleja el informe más reciente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), que muestra a la industria en recesión y con elevada vulnerabilidad, marcada por descensos interanuales y un fuerte aumento de las importaciones, sin señales claras de recuperación a corto plazo.
En detalle, en diciembre la producción metalúrgica registró una caída interanual de -7,1%, acumulando ocho meses consecutivos de retroceso; en la comparación con noviembre la actividad se redujo -1,3%.
La utilización de la capacidad instalada se ubicó en 44%, uno de los niveles más bajos en términos históricos para el sector, según el informe.
La metalúrgica cumple un rol estratégico y transversal en la economía, al proveer insumos, bienes intermedios y bienes de capital necesarios para el funcionamiento de otras actividades productivas.
El empleo acompañó la dinámica negativa: el nivel de ocupación cayó -2,5% interanual, aunque permaneció estable respecto de noviembre. La Unión Obrera Metalúrgica (UOM) registró alrededor de 12.000 puestos de trabajo perdidos en 2025 entre despidos y retiros voluntarios.
Pablo González, secretario general de la UOM de Villa Constitución, informó que en Acindar se produjeron bajas de 480 empleados propios y aproximadamente 250 contratistas entre noviembre de 2023 y enero de 2026.
El análisis por actividades indica que siete de los ocho principales rubros metalúrgicos cerraron el año en descenso. Entre los más afectados aparecen fundición, autopartes, bienes de capital, equipos y aparatos eléctricos, y equipamiento médico. El único segmento con un leve repunte fue carrocerías y remolques, insuficiente para revertir la contracción general.
Por cadenas de valor, la caída es generalizada: se observan retrocesos importantes en consumo final, construcción y automotriz; incluso sectores vinculados a minería y petróleo y gas permanecen en terreno negativo.
En términos geográficos, Buenos Aires y Córdoba explicaron la mayor parte de la retracción, con descensos interanuales de -9,2% y -8,6% respectivamente. Santa Fe mostró una baja de -7,3%, mientras que Mendoza (-2%) y Entre Ríos (-1,6%) presentaron descensos más moderados. Esas cinco provincias concentran más del 90% de la producción metalúrgica nacional y todas registraron variaciones negativas en diciembre.
En comercio exterior, las importaciones de productos metalúrgicos continúan en aumento: crecen, en promedio, un 3,5% mensual y registraron una suba interanual de 18,9%. El incremento acumulado de las compras al exterior durante el año fue de 50,8%, en contraste con exportaciones estancadas.
“Las importaciones de productos metalúrgicos se encuentran en niveles históricamente altos y crecen, en promedio, a una tasa mensual del 3,5% (tomando como base mediados del 2024) en un contexto de caída de la producción local”, alertó ADIMRA.
Los principales orígenes de las importaciones fueron China, Brasil y Estados Unidos; los destinos de exportación más relevantes fueron Brasil, Estados Unidos y México.
En cuanto a expectativas empresariales, ocho de cada diez empresas no prevén mejoras en la producción para el primer trimestre de 2026.
Respecto de producción, demanda interna, utilización de la capacidad instalada e inversión, una proporción elevada de empresas anticipa cambios con un claro predominio de expectativas de caída, lo que sugiere una corrección generalizada en los principales determinantes de la actividad.
En materia de empleo predomina una actitud más cautelosa: la mayoría de las empresas no prevé modificaciones relevantes en el corto plazo, aunque entre las que sí esperan cambios predomina un sesgo negativo.
La demanda externa muestra un comportamiento relativamente más estable: son menos las empresas que anticipan variaciones y las expectativas de caída son más moderadas, sin señales de un impulso externo capaz de compensar la debilidad del mercado interno.


