Leonardo Cifelli recibe con una sonrisa en los jardines de la Casa Victoria Ocampo, sede del Fondo Nacional de las Artes, ubicada en Palermo Chico. Es enero y hay una pausa en la actividad que permite una conversación distendida. Cifelli, secretario de Cultura de la Nación, proviene del mundo del espectáculo y el teatro; es conversador, cuenta anécdotas y mantiene un tono de charla ameno.
Incluso utiliza la ironía al referirse a un tema central de su gestión: la representación de un gobierno que, según críticos del ámbito cultural, fue poco cercano al sector y cuya comunicación pública, encabezada por el presidente Javier Milei, habla de una “batalla cultural”. Esa retórica impacta directamente en su área: tras una reorganización, Cultura quedó bajo la Secretaría General de la Presidencia, a cargo de Karina Milei, es decir, en el núcleo del poder del actual gobierno.
—Asumiste en Cultura y, para una parte de la comunidad artística, eras parte de “los malos” que venían a recortar…
—Sí; el productor suele tener mala prensa en el teatro y la música: lo ven como el explotador, el que llega desde el espectáculo. Hubo comentarios despectivos, por ejemplo de Marcelo Gioffré, a quien propusieron para la Biblioteca Nacional. Tuve una charla telefónica con él y me pareció inadecuada la manera en que habló y me trató, así que no consideré apropiado nombrarlo. Hay quienes se quedan en roles de pseudointelectuales que hablan desde cafés como La Biela y están anclados en otra época.
—¿Sentías una mirada prejuiciosa hacia tu persona?
—En parte sí, al principio. Con los artistas plásticos pasó algo semejante: pensaron “este solo va a mirar al teatro”. Pero mi intención es atender a todo el sector. Tomamos medidas con Federico Sturzenegger sobre la normativa de entrada y salida de obras de arte al exterior, por ejemplo.
—Sturzenegger no tiene la mejor imagen en el sector, tampoco…
—A pesar de eso, muchos artistas plásticos le reconocen respeto a él y a mí. Volvimos de ARCO Madrid 2024, hablamos y nos pidieron ese cambio de normativa; gracias a la ley de Bases se pudo implementar. Tenemos una buena relación. También Diego Obligado, de Meridiano, me comentó en ArteBA que al principio fueron prejuiciosos conmigo y que ahora valoran el trabajo que estamos haciendo. Me destaca que atiendo a todos: vengo del teatro, hablo tanto con boleteros como con propietarios, y siempre hice eso.
—Han pasado dos años de tu gestión. ¿En algún momento te preguntaste “para qué me metí en esto”?
—No. El 2024, sobre todo los primeros ocho meses, demandó reorganizar muchos problemas administrativos y estructurales: edificios en mal estado, como el Borges, que encontramos muy deteriorado. Quiero reconocer el trabajo del arquitecto Alberto Negrín, cuya gestión público-privada permitió recuperar ese centro. El 2024 fue de ordenamiento, y en mi opinión 2025 fue un buen año para Cultura.
—Suena a lugar común de nuevas gestiones hablar de que encontraron “un desastre” dejado por sus antecesores. ¿Fue para tanto?
—Con el equipo fuimos resolviendo los problemas. Había un aire acondicionado roto en el Palacio Libertad que afectaba un piso y la Cúpula; en el Teatro Cervantes encontramos un telón que data del incendio de los años 60. En las últimas dos décadas se hizo poco. Hallamos acumulación de desidia. Visité museos, casas de la cultura y bibliotecas populares donde me decían que nadie había ido en años; muchas instituciones estaban muy politizadas.
—Todo es político, incluso la cultura.
—Sí. En el Palacio Libertad encontramos cartelería con la letra de la marcha peronista y un busto de Hebe de Bonafini; me pareció excesivo. Es un centro cultural, no una unidad básica.
—¿Cuánto de tu estilo de gestión atribuyes a tu forma de ser y cuánto a la impronta del gobierno?
—Nos alineamos con la definición de “batalla cultural” del gobierno. En lo personal, me considero un armador de equipos. He contado con Valeria Ambrosio en el Palacio Libertad, Gonzalo Demaría en el Cervantes y Alberto Negrín en el Borges; todos vienen de la gestión privada, no esperan todo de la Secretaría y trabajan extensamente. Les pido que moderemos el ritmo, pero no actúan como funcionarios que se retiran a las cinco de la tarde.
—Hablaste de “batalla cultural”; para esta administración es un concepto más amplio.
—Sí: también implica cambiar la costumbre de décadas en que muchas actividades dependían de subsidios estatales. Hay ejemplos en el pasado, como el INCAA, que según la crítica daba subsidios indiscriminados.
—Cuando el gobierno habla de “batalla cultural”, el presidente ha mencionado con frecuencia conceptos como “woke”.
—Sí, lo menciona; también aparecen referencias a la Agenda 2030.
—¿En Cultura también hay una batalla contra lo “woke”?
—Sí, en ese sentido. Antes, Cultura y otros ministerios financiaban muchas marchas. Había costos que pagaban los argentinos, con sonido y luces; se contrataba equipamiento para eventos que luego se usaba en la vía pública, por ejemplo en Plaza de Mayo para recitales.
—¿Cómo es tu relación con el presidente Javier Milei y con la secretaria general Karina Milei?
—Los conozco desde hace tiempo. La relación con ambos es buena. La gestión la llevo con Karina; una o dos veces por mes le informo sobre lo que hacemos. La conocí en marzo de 2023 y me ofreció la Secretaría de Cultura; presenté un plan de diez puntos. Tras las elecciones, me coordiné con planificación: yo armé la parte artística y otra persona la ejecutiva. Llegué a Cultura el 11 de diciembre con directores y parte del equipo; eso ayudó mucho.
Y una cosa más: valoré que nunca me dieron indicaciones sobre a quién contratar o despedir. Hubo polémicas, como la que mencionó Cecilia Roth sobre supuestas prohibiciones; sin embargo, en el Cervantes, por ejemplo, Leo Sbaraglia —que no comparte nuestras posiciones— está teniendo un gran éxito.
—Al margen, hubo cuestionamientos puntuales, por ejemplo sobre el Instituto Nacional del Teatro y la intención de cerrarlo.
—No se va a desarmar: el Instituto funciona. Federico Brunetti está como director ejecutivo y continúa otorgando créditos a tasa cero; ya hubo numerosos pedidos. Lo mismo sucede con el Fondo Nacional de las Artes. Circulan rumores de cierres, pero no cerramos nada. Me gustaría que se investigue más y que no se hable por hablar.
—No parece.
—Un productor y dueño de teatro me dijo: “La verdad, ya no hay más ruido”.
—Entonces, ¿crees que cambió la percepción del ambiente cultural respecto a la Secretaría?
—Hablo con todo el mundo; en el ambiente nos conocemos. Hay figuras con las que no coincido, como Pablo Echarri, pero eso no impide el diálogo. Me llaman muchas personas para consultar o plantear inquietudes.
—¿Te llaman para pedirte dinero?
—No; me consultan sobre el Instituto Nacional de Teatro, el INCAA y otros temas. Me parece bien que me llamen porque así puedo explicar las decisiones.
—¿Cuánto cambió tu vida en estos dos años?
—Mi vida cambió; no sé si para bien o para mal. No extraño mucho la vida del teatro, pero estoy cómodo en el cargo.
—Es bastante claro que el presidente irá por la reelección.
—Sí.
—Eso implicaría que seguirías si lo reeligieran.
—Acompañaré donde me necesiten, tanto él como Karina. Además, considero que el próximo jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires será de La Libertad Avanza; por ejemplo, Jorge Macri se interesó de golpe por temas de cultura.
—…
—Dijo que cree que Jorge Macri terminará superando a Gabriela Ricardes electoralmente.
[Fotos: Maximiliano Luna]


