Heated Rivalry, un drama canadiense sobre la relación secreta entre dos jugadores de hockey, ha tenido un éxito inesperado en Rusia. Resulta llamativo porque el país mantiene una fuerte censura sobre contenidos LGBTQ+ y la serie no está disponible en plataformas legales de streaming allí.
A pesar de esos obstáculos, miles de rusos han recurrido a vías alternativas para verla, lo que ha convertido a la serie en un símbolo de resistencia y en una muestra del deseo de representación de la comunidad queer en un entorno adverso, según informó The Washington Post.
Piratería y censura: el doble filo de la popularidad
Tras la invasión de Ucrania en 2022, muchas plataformas occidentales dejaron de operar en Rusia, y la combinación de aislamiento digital y leyes que clasifican al movimiento LGBTQ+ como extremista parecía impedir la difusión de una serie así. No obstante, la aplicación laxa de la normativa antipiratería permitió que la producción se difundiera por canales alternativos.
En Kinopoisk, el portal ruso similar a Rotten Tomatoes, la serie tiene una puntuación de 8,6, por encima de fenómenos globales como Game of Thrones y Breaking Bad. Esto indica que, pese al contexto represivo, existe una audiencia dispuesta a eludir las restricciones para consumir historias que reflejan su realidad o sus aspiraciones.
El éxito clandestino de la serie evidencia además una brecha generacional en las actitudes hacia la diversidad sexual. Datos recogidos por Vanity Fair muestran que más del 60% de las personas mayores de 55 años rechazan la igualdad de derechos para las personas LGBTQ+, mientras que un 55% de quienes tienen menos de 25 años apoyan el matrimonio igualitario y la inclusión.
Ese contraste generacional se traduce en el entusiasmo con que muchos jóvenes rusos han acogido la narrativa de Heated Rivalry.
Un reflejo de la experiencia queer rusa
La serie cuenta la relación entre Ilya Rozanov, un joven de la Rusia postsoviética, y Shane Hollander, su contraparte canadiense. Ilya representa los dilemas sobre la masculinidad y el temor a la exclusión que persisten en Rusia. En lugar de recurrir a estereotipos, la ficción muestra a sus protagonistas como personas complejas y vulnerables, lejos de las caricaturas que a veces circulan en otras producciones.
Su resonancia en el público ruso radica en la capacidad de retratar con autenticidad el conflicto interior que viven muchos jóvenes LGBTQ+: la necesidad de ocultarse, la doble vida necesaria para sobrevivir y el peso de una historia que llega hasta el periodo del gulag, cuando la homosexualidad implicaba marginación total. Esa herencia histórica sigue condicionando actitudes sociales.
El detalle de que Ilya lleve una cruz ortodoxa como recuerdo de su madre, más que como signo de fe, subraya la separación entre religiosidad y prejuicio en una sociedad donde el rechazo no siempre tiene base religiosa. Como señalan testimonios publicados en Vanity Fair, la homofobia en Rusia tiene raíces culturales y políticas que se han intensificado con campañas estatales que asocian la diversidad sexual con una supuesta decadencia occidental.
El poder de la representación
Ver Heated Rivalry en Rusia se ha transformado en un gesto de rebeldía y en una fuente de esperanza. Para muchos espectadores, acceder a la serie implica sortear restricciones legales y desafiar la narrativa oficial que equipara el activismo LGBTQ+ con el extremismo. Aun así, la respuesta del público ha sido mayoritariamente positiva: miles de mensajes de agradecimiento han llegado a quienes, desde el exilio, hablan abiertamente sobre su orientación.
La serie se ha convertido en un punto de encuentro simbólico para una generación que aspira a más libertad y representación. Muchos jóvenes reconocen en Ilya a alguien que intenta sobrevivir en un entorno hostil, pero que mantiene la esperanza de llevar una vida auténtica.


