11 de febrero de 2026
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Ejército nigeriano mata a 16 del Estado Islámico y libera a 11 rehenes en Borno

El Ejército de Nigeria llevó a cabo una operación militar en el estado de Borno, en el noreste del país, que resultó en la muerte de 16 miembros de un grupo armado vinculado al Estado Islámico en África Occidental.

La acción fue una respuesta a un ataque previo de milicianos contra una base militar en Auno, donde los agresores intentaron sin éxito tomar el puesto.

El 9 de febrero, fuerzas armadas, en coordinación con unidades civiles, lanzaron una ofensiva en la zona de Konduga y persiguieron a los presuntos combatientes hasta Gidan Kaji.

Durante el enfrentamiento, los militares abatieron a 16 insurgentes; otros se dispersaron, algunos con heridas. En el lugar se recuperaron una veintena de bicicletas, armas y una cantidad significativa de suministros logísticos.

En el mismo operativo fueron detenidas personas señaladas como proveedoras de recursos logísticos y drogas al grupo armado, que operaban en el eje de Bukarti, lo que impactó la capacidad operativa de la organización al privarla de recursos esenciales.

De forma paralela, el ejército rescató a 11 personas que permanecían secuestradas: nueve liberadas tras un llamado de auxilio en la carretera entre Chibok y Damboa y otras dos en la vía entre Buratai y Kamuya.

Las operaciones de rescate se desarrollaron mientras las fuerzas mantenían presión militar constante sobre los grupos armados en la región.

La violencia en el noreste de Nigeria está marcada por la actividad de Boko Haram y su escisión, el Estado Islámico en la Provincia de África Occidental (ISWAP).

Ambas organizaciones han perpetrado ataques contra civiles y objetivos militares desde 2009 y 2016, respectivamente, causando decenas de miles de muertos y millones de desplazados en Nigeria y en países vecinos como Camerún, Chad y Níger.

La ofensiva militar se intensificó después de ataques mortales a principios de semana contra un sitio en construcción y una base militar en el noreste. En los últimos años, la insurgencia ha ampliado su accionar más allá de las fronteras nigerianas, extendiendo su influencia en el norte del país y en regiones limítrofes.

Además de la insurgencia islamista en el noreste, Nigeria enfrenta un aumento de secuestros con fines de extorsión en el noroeste y el centro-norte, lo que ha provocado una persistente crisis de seguridad.

Las autoridades afirman que las operaciones buscan debilitar la estructura logística y operativa de los grupos armados y asegurar la liberación de civiles retenidos.

El conflicto armado y la inseguridad continúan afectando a la población civil, que sufre desplazamientos forzados y enfrenta el riesgo constante de ataques y secuestros en varias regiones del país.

(Con información de AP y EFE)

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