“Estamos en plena campaña Mochis, arrancan las clases”, relata Paula García, secretaria de la asociación civil que nació hace casi diez años y hoy acompaña a 800 chicos. La organización divide su trabajo entre la provincia de Buenos Aires —donde atiende a 400 niños— y la provincia de Misiones —con otros 400—, donde además colabora con comunidades guaraníes y mantiene vínculo con dos escuelitas rurales.
La iniciativa se concreta en la entrega de kits escolares diseñados para responder a las necesidades específicas de cada etapa educativa: jardín, primaria y secundaria. Cada kit se adapta al nivel formativo del niño o adolescente, procurando que cuenten con los elementos básicos para iniciar el ciclo escolar con las herramientas necesarias. Más allá del aporte material, la asociación procura acompañamiento continuo: seguimiento del alumno, apoyo para que la familia acceda a recursos y articulación con las escuelas locales para detectar necesidades puntuales.
La campaña, que se desarrolla especialmente al comenzar las clases, busca reducir las barreras de acceso que enfrentan muchas familias al inicio del ciclo escolar. En contextos rurales e indígenas, donde existen limitaciones geográficas y económicas, el impacto de un paquete de recursos puede ser mayor: facilita la asistencia regular, mejora la experiencia escolar y contribuye a que los estudiantes se integren con mayor facilidad en el ritmo de la escuela. La asociación ha consolidado prácticas de trabajo con las comunidades guaraníes que respetan sus identidades culturales y buscan una colaboración sostenible, no puntual.
A lo largo de casi una década, la organización ha ido ampliando su alcance y sistematizando los procesos logísticos: recolección y preparación de kits, coordinación con voluntarios y transporte hacia las localidades donde se entregan. El papel de referentes locales y docentes es clave para identificar a los beneficiarios y garantizar una distribución equitativa. Asimismo, la labor de la secretaría y del equipo voluntario es central para sostener la campaña año tras año.
Aunque el eje inicial es la provisión de materiales escolares, la asociación persigue un objetivo más amplio: promover condiciones que favorezcan la permanencia y el progreso educativo. Esto incluye fomentar vínculos entre las familias y las escuelas, impulsar prácticas de apoyo pedagógico y garantizar que el comienzo del ciclo lectivo no dependa exclusivamente de la capacidad económica de cada hogar.
En resumen, la campaña “Mochis, arrancan las clases” representa un esfuerzo organizado para acompañar a 800 estudiantes en distintas regiones del país mediante kits adaptados por etapa educativa y acciones de integración comunitaria, con una trayectoria cercana a los diez años de trabajo continuo.

