22 de febrero de 2026
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Microgravedad: impacto en el cerebro de los astronautas

Un estudio publicado en PNAS y comentado por Muy Interesante muestra que las estancias prolongadas en microgravedad provocan desplazamientos y deformaciones detectables en el cerebro de los astronautas.

Aplicando imágenes de resonancia magnética, los investigadores documentaron el movimiento del encéfalo dentro del cráneo tras vuelos espaciales largos. Estos hallazgos subrayan la necesidad de estudiar con detalle los efectos anatómicos y funcionales de misiones extendidas, especialmente de cara a expediciones a la Luna o Marte.

Un equipo analizó a 26 astronautas antes y después de sus misiones y comparó los resultados con simulaciones terrestres basadas en reposo en cama. El análisis empleó resonancias con precisión milimétrica para medir traslaciones y rotaciones del encéfalo, que se segmentó en 130 regiones anatómicas a fin de identificar deformaciones regionales.

Cambios anatómicos del cerebro en microgravedad

El estudio detectó alteraciones anatómicas que aparecen tras exposiciones prolongadas a la microgravedad: en promedio, el encéfalo se desplaza hacia arriba y hacia atrás dentro del cráneo después de los vuelos espaciales, y este patrón es más evidente cuanto mayor es la duración de la misión.

Como señalaron los autores a Muy Interesante, “observamos desplazamientos globales significativos del cerebro hacia arriba y hacia atrás dentro del cráneo desde antes hasta después del vuelo espacial”. Este efecto se acentúa con el tiempo de permanencia en microgravedad.

Las variaciones no son uniformes en todo el cerebro. La investigación muestra que, además del desplazamiento global, hay deformaciones regionales que pueden ser mucho mayores en determinadas zonas. Algunas áreas corticales superiores relacionadas con el control motor y sensorial se aproximaron hacia la línea media, mientras que regiones subcorticales registraron movimientos laterales.

Estas deformaciones implican tensiones biomecánicas en el tejido cerebral que no se presentan en condiciones de gravedad terrestre, y pueden pasar desapercibidas si solo se examinan promedios globales.

Efectos sobre el equilibrio y recuperación tras el retorno

Aunque las alteraciones anatómicas son evidentes con resonancia magnética avanzada, la mayoría de los astronautas no mostró problemas clínicos graves al regresar, según la cobertura de Muy Interesante. Sí se encontró una relación entre el desplazamiento de ciertas áreas y alteraciones temporales del equilibrio.

El estudio reporta que “un mayor desplazamiento de la ínsula posterior izquierda se asoció de forma significativa con mayores descensos en el rendimiento del equilibrio”. Los efectos sobre el control postural se observan al volver a la Tierra, pero suelen ser transitorios.

Los índices sensoriomotores tendieron a recuperar niveles cercanos a los previos en los meses posteriores al retorno. “Nuestros hallazgos no revelan riesgos inmediatos para la salud”, concluyeron los especialistas consultados por la revista.

El trabajo distingue entre desplazamiento global y deformaciones regionales: algunas áreas regresaron más rápido a su posición inicial, mientras que el desplazamiento hacia atrás persistió en algunos casos hasta medio año después del regreso.

Esto enfatiza la importancia de continuar evaluando la readaptación fisiológica de los astronautas y de desarrollar indicadores más precisos para monitorear la recuperación post-vuelo.

Diferencia frente a la ficción y especificidad del estudio

La cultura popular suele exagerar los riesgos de los viajes espaciales; por ejemplo, la serie The Good Doctor presentó un caso ficticio con complicaciones graves tras una misión prolongada. Relatos así pueden sobredimensionar los peligros reales.

La investigación en PNAS muestra una realidad más matizada: aunque se detectan cambios anatómicos mediante resonancia, no se observaron daños irreversibles ni cuadros clínicos graves en los astronautas estudiados, y en general hubo una notable capacidad de readaptación con el tiempo.

El artículo subraya la importancia de diferenciar entre dramatizaciones y resultados clínicos verificados. Además, la comparación con simulaciones terrestres como el reposo en cama indica que los patrones anatómicos específicos hallados solo se originan en la microgravedad espacial.

Por tanto, el estudio advierte contra la extrapolación exagerada de los hallazgos y contra confundir simulaciones terrestres con los efectos reales de las misiones orbitales.

Desafíos futuros en la exploración espacial y salud cerebral

Con la expansión de la exploración espacial y el turismo orbital, el reto será identificar medidas que protejan el cerebro durante misiones más largas. “Estos hallazgos son fundamentales para comprender los efectos de los vuelos espaciales sobre el cerebro y el comportamiento humanos”, señaló el equipo científico.

El estudio indica que los desplazamientos cerebrales aumentan en expediciones prolongadas, lo que obliga a desarrollar contramedidas y estrategias preventivas para misiones de mayor duración, como las previstas a Marte. La recuperación tras el regreso no siempre es completa en todas las regiones cerebrales.

La comparación con experimentos en Tierra revela factores adicionales que deben incorporarse en los programas de entrenamiento y readaptación fisiológica. Especialistas citados por la revista destacaron la utilidad de estos resultados para diseñar nuevos protocolos de seguimiento y protección cerebral para futuros astronautas.

Que algunos cambios estructurales persistan incluso medio año después del retorno confirma que los vuelos espaciales dejan marcas duraderas en la neuroanatomía humana y plantean desafíos continuos para la medicina espacial.

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