El despliegue militar de Estados Unidos en Medio Oriente ha alcanzado un nivel inusual de concentración, con indicios crecientes de preparación para una posible operación contra Irán. A 17 de febrero de 2026, la presencia estadounidense en la región muestra un refuerzo importante en capacidades aéreas, navales y antimisiles, con movimientos logísticos y operativos documentados por agencias y fuentes abiertas.
Irán se encuentra en el centro de esa acumulación: una red de bases, puertos y rutas aéreas controladas o utilizadas por fuerzas estadounidenses rodea al país. Desde mediados de enero se registraron alrededor de 160 vuelos de transporte C-17A hacia la zona para movilizar personal, equipos y material, una cifra que refleja la intensidad logística de la operación, según Reuters.
La movilización aérea incluye asimismo aproximadamente 18 vuelos de C-5M con carga pesada hacia Arabia Saudita, Catar y Yibuti, y la presencia de entre 20 y 22 aviones cisterna KC-135 y KC-46 para reabastecimiento en vuelo. También ha aumentado la frecuencia de vuelos de transporte táctico C-130H/J para apoyar la movilidad de tropas y equipos entre las bases regionales.
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El componente de inteligencia y guerra electrónica se ha reforzado: un RC-135 SIGINT opera desde Chania (Grecia) para interceptar comunicaciones; varios MC/HC-130J están desplegados entre la base Muwaffaq Salti (Jordania) y Diego García; y hay aviones EA-11A BACN en la base Prince Sultan (Arabia Saudita). Completan la capacidad de vigilancia dos WC-135R para detección nuclear y dos E-3 Sentry AWACS en Mildenhall (Reino Unido) para control aéreo avanzado.
En cuanto a la aviación de combate, la base Muwaffaq Salti aloja un número significativo de aeronaves de ataque y superioridad aérea —entre ellas F-15E y F-35A— además de aviones especializados en guerra electrónica. Cazas F-16 están desplegados en Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, y A-10 operan desde Jordania para apoyo aéreo cercano, incrementando las opciones operativas en la región.
Según The Washington Post, la presencia naval también se ha intensificado. El Grupo de Combate del USS Abraham Lincoln opera en el Mar Arábigo junto a destructores y otros buques, y el Grupo de Combate del USS Gerald R. Ford se encuentra desplegado con su escolta. Otros buques estadounidenses están posicionados en el Mediterráneo, el Golfo Pérsico y el Mar Rojo, y un submarino de la clase Ohio añade capacidad de disuasión con armas de largo alcance.
La defensa antimisiles es un componente clave: el CENTCOM trasladó al menos una batería adicional del sistema THAAD a Arabia Saudita o Catar, y múltiples baterías MIM-104 Patriot permanecen distribuidas en la región, protegiendo infraestructuras y posiciones aliadas y estadounidenses, informó The Wall Street Journal.
Fuentes en redes especializadas y en cuentas de defensa indicaron que más de 99 vuelos de C-17A y C-5M se realizaron exclusivamente para trasladar baterías de defensa aérea, lo que subraya el esfuerzo logístico para fortalecer la protección alrededor de posibles objetivos.
El despliegue se interpreta en el contexto de la disputa nuclear, los ataques de milicias proiraníes y el intercambio de advertencias entre Washington y Teherán. El gobierno estadounidense ha reiterado su compromiso con la seguridad de sus aliados y la protección de las rutas marítimas en el Golfo Pérsico, el Mar Rojo y el Mediterráneo oriental. Fuentes militares consultadas por Reuters señalan que los movimientos responden a evaluaciones de inteligencia que consideran posible la ocurrencia de incidentes que podrían escalar en confrontación directa.
Además de la potencia aérea y naval, la presencia de plataformas de inteligencia como el RC-135 y sensores nucleares WC-135R refleja un enfoque en la vigilancia de posibles movimientos de armas no convencionales. El refuerzo de capacidades de guerra electrónica con aviones especializados persigue mantener superioridad en el espectro electromagnético y proteger las comunicaciones aliadas frente a interferencias o ciberataques.
La operación cuenta con cooperación regional: gobiernos de la zona han autorizado el uso de bases y espacio aéreo, facilitando la proyección rápida de fuerzas y el abastecimiento. La red logística incluye instalaciones en Jordania, Arabia Saudita, Catar y Emiratos Árabes Unidos, entre otras, que articulan un corredor estratégico para el movimiento de tropas y material.
A pesar de la envergadura del despliegue, no se han anunciado públicamente objetivos concretos ni la duración de la misión. Fuentes citadas por The Wall Street Journal señalan que la acumulación de medios permite tanto operaciones de disuasión como la ejecución de una campaña militar amplia, si fuera necesario. El monitoreo internacional continúa mientras la tensión sigue alta y persisten incertidumbres sobre la evolución del escenario regional.
El régimen iraní eleva la tensión
Irán aumentó la tensión al probar un nuevo misil naval de defensa aérea de largo alcance, el Sayyad-3G, durante maniobras de la Armada de la Guardia Revolucionaria en el estrecho de Ormuz, según medios iraníes. La prueba se presentó como parte de ejercicios denominados “Control Inteligente del Estrecho de Ormuz”.
Según las autoridades iraníes, el Sayyad-3G fue lanzado desde el buque Shahid Sayyad Shirazi y tendría un alcance de hasta 150 kilómetros, lo que, en su descripción, permite establecer un perímetro defensivo alrededor de la nave para interceptar cazas, drones de gran altitud, aviones de patrulla marítima, aeronaves de apoyo y ciertos misiles de crucero.
Las fuentes iraníes indicaron que el sistema emplea lanzadores verticales (VLS), lo que aporta cobertura de 360 grados, reduce tiempos de reacción y permite lanzamientos sucesivos frente a ataques múltiples. Las maniobras se produjeron en un momento de mayor tensión bilateral y de reanudación de negociaciones sobre el programa nuclear iraní.
El anuncio de la prueba coincidió con advertencias del presidente estadounidense, que señaló que consideraba ataques limitados contra Irán como herramienta de presión para asegurar un acuerdo nuclear que, en la postura de Washington, incluya restricciones sobre misiles balísticos iraníes —una demanda que Teherán rechaza—.
El presidente estadounidense mencionó un plazo de 10 a 15 días para la firma de un pacto, tras rondas de negociaciones indirectas mediadas por Omán celebradas en Mascate y Ginebra los días 6 y 17 de febrero. En la última reunión en Ginebra, Irán dijo haber alcanzado un consenso sobre “principios rectores” para un acuerdo, mientras que Estados Unidos señaló avances pero afirmó que Irán aún no acepta las líneas rojas planteadas por Washington.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, declaró que en los próximos días presentaría un borrador de posible acuerdo, y advirtió que si Estados Unidos recurre al “lenguaje de la fuerza”, Irán responderá de la misma manera.
Medios internacionales como CNN y The New York Times informaron que el ejército estadounidense está preparado para atacar Irán de forma inminente, a la espera de autorización presidencial. También se recordó que en junio pasado, durante un conflicto de 12 días entre Irán e Israel, se produjeron bombardeos sobre instalaciones iraníes, contexto citado en los informes sobre la actual escalada.

