El ministro de Exteriores libanés, Youssef Raggi, instó este martes a Hezbollah a no implicarse en un enfrentamiento armado entre Estados Unidos e Irán y advirtió de que la intervención del grupo podría provocar represalias israelíes contra infraestructuras civiles que Israel se había abstenido de atacar en la última guerra, entre ellas el aeropuerto internacional de Beirut.
“Hemos recibido advertencias que indican que cualquier intervención por su parte podría incitar a Israel a golpear infraestructuras, y estamos utilizando todos los medios disponibles para evitarlo”, escribió Raggi en X, declaraciones que reiteró en Ginebra, donde participa en la sesión anual del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Añadió que espera que Hezbollah evite emprender “una nueva aventura” que condene al Líbano a más destrucción.
El trasfondo son el notable despliegue militar de Estados Unidos en la región y la posibilidad de opciones militares contra Irán si fracasan las negociaciones nucleares. Washington ha enviado un segundo portaaviones y reforzado su presencia aérea; Irán advirtió que respondería “ferozmente” ante cualquier ataque. Además, el Departamento de Estado ordenó la salida del personal diplomático no esencial de la embajada en Beirut, señal de una percepción elevada de riesgo.
Raggi subrayó que Beirut busca también el apoyo de sus socios occidentales para presionar a Israel a evitar ataques contra infraestructuras civiles libanesas incluso si Hezbollah decide actuar. “Esta guerra no nos concierne”, declaró según la AFP. La postura refleja el delicado equilibrio del Gobierno libanés: se ha comprometido a desarmar a Hezbollah, pero no controla sus decisiones militares.
El líder adjunto de Hezbollah, Naim Qassem, dejó claro en enero que cualquier ataque contra Irán sería considerado también un ataque contra el movimiento. “No somos neutrales”, afirmó, y señaló que el grupo decidiría “en su momento” si interviene. Según el Times of Israel, la Guardia Revolucionaria iraní ha reforzado recientemente su presencia operativa dentro de Hezbollah ante la posibilidad de un conflicto con Estados Unidos e Israel.
Hay un precedente relevante: en la guerra de 2023-2024, con cerca de 4.000 muertos en Líbano, Israel no atacó el aeropuerto de Beirut ni otras infraestructuras estratégicas, una contención que no se observó en 2006, cuando sí se bombardearon. Las advertencias actuales apuntan a que esa contención podría no repetirse en una escalada regional.
Mientras tanto, el Ejército libanés avanza con lentitud en el desmantelamiento de posiciones de Hezbollah al sur del río Litani, conforme al alto el fuego de noviembre de 2024; en enero completó la primera fase, pero Israel lo considera insuficiente y mantiene bombardeos casi diarios, alegando intentos de reconstitución de Hezbollah. Ataques recientes mataron a ocho combatientes del grupo, según su propio reconocimiento. En El Cairo se celebró una reunión preparatoria de la conferencia de París de marzo para reforzar al Ejército libanés; Egipto pidió apoyo internacional para que el Estado libanés tenga el monopolio de las armas. El llamado de Raggi a Hezbollah funciona tanto como advertencia pública como señal a aliados regionales: el Líbano no quiere ni puede convertirse en el escenario de una guerra que no inició.

