El Gobierno de Japón informó este miércoles sobre la detención de un ciudadano japonés en Teherán, a mediados de enero, y exigió con firmeza a las autoridades iraníes su liberación.
El subsecretario del gabinete, Masanao Ozaki, explicó en una rueda de prensa que el arresto ocurrió el 20 de enero, pero no ofreció más detalles sobre las circunstancias ni la identidad del detenido para resguardar su seguridad.
Ozaki afirmó que, una vez conocida la detención, el Gobierno pidió insistentemente a la parte iraní que lo ponga en libertad lo antes posible. Añadió que mantienen contacto con el detenido, su familia y otras partes relacionadas, y que brindan el apoyo necesario, con el objetivo de ofrecer la máxima asistencia posible desde la perspectiva de protección de los ciudadanos japoneses.
Las declaraciones respondían a informaciones de Iran International que señalaban que el detenido sería un periodista de NHK. La cadena pública japonesa se limitó a decir que prioriza la seguridad de su personal y que no podía dar más detalles en ese momento.
Además, Radio Free Europe/Radio Liberty informó que el jefe de la oficina de NHK en Irán, Shinnosuke Kawashima, habría sido arrestado en Teherán y trasladado a la prisión de Evin, conocida por alojar a presos políticos en la capital iraní.
Nuevas protestas contra la cúpula iraní
En Teherán, estudiantes de varias universidades llevaron a cabo nuevas protestas el lunes pasado contra el régimen, en la tercera jornada consecutiva de movilizaciones tras la represión de enero que, según diversas fuentes, dejó miles de muertos.
Testigos y videos verificados muestran que las movilizaciones se desarrollaron en la Universidad de Sharif, la Universidad de Teherán y Al-Zahra; allí los jóvenes entonaron consignas contra los ayatolás, exhibieron banderas del exmonarca Reza Pahlavi y, en algunos casos, se enfrentaron con miembros de la fuerza paramilitar Basij.
En Al-Zahra, estudiantes y docentes se reunieron para expresar apoyo a la monarquía exiliada y reclamar derechos civiles y libertades políticas, con gritos como “¡Queremos recuperar Irán, basta de opresión!”. En ese campus se registraron actos simbólicos como la quema de banderas del régimen y la colocación de pancartas a favor de la monarquía.
“Es nuestra responsabilidad levantar la voz, aunque nos amenacen con detenciones”, declaró una estudiante que pidió mantener el anonimato por seguridad.
En la Universidad de Sharif, los estudiantes se concentraron frente a la cafetería principal ondeando una bandera con el emblema del león y el sol y entonando la consigna “Mujer, vida, libertad”, presente también en las protestas de 2022.
En la Universidad de Teherán, la protesta surgió durante un homenaje a un estudiante fallecido en manifestaciones anteriores. Los asistentes corearon consignas contra el líder supremo, Ali Khamenei, y pidieron la caída del régimen. En ese recinto las autoridades no intervinieron, aunque en otros campus se produjeron enfrentamientos aislados con miembros de la Basij que intentaron dispersar a los manifestantes.
La Agencia de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos, informó que al menos 7.015 personas han muerto, entre ellas 214 miembros de las fuerzas de seguridad. Las autoridades iraníes reconocen 3.117 víctimas. Las restricciones en las comunicaciones dificultan la verificación independiente de estas cifras.
(Con información de Europa Press)

