La aparición de una cría de tortuga boba (Caretta caretta) en la costa sur de Nueva Gales del Sur alertó a biólogos marinos australianos sobre el efecto del aumento sostenido de la temperatura oceánica en los hábitats y rutas migratorias de especies en riesgo, que ahora se internan en áreas inesperadas.
El rescate del ejemplar, llamado Bulwal Bilima —“tortuga fuerte” en dhurga, la lengua del pueblo Yuin de esa región— puso en evidencia los retos que enfrentan los especialistas para prever el futuro de la biodiversidad marina.
El avance de aguas cálidas asociadas a la Corriente del Este de Australia ha llevado a animales como la tortuga boba mucho más al sur de lo que registraban hasta ahora las investigaciones, según reportó The Guardian.
El caso de Bulwal Bilima y el desplazamiento de especies por el cambio climático
En abril del año pasado, una cría de tortuga boba de apenas 110 gramos fue encontrada varada y en estado crítico en el Parque Nacional Booderee, un área protegida de la costa sur australiana. Presentaba depresión, deshidratación y un cuadro severo de estreñimiento. Su rescate y rehabilitación en el zoológico Taronga de Sídney, el principal centro australiano para fauna marina, evidenciaron una tendencia preocupante: ejemplares que solían permanecer en aguas más cálidas de Queensland están empezando a aparecer en latitudes mucho más australes.
Durante el invierno, los veterinarios la mantuvieron en piscinas con temperatura controlada porque las aguas costeras seguían siendo demasiado frías para que recuperara su actividad metabólica por sí sola. Tras meses de cuidados, alimentación con calamares y sardinas y suministro de vitaminas, la tortuga se recuperó. En febrero pasó una evaluación exhaustiva de salud y fue liberada en la isla Lord Howe, a unos 700 km al noreste de Sídney, con un emisor satelital fijado al caparazón.
El seguimiento inicial fue incierto: el transmisor funcionó con normalidad los primeros dos días y luego dejó de emitir. Kimberly Vinette Herrin, zoóloga responsable de su rehabilitación y liberación, contó que al día siguiente la señal reapareció; el rastro mostró que la tortuga había nadado hacia el norte y luego empezó a regresar, lo que sugiere que aprende a desplazarse siguiendo la corriente.
Nuevas estrategias de conservación ante aguas en transformación
En Taronga han intensificado el uso de marcaje satelital en tiempo real para monitorear tortugas. Actualmente siguen 21 individuos en la costa de Nueva Gales del Sur: 16 verdes, tres bobas y dos carey. Esta labor requiere adaptar técnicas porque la captura y el marcaje en aguas sureñas, más profundas y de baja visibilidad, es más compleja.
Phoebe Meagher, oficial de conservación del zoológico, explicó que han aprovechado el comportamiento natural de descanso de las tortugas para reducir el estrés durante la captura. Si una tortuga descansa bajo una cornisa y se la manipula en ese momento, la captura resulta menos invasiva porque el animal está somnoliento.
Para individuos más grandes, el equipo emplea redes de malla sujetas a la embarcación, deslizando el dispositivo por debajo del animal para izarlo con cuidado a bordo.
El propósito del monitoreo es anticipar no solo la expansión de especies sino también cambios en los corredores migratorios y en las futuras zonas que podrían necesitar protección. Hasta hace poco, los mapas oficiales del gobierno australiano sobre áreas biológicamente importantes no registraban tortugas en Nueva Gales del Sur, lo que subraya la necesidad de nuevos sistemas de seguimiento y toma de decisiones para la conservación, según Meagher.
Impactos ecológicos y riesgos para la especie
La tortuga boba es una de las siete especies de tortugas marinas reconocidas globalmente. Puede vivir hasta 80 años, medir hasta 1,2 metros y pesar alrededor de 180 kg. Por su sensibilidad a cambios ambientales, las tortugas son consideradas indicadores del impacto del cambio climático.
Una de las mayores vulnerabilidades de la tortuga boba es que la temperatura del ambiente influye en el sexo de las crías: arenas más frías favorecen la aparición de machos, mientras que arenas más cálidas producen hembras. El desplazamiento hacia el sur puede alterar estas proporciones y, en casos extremos, afectar la supervivencia de las crías, lo que señala desequilibrios importantes en los ecosistemas marinos. Como indicó Meagher, la pregunta crucial ya no es tanto “dónde viven las tortugas hoy”, sino “dónde vivirán mañana”.
Corrientes marinas más intensas, como la del Este de Australia, pueden cambiar la idoneidad de los hábitats, aumentar el riesgo de enfermedades y trasladar a las tortugas a áreas con mayor presencia humana. Herrin señaló que han observado un aumento de lesiones por enredos en cuerdas de pesca, colisiones con embarcaciones e ingestión de plásticos. Los enredos pueden causar amputaciones y heridas graves, y los desplazamientos exponen a las tortugas a patógenos nuevos.
Durante la rehabilitación en Taronga, los expertos monitorearon constantemente las temperaturas del mar y la disponibilidad de alimento alrededor de la isla Lord Howe por su proximidad a la Corriente del Este de Australia. Herrin explicó que buscan temperaturas por encima de 20 °C para aumentar las probabilidades de supervivencia de los animales.
Cada liberación y seguimiento aporta datos esenciales para comprender los cambios en el océano. Al describir la experiencia de liberar a Bulwal Bilima, Herrin señaló que cuando la tortuga nada sin mirar atrás es la mejor señal de que los cuidados fueron adecuados: es la forma más clara de agradecimiento.

