Desde las primeras horas de la mañana, alrededor de las seis, grupos de estudiantes se congregaron en un espacio público para celebrar el inicio de su último año de secundaria. La jornada estuvo marcada por música, espuma, banderas, bailes y saltos; los jóvenes compartieron el momento entre risas y abrazos antes de dirigirse a sus respectivas instituciones educativas.
La celebración está vinculada a una tradición conocida como UPD, que consiste en una reunión o fiesta organizada por los propios estudiantes la noche anterior al primer día de clases. Esa vigilia nocturna se complementa con un festejo matutino: antes de ingresar al colegio, los alumnos se encuentran en un punto de encuentro para continuar la celebración junto a compañeros de curso y también con jóvenes de otros establecimientos. De este modo, la conmemoración se divide entre la previa nocturna y el encuentro diurno que antecede a la jornada escolar.
La atmósfera durante estas reuniones suele ser festiva y comunitaria. Los participantes llevan elementos distintivos como banderas que identifican a su curso o colegio, y utilizan música y coreografías para animar el ambiente. La espuma, los cantos y los saltos funcionan como recursos simbólicos que subrayan el carácter festivo del paso a un nuevo ciclo académico. Más allá de la algarabía, el evento cumple una función social: permite a los estudiantes afianzar lazos, despedirse de etapas previas y afrontar juntos la experiencia del último año de secundaria.
Aunque la esencia de la tradición es la celebración entre pares, la forma en que se desarrolla varía según el grupo y el lugar. Algunos optan por encuentros tranquilos y organizados, mientras que otros privilegian expresiones más ruidosas o multitudinarias. En todos los casos, la coordinación entre los jóvenes es central: se eligen puntos de encuentro, horarios y maneras de movilizarse hacia las escuelas para llegar a tiempo al comienzo de las clases.
Tras la convivencia matutina, los estudiantes se dirigieron a sus colegios para iniciar formalmente el ciclo lectivo. La continuidad entre la fiesta previa y la llegada al establecimiento evidencia que, para muchos, el UPD es tanto un ritual simbólico como un acontecimiento colectivo que marca el comienzo de una etapa académica decisiva. En conjunto, estas celebraciones reflejan la importancia que tienen los rituales compartidos en la vida escolar y cómo, mediante el festejo, los jóvenes consolidan su identidad grupal y su sentido de pertenencia en un momento de tránsito.

