La 98.a edición de los Premios Oscar, celebrada el domingo en el Dolby Theatre de Hollywood y conducida por Conan O’Brien, reunió momentos destacados tanto artísticos como políticos, además de reencuentros entre figuras conocidas de la industria.
Uno de los hechos más llamativos fue un empate en la categoría de mejor cortometraje de acción real. Kumail Nanjiani, al anunciar la premiación, sorprendió al público al confirmar que había dos ganadores y que ambos subirían al escenario, una resolución poco habitual en la historia de los galardones.
La ceremonia se distinguió por la presencia de caras familiares y por el uso del humor como herramienta crítica. Conan O’Brien inició la gala con un monólogo en el que abordó asuntos políticos y temas que, según él mismo había señalado en entrevistas previas, iban más allá del tono inicialmente previsto.
Entre los blancos de sus chistes estuvieron controversias relacionadas con Timothée Chalamet en ballet y ópera, comentarios sobre Sean Penn y Ted Sarandos, alusiones a la falta de detenciones en el caso de los archivos de Jeffrey Epstein, críticas al sistema sanitario estadounidense y observaciones sobre las estrategias mediáticas de la derecha, finalizando con una referencia a la tensión internacional por la guerra en Irán.
Otros presentadores también recurrieron a la sátira política. Jimmy Kimmel, que ha sido anfitrión en varias ocasiones, entregó premios y aprovechó para lanzar comentarios sobre el expresidente Donald Trump, el documental sobre Melania Trump disponible en Amazon y la cadena CBS, combinando el humor con expresiones de respeto hacia la categoría de documentales.
De ‘Los vengadores’ a ‘Bridesmaids’
La ceremonia ofreció momentos de carácter colectivo al reunir a protagonistas de producciones emblemáticas. Robert Downey Jr. y Chris Evans aparecieron juntos para entregar los premios a mejor guion adaptado y mejor guion original, galardones que recayeron respectivamente en Paul Thomas Anderson por Una batalla tras otra y en Ryan Coogler por Los pecadores. Evans recordó además que pronto se cumplirán catorce años del estreno de la primera película de la saga de Marvel.
El reencuentro del reparto de La boda de mi mejor amiga generó una ovación. Kristen Wiig, Maya Rudolph, Melissa McCarthy, Rose Byrne y Ellie Kemper subieron al escenario quince años después del estreno de la película, en un momento que coincidió con la nominación de Rose Byrne a mejor actriz por Si pudiera, te daría una patada. En la velada también estuvieron presentes Conan O’Brien, que tuvo un papel en esa película, y Paul Thomas Anderson, pareja de Maya Rudolph y nominado por su trabajo.
El bloque musical se destacó por la variedad estilística y la puesta en escena. Miles Caton, Raphael Saadiq y el elenco de Los pecadores inauguraron las actuaciones con I Lied to You, en una presentación que recreó elementos de la película y recorrió sonidos de distintas épocas y procedencias.
Otra actuación relevante fue la de Huntrix, EJAE, Rei Ami y Audrey Nuna con el tema Golden, de la película Las guerreras del K-Pop. La puesta en escena incluyó una representación en hanbok coreano, el uso del llamado “Hunter’s Mantra” como preludio y la participación del público con los característicos light sticks del K-Pop.
Discursos y reivindicaciones políticas
Aunque la mayoría de ganadores y presentadores mantuvo un tono alejado de la política, algunos aprovecharon su intervención para lanzar mensajes sociales y pacifistas.
El actor Javier Bardem, al anunciar el Oscar a la mejor película internacional entregado a Valor sentimental, subió al escenario con una insignia contra la guerra de Irak de 2003 y pronunció: “No a la guerra y libertad para Palestina.” Al recibir el premio, el director Joachim Trier cerró su discurso con una cita de James Baldwin, subrayando la responsabilidad colectiva hacia la infancia y llamando a no apoyar a políticos que no consideren esa responsabilidad.
La noche también incluyó referencias a la historia de la moda y la cultura popular. Anna Wintour, exdirectora de Vogue y actual responsable editorial en Condé Nast, apareció junto a Anne Hathaway para entregar los premios a mejor diseño de vestuario y mejor maquillaje y peluquería, recordando así su vínculo con la novela El diablo viste de Prada, inspirada en su figura y adaptada al cine con Hathaway como protagonista.



