31 de marzo de 2026
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Oportunidad geopolítica y tres impactos de la guerra en la economía argentina

La prolongación y profundización del conflicto en Medio Oriente —que además del elevado costo humano y la reducción del tráfico por el Estrecho de Ormuz ha provocado daños en infraestructuras clave del gas, el petróleo y sus derivados— está afectando de modo adverso a la economía global y a la economía argentina.

A la vez, la existencia de grandes reservas en Vaca Muerta, una cosecha récord de materias primas agrícolas y proyectos de inversión en minería aumentan el atractivo de la Argentina como proveedor alternativo para regiones afectadas por la crisis.

“La clave es el tipo de infraestructura atacada. En Qatar, misiles alcanzaron Ras Laffan, el mayor nodo exportador de GNL, y en Irán se han registrado ataques a instalaciones gasíferas. Ya no se apunta solo a objetivos militares sino al corazón del sistema energético. Esto puede provocar desabastecimiento, racionamiento industrial, presión sobre la generación eléctrica y una carrera entre compradores por asegurarse cargamentos spot. La seguridad energética mundial requiere, además de renovables, diversificar el origen de los hidrocarburos, sobre todo del gas. En ese contexto Vaca Muerta no solo es relevante por su escala: ofrece la posibilidad de sumar oferta desde una geografía relativamente alejada de los principales focos de conflicto”, explicó Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral.

Lo mismo aplica a las materias primas agrícolas y a los productos derivados del gas y del petróleo —fertilizantes, polímeros, plásticos, amoníaco y compuestos usados en la refinación de metales como cobre, cobalto y níquel—, insumos relevantes para la transición energética y la infraestructura de inteligencia artificial.

En el corto plazo, tres canales ejercen un impacto negativo sobre la economía local, que además arrastra problemas domésticos preexistentes.

1. Macroeconómico

El primer canal es macroeconómico. El conflicto reafirma al gas como factor de competitividad para industrias intensivas en energía y subraya el rol potencial del país como proveedor confiable de energía y minerales. Sin embargo, gran parte de esas ventajas están todavía en fase de desarrollo, no en fase de cosecha, observó Jorge Vasconcelos, economista jefe del Ieral de Fundación Mediterránea.

Vasconcelos añadió que, si el conflicto se prolonga y la economía mundial entra en estanflación, los mercados de capital serán más adversos al riesgo, lo que complicaría la refinanciación de deuda de la Argentina. Para que el país pueda crecer sostenidamente y reducir la brecha entre sectores, es esencial despejar el horizonte de financiamiento externo.

Si predomina una baja sostenida del índice de riesgo país, podrían entrar capitales para financiar el déficit de cuenta corriente sin cambios bruscos en los precios relativos, señaló Vasconcelos. Si no, el ajuste vendría por devaluación. Un riesgo país elevado y rendimientos altos de bonos de referencia exigen tasas locales altas; ante expectativas de devaluación, esas tasas subirían aún más, lo que es negativo en un contexto de mora crediticia elevada.

El diagnóstico es compartido por la consultora Econviews: la Argentina sigue siendo un activo de alto riesgo (“high beta”) y el entorno internacional se volvió más hostil debido a la guerra.

Econviews

Econviews añade que la débil posición de reservas es un factor central: gran parte de las compras del BCRA se destina al servicio de deuda. Una emisión internacional podría ayudar a bajar el índice de riesgo, pero esa posibilidad se percibe como algo para más adelante, según comentarios de referentes del sector.

2. Fertilizantes más caros

El segundo canal afecta la producción agrícola esta y próximas campañas, principalmente por el encarecimiento y la disponibilidad de fertilizantes, especialmente la urea, un insumo nitrogenado clave para trigo y maíz. En 2025 la Argentina registró uno de los niveles más altos de uso de fertilizantes del siglo, según la Bolsa de Comercio de Rosario.

Bolsa de Comercio de Rosario

Según datos del Indec citados en ese informe, el país importó 4,1 millones de toneladas de fertilizantes en 2025, de las cuales 2,1 millones correspondieron a urea. Casi el 40% de los fertilizantes nitrogenados que ingresa proviene de Medio Oriente.

Tras el inicio del conflicto, el precio de la urea en orígenes relevantes se incrementó hasta un 42%. En la primera semana del conflicto el precio FOB en Medio Oriente subió desde USD 483 a USD 685 por tonelada y, a las semanas, las cotizaciones se mantuvieron en esos niveles más altos.

Imagen o gráfico relacionado.

Javier Preciado Patiño, director del Reporte Institucional Agropecuario (RIA), explicó que el 80% de la urea importada llega entre junio y octubre y que, desde que se decide una compra hasta la llegada del fertilizante transcurren aproximadamente 60 días. Por ello, para que la urea llegue a comienzos de junio, dijo, la decisión de compra debe tomarse antes de fin de marzo.

Javier Preciado Patiño (RIA Consultores)

Preciado Patiño planteó dos escenarios: que los grandes importadores confirmen pronto operaciones a los precios actuales, asumiendo que la urea se mantendrá cara y que la relación insumo/producto mejore; o que apuesten a una normalización de precios, algo que por los daños a infraestructura parece cada vez menos probable. Para él, el primer escenario es el más factible.

Además, China ha limitado exportaciones de urea para proteger su mercado interno y Brasil, uno de los mayores demandantes, necesita insumos para su campaña, lo que intensifica la presión sobre los suministros globales. En la Argentina, si el productor fertiliza menos por los precios, el efecto puede compensarse parcialmente si el clima es favorable; también puede inducir cambios de cultivo hacia opciones que requieren menos urea, como soja o girasol.

La ampliación de la producción local, por ejemplo en la planta de Profertil en Bahía Blanca, enfrenta límites vinculados a la capacidad de transporte de gas desde Vaca Muerta, advirtió Carnicer. Mientras Argentina y Brasil consumen en conjunto unas 10 millones de toneladas de urea al año, la producción local apenas alcanza alrededor de 1,3 millones de toneladas, según datos citados por actores del sector.

Bosch

Mariano Bosch, presidente de Adecoagro, señaló que existe una gran oportunidad para aumentar la producción doméstica, pero que eso exige proyectos con costos competitivos frente a orígenes con gas barato, como Qatar o determinados países africanos. Para que una planta nueva o ampliada sea “súper eficiente” hace falta completar la ingeniería, inversiones significativas —en el orden de miles de millones de dólares— y varios años de construcción. Esos plazos y montos condicionan la posibilidad de respuesta rápida ante shocks internacionales.

El aumento de los precios de fertilizantes ya elevó la relación insumo/producto para trigo y maíz y generó una reacción de compra limitada: la demanda mostró signos de actividad breves que se extinguieron ante la inestabilidad internacional. Si un gran importador como India entra en pánico y busca cubrir déficits mediante compras masivas, las cotizaciones podrían escalar aún más, complicando la situación para la Argentina.

3. Fletes como anclas

El tercer canal es el costo logístico. Las tarifas de flete marítimo se incrementaron de forma directa —se observan alzas entre 40% y 50% en rutas y servicios—, lo que encarece la salida de exportaciones y actúa como un ancla para los precios externos de los productos argentinos, explicó Matías Contardi, analista de la Bolsa de Cereales de Rosario.

Imagen o gráfico relacionado.

Contardi señaló que, aun con una campaña récord prevista de producción, el país consume una parte relativamente pequeña de esa oferta internamente. Cuando el flete sube, el precio de exportación que llega al mercado local también quedan afectados y, junto con el encarecimiento de insumos como la urea y el fosfato monoamónico, reducen márgenes. Menores márgenes pueden traducirse en menos inversión en tecnología y fertilizantes y mayor exposición a riesgos climáticos y productivos.

En suma, la guerra en Medio Oriente está amplificando riesgos sobre financiamiento, costos de insumos y logística, tres frentes que condicionan el corto plazo de la economía argentina pese a sus oportunidades estructurales en energía, agricultura y minería.

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