La morosidad crediticia de los hogares, que se cuadruplicó en el último año y llegó al 10,6% en enero según el Banco Central (BCRA), habría empeorado entre febrero y marzo.
Una encuesta privada de marzo indica que el 56,4% de los hogares contrajo deuda y que más de la mitad de las familias no llega con ingresos hasta el día 20 de cada mes.
El Monitor de Opinión Pública (MOP) de la consultora Zentrix muestra las principales razones del endeudamiento: 26,2% para cubrir gastos cotidianos, 19,9% para pagar tarjetas de crédito, 18,9% para saldar otras deudas, 6,6% para pagar servicios, 5,2% para alquiler o vivienda y 3,9% para gastos de salud. En conjunto, la dinámica de la deuda y necesidades básicas explican más del 80% de los motivos para endeudarse.
El crédito como salvavida
“Así, el endeudamiento familiar se transforma: de instrumento financiero a mecanismo de subsistencia”, señala el informe.
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El endeudamiento responde al deterioro de los ingresos: el 56,4% tomó crédito en los últimos seis meses y, dentro de ese grupo, casi nueve de cada diez ya tienen dificultades para pagarlo. Además, el 83,9% de los encuestados afirmó que su salario no le gana a la inflación.
La tendencia no es un hecho aislado sino parte de una percepción social más amplia de fragilidad. Más del 53% se autoidentifica como clase baja, no solo como etiqueta sino como experiencia económica concreta, y cerca de seis de cada diez consideran que la situación del país es mala o muy mala.
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En ese contexto, las decisiones económicas se ajustan a una lógica defensiva: priman mantener niveles mínimos de consumo por encima de buscar mejoras de ingreso o ahorro.
Deterioro salarial
La deuda deja de ser excepcional y pasa a ser un recurso recurrente para compensar la pérdida de poder adquisitivo, con el costo de generar dificultades crecientes para su pago.
Según el Monitor, los problemas de repago —que explican el aumento de la morosidad registrado por el BCRA— ya no son temporales, sino que reflejan que el endeudamiento está funcionando como sustituto del ingreso.
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El informe describe un mecanismo de ajuste en cuatro etapas: caída del poder adquisitivo; dificultad para sostener el consumo mensual; recurso al endeudamiento para cubrir la brecha; y creciente incapacidad para cumplir con esas obligaciones. El fenómeno no es marginal sino mayoritario y, aunque temporalmente equilibrador, tiene efectos financieros y sociales: la vulnerabilidad deja de ser transitoria y empieza a condicionar las decisiones diarias de una parte significativa de la población.
La brecha entre situación y los datos
La encuesta también revela una creciente desconfianza sobre la capacidad de las estadísticas oficiales para reflejar la economía real: en marzo, el 65,8% consideró que el dato de inflación publicado por el Indec no refleja la inflación que perciben en su vida cotidiana.
No se trata solo de una discusión técnica: cuando el 83,9% afirma que su salario no le gana a la inflación, la percepción social contrapone de manera directa el dato oficial con la experiencia en el bolsillo.
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Zentrix concluye que solo el 28,7% de los encuestados consideró su situación económica personal “buena” o “muy buena” (frente al 39% en enero), un 31,8% la definió como “regular” y el 40,1% como “mala” o “muy mala” (subiendo desde 31% en enero).
El trabajo también registra un deterioro político: la aprobación del gobierno cayó a 28,5% frente a una desaprobación del 53,3%. La imagen positiva del presidente Javier Milei descendió del 47% en enero al 40,3% en marzo, mientras que la negativa aumentó del 46% al 51%.
El Monitor de marzo incluyó 1.198 casos válidos con cobertura nacional y tiene un margen de error teórico de ±2,83%.



