25 de marzo de 2026
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Reapertura del estrecho de Ormuz: riesgos y lecciones

Cada día que el estrecho de Ormuz permanece prácticamente cerrado al tráfico marítimo perjudica aún más a la economía global.

Es poco probable que el tránsito vuelva a la normalidad mientras dure la guerra. Y cuando el conflicto finalice, no hay certeza sobre cuándo ni con qué rapidez se restablecerán las travesías. La amenaza de ataques iraníes ha disuadido a la mayoría de las navieras desde que Estados Unidos e Israel comenzaron a bombardear Irán el 28 de febrero; ese temor no desaparecerá de inmediato aunque se declare un alto el fuego. Es probable que inicialmente se requiera algún tipo de escolta naval, una operación que conlleva múltiples riesgos y limitaciones.

A continuación se ofrece un resumen visual de lo necesario para reactivar esta ruta clave del comercio mundial, cómo podría llevarse a cabo su reapertura y ejemplos históricos relevantes.

¿Por qué es tan vulnerable el estrecho de Ormuz?

Ormuz no es el único cuello de botella marítimo —también existen Malaca, el canal de Panamá y el paso entre Yemen y Yibuti hacia el Mar Rojo—, pero sí es la vía más crítica para el sector energético: por ella circula cerca de una cuarta parte del petróleo transportado por mar y alrededor de una quinta parte del gas natural licuado. No existe una ruta marítima alternativa viable. Su ubicación en una región inestable y su configuración geográfica lo hacen especialmente susceptible a interrupciones.

El estrecho mide unos 225 kilómetros de longitud y apenas 40 kilómetros en su zona más estrecha, lo que limita la maniobrabilidad de los buques y los convierte en objetivos relativamente fáciles para ataques desde la costa o embarcaciones pequeñas. La entrada y salida seguras de petroleros cargados puede tomar entre 10 y 14 horas a velocidades de hasta 14 nudos. Además, por su escasa profundidad, resulta sencillo para las fuerzas iraníes colocar minas; el relieve montañoso de la costa facilita ocultar plataformas de misiles y bases para drones.

Irán acumula armas y misiles desde hace décadas, y no está claro cuánto de ese arsenal sigue disponible. También dispone —y probablemente continúa produciendo— miles de drones Shahed, de menor sofisticación, que pueden emplearse contra petroleros. Por estas razones, el ejército iraní podría convertir el estrecho en un área de intenso fuego.

¿Qué exige el sector naviero antes de regresar al estrecho de Ormuz?

Cada día sin paso por el Golfo Pérsico implica pérdidas para armadores y operadores: buques inmovilizados, primas de seguro elevadas por la guerra, pagos adicionales a las tripulaciones y costes para conservar la carga. Por ello, desean reanudar el tránsito tan pronto como lo juzguen seguro.

La tolerancia al riesgo varía entre operadores. Un número reducido de buques cruzó en marzo pese a la presencia de misiles y drones: la mayoría estaban vinculados a Irán o a su principal comprador, China, o contaban con garantías del gobierno iraní, como en el caso de ciertos transportes indios de gas licuado. Algunos pagaron tasas elevadas a Irán, lo que sugiere que la negativa a abonarlas habría aumentado su exposición al riesgo. Esos buques siguieron rutas cercanas a la costa iraní, aparentemente aprobadas por las autoridades. En condiciones normales, la mayor parte del tráfico evita esa proximidad y circula por el lado contrario del estrecho.

La mayoría de los operadores no pueden o no quieren pagar peajes a Irán, por lo que optan por esperar a que disminuyan las hostilidades. Varias empresas consultadas por Bloomberg News indicaron que no atravesarían el estrecho mientras dure la guerra.

Incluso tras el cese de los combates, quienes no cuenten con garantías iraníes probablemente exigirán protección militar. Las escoltas navales podrían ofrecer la seguridad necesaria. Si llegan a restablecer un volumen significativo de tránsito, ayudarían a reducir la interrupción del suministro y a moderar el alza de los precios energéticos que ha seguido al conflicto.

Entonces, ¿cómo funcionarían las escoltas navales?

Expertos militares señalan que una misión de escolta consistiría en una columna de buques de guerra desplazándose en paralelo a los mercantes para protegerlos frente a misiles, drones aéreos, embarcaciones de ataque de superficie y amenazas subacuáticas, como drones submarinos. La Armada de Estados Unidos probablemente desplegaría destructores de la clase Arleigh Burke, diseñados para estas tareas defensivas y equipados con el sistema Aegis —radar avanzado y control de misiles—, junto con armamento de corto alcance y contramedidas (señuelos, bengalas, etc.). Si se sumaran Francia, Alemania o Reino Unido, aportarían capacidades equivalentes.

Antes de iniciar escoltas seguras, sería necesario rastrar y eliminar minas en las rutas del estrecho, algo que solo puede hacerse una vez que cese el fuego activo. Según Jennifer Parker, del Instituto de Defensa y Seguridad de la Universidad de Australia Occidental, esa tarea preparatoria podría llevar alrededor de dos semanas.

El despeje de minas requeriría dragaminas pequeños y ágiles y, posiblemente, drones marinos. Estados Unidos y sus aliados también podrían emplear helicópteros para remolcar sensores acuáticos y utilizar contramedidas para neutralizar minas con cargas explosivas u otros métodos. Si no hay un alto el fuego formal, es probable que EE. UU. intensifique ataques contra infraestructura militar iraní cercana al estrecho antes de desplegar escoltas. El Comando Central estadounidense informó haber destruido o dañado más de 30 embarcaciones iraníes usadas para colocar minas y haber atacado emplazamientos de misiles próximos al estrecho.

Además, aviones de guerra tendrían que patrullar la zona para detectar y ayudar a neutralizar amenazas.

¿Qué desafíos únicos enfrentarían las escoltas?

La cercanía de la costa iraní deja muy poco margen de reacción ante proyectiles entrantes. Incluso buques de guerra muy avanzados pueden verse sobrepasados por un ataque masivo lanzado desde tierra. Los episodios recientes muestran que algunos misiles y drones han penetrado defensas aéreas en la región.

Especialistas militares y del sector naviero consideran poco probable que las escoltas logren restablecer de inmediato el flujo total de tráfico por el estrecho. La Armada estadounidense por sí sola no dispone de suficientes unidades para proteger unas 140 embarcaciones, cifra aproximada del tránsito diario en condiciones normales. Los responsables de defensa occidentales indican que una reapertura sustancial requeriría una coalición multinacional una vez que cesen los combates. Un alto el fuego podría convencer a aliados de sumarse a la petición de desplegar sus marinas en una misión conjunta de protección.

Incluso en ese caso, la operación podría no admitir el mismo número de buques que transitan habitualmente: una concentración excesiva aumentaría riesgos, por ejemplo, al interferir con la capacidad de un buque de guerra para destruir una amenaza si un mercante se encuentra en la línea de fuego.

Además, algunos armadores muy cautelosos podrían demandar protección más allá del estrecho, dentro del Golfo Pérsico, lo que ampliaría el área de operaciones de escolta hasta potencialmente 560 millas náuticas.

¿Existe algún precedente para una operación de escolta masiva en el estrecho de Ormuz?

Operación Guardián de la Prosperidad

En diciembre de 2023, una coalición naval liderada por Estados Unidos lanzó una operación para impedir ataques hutíes —respaldados por Irán— contra buques en el Mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb, al otro lado de la península arábiga respecto a Ormuz. La misión consistió en escoltar mercantes a través de la vía. Muchos operadores desviaron sus rutas rodeando el extremo sur de África, añadiendo semanas a los viajes. En su momento más intenso, Estados Unidos empleó cerca de una docena de buques de guerra, más que los aportados por Reino Unido y otros aliados.

En mayo de 2025, después de una campaña de bombardeos contra más de 1.000 objetivos hutíes, el presidente Trump anunció el fin de los ataques tras un acuerdo de alto el fuego. La calma fue temporal y los hutíes retomaron los ataques al transporte marítimo. El Centro Conjunto de Información Marítima, creado durante la operación, clasificó como graves nueve incidentes y cuatro buques fueron hundidos en esos ataques.

La campaña de bombardeos estadounidense contribuyó al breve cese de hostilidades, aunque la reducción de ataques también pudo deberse a que muchos buques continuaron evitando el Mar Rojo por temor.

Guerra de los Petroleros: Operación Earnest Will

En la guerra entre Irán e Irak en los años ochenta, cientos de buques mercantes sufrieron ataques en el Golfo Pérsico, con centenares de marineros civiles muertos. En julio de 1987, Estados Unidos intervino formalmente con la Operación Earnest Will para proteger petroleros kuwaitíes frente a ataques iraníes. Fue el mayor convoy naval desde la Segunda Guerra Mundial, con más de 30 buques de guerra en su apogeo. No obstante, los ataques no cesaron inmediatamente: en la primera escolta, un petrolero rebautizado con bandera estadounidense impactó contra una mina submarina —dañándolo pero sin heridos— y posteriores acciones con minas y misiles dañaron otros buques kuwaitíes y unidades navales estadounidenses.

Guerra de los Petroleros: Operación Prime Chance

Prime Chance fue una fase encubierta de Earnest Will cuyo objetivo fue destruir la capacidad iraní para tender minas y así permitir escoltas más seguras. Fuerzas especiales estadounidenses actuaron mayoritariamente de noche para localizar y neutralizar embarcaciones iraníes colocadoras de minas, atacándolas o destruyéndolas para facilitar el tránsito de los convoyes. Esa campaña, junto con otros ataques de represalia, contribuyó a reducir los agresiones contra buques en la zona.

(Bloomberg)

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