Los zorros voladores contribuyen de manera significativa a la economía australiana a través de la dispersión de semillas y la regeneración de bosques, con beneficios estimados entre 195 y 673 millones de dólares anuales.
Durante décadas han sido considerados plagas y asociados a enfermedades, pero investigaciones recientes muestran que desempeñan un papel clave en la salud ambiental y económica del país.
Estos grandes murciélagos frugívoros favorecen el crecimiento de más de 91 millones de árboles al transportar y depositar semillas a largas distancias. Su actuación ayuda a restaurar áreas dañadas por incendios y por la fragmentación del hábitat, y sostiene actividades económicas vinculadas, como la industria maderera.
No obstante, los zorros voladores afrontan amenazas crecientes por olas de calor extremo y la pérdida de hábitat. En episodios recientes de altas temperaturas murieron miles de individuos en entornos urbanos y rurales, afectando especialmente a las crías que dependen de sus madres.
Las olas de calor y los incendios reducen drásticamente las poblaciones, poniendo en riesgo los servicios ecológicos que proporcionan y los beneficios económicos relacionados con la regeneración forestal y la producción agrícola. Sin medidas de conservación, su declive podría tener consecuencias graves para la biodiversidad y la economía nacional.
Impacto económico y ambiental de los zorros voladores
Un estudio reciente, con datos de 1.200 colonias, estima que estos murciélagos aportan hasta 673 millones de dólares al año, principalmente por la regeneración de eucaliptos, esencial para varios sectores.
La “lluvia de semillas” que generan al volar permite que especies arbóreas se establezcan en zonas remotas. Esta función resulta especialmente importante en Australia, donde la actividad humana y los incendios aceleran la fragmentación de los bosques.
Los zorros voladores favorecen la diversidad y la salud genética de amplias superficies vegetales. Investigadores señalan que la dependencia de muchas plantas respecto a estos murciélagos ha promovido procesos de coevolución que sostienen la biodiversidad y generan ingresos directos e indirectos en distintos sectores económicos.
Un aliado esencial ante incendios forestales
Los especialistas en conservación los describen como “megadispersadores”. A diferencia de aves o insectos polinizadores, transportan semillas de mayor tamaño y pueden recorrer distancias mucho mayores en pocos días.
Su gran movilidad es crucial en paisajes afectados por sequías, lluvias intensas e incendios, y mantiene la conectividad y la integridad genética de los bosques justo cuando aumentan los episodios de incendios forestales.
Más que recolectores de fruta, su actividad facilita la recuperación de ecosistemas fragmentados; la estabilidad y recuperación de los bosques dependen en buena medida de su función en la dispersión y, en algunos casos, en la polinización tras desastres naturales.
Desafíos para la conservación de los zorros voladores
A pesar de su importancia, estos murciélagos enfrentan riesgos elevados por la pérdida de hábitat, los incendios y las olas de calor extremo, que amenazan colonias que pueden sumar cientos de miles de individuos.
Un solo episodio de calor intenso puede provocar la muerte de decenas de miles de zorros voladores y comprometer su viabilidad regional. Expertos advierten que su protección debería recibir una atención comparable a la que se brinda a otras especies polinizadoras cruciales.
Sin la presencia de zorros voladores, ciertos árboles no podrían regenerarse ni dispersar semillas de forma natural. Su declive implicaría una pérdida progresiva de biodiversidad y una menor capacidad de recuperación ecológica ante crisis ambientales.
Aunque tradicionalmente han sido temidos o despreciados, la evidencia científica muestra que incluso las especies menos valoradas desempeñan funciones insustituibles en los ecosistemas y en la economía.



