Desde el inicio del conflicto, las autoridades iraníes han intensificado la represión y en las calles de Teherán han aparecido grupos de adolescentes armados que siembran temor entre la población.
En las primeras semanas tras el ataque contra Irán atribuido a Israel y Estados Unidos, se instalaron puestos de control por toda la capital, con vehículos policiales o militares, conos y barreras.
Aunque en días recientes se han retirado algunas de esas barreras, las fuerzas de seguridad mantienen una fuerte presencia urbana y las autoridades han confirmado el reclutamiento de niños desde los 12 años para patrullas paramilitares y controles de tránsito.
Una mujer de 28 años, que habló con AFP bajo condición de anonimato, contó que alrededor de las nueve de la noche salió en su coche porque se sentía sofocada y nostálgica.
Dijo que se encontró con dos controles en barrios del norte de Teherán, donde adolescentes de 13 o 14 años, con armas en mano, interceptaban vehículos.
Relató que uno de los jóvenes abrió la puerta del acompañante y se sentó junto a ella; le pidió el teléfono móvil y lo revisó por completo, incluidas sus fotos, una acción que describió como extremadamente intrusiva.
Las autoridades continúan deteniendo a personas por usar conexiones a internet internacionales, que siguen prohibidas, y quienes envían información al exterior han sido acusados de espionaje.
Otro habitante de Teherán dijo a AFP que la semana pasada pasó por un control militar y, a unos 100 metros más adelante, vio varios coches particulares con adolescentes deteniendo vehículos.
Según ese testigo, abren las puertas sin permiso, revisan las guanteras y registran los teléfonos móviles.
Las autoridades iraníes están permitiendo que menores de 12 años se incorporen al Basij, la fuerza paramilitar de voluntarios fundada en 1979, cuya presencia evoca la década de 1980, cuando miles de niños participaron en la guerra entre Irán e Irak.
El Basij, que forma parte de los Guardianes de la Revolución —el brazo ideológico del ejército iraní—, es considerado por observadores como participante en la violenta represión de las protestas antigubernamentales de enero.
Rahim Nadali, de la Guardia Revolucionaria en Teherán, afirmó en la televisión estatal que, “teniendo en cuenta las edades de quienes solicitan unirse, hemos rebajado la edad mínima a los 12 años, porque los niños de 12 a 13 años quieren participar”.
“No abandonar las calles” –
El presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, pidió este fin de semana no abandonar las calles, y afirmó que “los misiles, las calles y los estrechos han apretado la garganta del enemigo”, en alusión al estratégico estrecho de Ormuz, una ruta de navegación que Teherán ha afectado desde el inicio de la guerra.
Analistas señalan que la represión busca impedir cualquier posibilidad de un levantamiento popular, algo que, según los observadores, se incrementó al comienzo del conflicto con llamados externos.
Un residente de Teherán dijo a la AFP que grupos organizados recorren la ciudad en vehículos equipados con altavoces, portando banderas, desfilando ruidosamente y gritando consignas.
Hamidreza Azizi, especialista en Irán del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad, señaló que el objetivo es “evitar cualquier llamado de la oposición para que la gente salga a las calles”.
Este investigador agregó que la falta de legitimidad del régimen lo ha llevado a apoyarse en una base minoritaria de línea dura, que ha demostrado ser eficaz para sostener al gobierno en plena guerra.
La organización Human Rights Watch, con sede en Nueva York, recuerda que el reclutamiento de niños para fines militares constituye “un crimen de guerra cuando los niños son menores de 15 años”.
Bill Van Esveld, director adjunto de derechos del niño en HRW, afirmó que “las autoridades iraníes parecen dispuestas a poner en peligro la vida de los niños a cambio de contar con mano de obra adicional”.
(Con información de AFP)



