Las refinerías de India se han convertido en las principales compradoras de crudo venezolano, superando por primera vez a China y a Estados Unidos, en medio de un repunte de las exportaciones de Caracas que alcanzaron su nivel más alto desde 2019.
En marzo, la demanda de petróleo venezolano por parte de empresas indias se cuadruplicó respecto a los meses previos, según registros de tráfico marítimo y datos de firmas de inteligencia energética.
Compañías indias como Reliance Industries, Hindustan Petroleum e Indian Oil elevaron sus compras hasta 343.000 barriles diarios, consolidando a India como el mayor mercado para el crudo venezolano.
Este aumento responde en buena medida a la reducción de las importaciones chinas, afectadas por el nuevo esquema de control de Estados Unidos sobre las ventas petroleras de Venezuela.
El impulso en las exportaciones venezolanas también se explica por un incremento de la producción local, favorecido por el ingreso sostenido de diluyentes, insumos necesarios para procesar el crudo extrapesado y facilitar su transporte por oleoducto.
En marzo, Venezuela recibió nueve cargamentos de estos insumos, dos más que en febrero, gestionados por empresas internacionales que mantienen acuerdos comerciales con el gobierno venezolano bajo supervisión estadounidense. Entre los principales actores figuran Vitol, Trafigura y Chevron, esta última la gran petrolera estadounidense que aún opera directamente en el país.
La guerra en Medio Oriente y el cierre del estrecho de Ormuz han llevado a los grandes importadores asiáticos a diversificar proveedores y a buscar alternativas fuera del Golfo Pérsico. India, que depende en gran medida del petróleo importado, aprovechó la mayor disponibilidad venezolana mientras ajusta su estrategia energética ante la volatilidad global.
El aumento de los envíos también ha reactivado el uso de depósitos en el Caribe: este año casi 18 millones de barriles venezolanos se han trasladado a instalaciones en Bahamas, Curazao y Santa Lucía. Parte de ese volumen ya comenzó a salir hacia otros destinos, como Italia, adonde el buque SFL Tiger cargó petróleo en Curazao antes de dirigirse al Mediterráneo.
El mercado estadounidense, aunque menos relevante que en décadas anteriores, sigue recibiendo cargamentos de crudo venezolano, especialmente a través de intermediarios autorizados por el Departamento del Tesoro.
Empresas como PBF Energy han retomado compras puntuales gracias a flexibilizaciones temporales de sanciones, mientras otras firmas exploran oportunidades ante la posibilidad de mayores aperturas regulatorias.
Paralelamente, la administración estadounidense impulsa gestiones estratégicas para asegurar acceso a los recursos energéticos venezolanos. Ante la posibilidad de un cambio político y la instalación de un gobierno de transición, Washington ha promovido condiciones para facilitar la entrada de capital extranjero y la participación de petroleras estadounidenses en la recuperación del sector. No obstante, la infraestructura local, deteriorada tras años de desinversión, representa un obstáculo importante para volver a los niveles históricos de producción.
Directivos de compañías como Chevron, Shell y ExxonMobil han mostrado interés en proyectos de exploración y producción, pero advierten que la recuperación plena requerirá inversiones multimillonarias y reformas legales que brinden seguridad jurídica y operativa.
El gobierno de Caracas aprobó una nueva ley de hidrocarburos que reduce la participación estatal y pretende atraer inversión internacional, aunque persisten dudas sobre la estabilidad y el alcance de esos cambios.
Expertos del sector coinciden en que una recuperación sostenible dependerá tanto de la continuidad de la apertura política como de la capacidad para reconstruir la infraestructura y repatriar talento emigrado durante la crisis. Mientras tanto, India emerge como el actor dominante en el panorama petrolero venezolano, en un contexto de rápida reconfiguración del mercado energético global.
(Con información de Bloomberg)



