La semana próxima, el ministro de Economía, Luis Caputo, viajará a Washington D.C. para participar en las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). El viaje genera expectativas por la posibilidad de un nuevo encuentro con la titular del FMI, Kristalina Georgieva, en el marco de la segunda revisión del acuerdo con el organismo, cuya aprobación liberaría un desembolso pendiente de USD 1.000 millones.
Fuentes oficiales del Ministerio de Economía informaron a Infobae que la comitiva prevista estará integrada por Caputo, el viceministro José Luis Daza y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili. Aún no se confirmó la fecha exacta de partida ni si todos viajarán juntos. Las reuniones de primavera se desarrollan entre el lunes 13 y el sábado 18 de abril.
Se indicó que el martes 14 de abril Caputo participará en un evento organizado por la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina (AmCham), por lo que no estaría presente en la jornada inaugural de las reuniones de primavera, el lunes 13; sin embargo, otros integrantes de la delegación podrían asistir a esa jornada.
Las reuniones de primavera ofrecen un contexto propicio para que Caputo sostenga una reunión bilateral o un encuentro informal con Georgieva. Desde el Ministerio destacaron que la agenda de la comitiva se dará a conocer la semana entrante y no descartaron una reunión entre ambos.
Segunda revisión
Las expectativas sobre la aprobación de la segunda revisión del acuerdo con el FMI se han intensificado en los últimos días. Las negociaciones comenzaron en febrero, cuando una misión del organismo visitó Buenos Aires, y continuaron al final de ese mes con una delegación encabezada por el viceministro Daza que viajó a Estados Unidos.
En esa instancia, fuentes del Ministerio señalaron a Infobae que la intención era cerrar las negociaciones técnicas de la segunda revisión y luego avanzar con los trámites internos del FMI para su aprobación.
Aunque el Gobierno no necesita de forma urgente la aprobación para acceder al desembolso de USD 1.000 millones —dado que el Banco Central viene comprando reservas con ritmo aceptable, más de USD 4.500 millones en lo que va del año— la prolongación de las conversaciones desde febrero genera incertidumbre sobre posibles exigencias adicionales del organismo.
La meta de reservas
La aprobación de la segunda revisión implicaría que el FMI conceda un nuevo waiver (dispensa) por el incumplimiento de la meta de acumulación de reservas internacionales en 2025, meta que ya había sido ajustada en la primera revisión.
Antes de la primera revisión el objetivo era cerrar el cuarto trimestre de 2025 con reservas netas positivas por USD 2.400 millones; tras la modificación la meta quedó en USD -2.600 millones. Aun así, el equipo económico no logró cumplirla, en gran medida por la decisión de no comprar reservas hasta alcanzar el piso de la banda cambiaria y, en menor medida, por ventas destinadas a sostener el tipo de cambio antes de las elecciones legislativas.
En esta etapa, el BCRA presenta una mejor performance: desde el 1.o de enero comenzó una “nueva fase” del programa en la que las bandas se ajustan por el Índice de Precios al Consumidor (IPC), y la autoridad monetaria ya supera el 45% de la meta anual fijada. Hasta el miércoles 8 de abril el BCRA acumuló compras por USD 4.581 millones, aunque las reservas internacionales brutas se mantienen alrededor de USD 44.000 millones porque buena parte de las compras se vieron compensadas por vencimientos en moneda extranjera.
Tras la primera revisión se establecieron nuevas metas para 2026: al cierre del primer trimestre las reservas internacionales netas del BCRA deben situarse en USD -3.100 millones (antes USD 900 millones); al final del segundo trimestre, en USD 1.600 millones (antes USD 5.100 millones); y en diciembre, en USD 8.400 millones (antes USD 10.400 millones).
Caputo buscó cambiar el cronograma de las metas, proponiendo que sean anuales en lugar de trimestrales para evitar distorsiones estacionales y ganar margen de maniobra. Argumentó que fijar compras en fechas concretas resulta impreciso debido a la variabilidad en la llegada de divisas de exportaciones y otros factores, por lo que es más razonable estimar montos anuales.
Según analistas, pasar a metas anuales podría otorgar mayor flexibilidad a la política monetaria en una economía con alta volatilidad cambiaria y en la capacidad de acumulación de reservas del BCRA. Esa reducción del “examen” trimestral podría mejorar expectativas, aunque al acercarse fin de año la atención volverá a centrarse en si se cumplió la meta, señaló Ricardo Delgado, presidente de Analytica.



