En las barras más destacadas de Argentina, la coctelería se renueva gracias a mujeres que combinan precisión, intuición y una mirada propia sobre el arte de mezclar sabores. Con creatividad y rigor técnico, están redefiniendo los tragos y marcando tendencia en un ámbito históricamente dominado por hombres.
Sus nombres aparecen en cartas, premios y festivales, pero también en la experiencia diaria de quienes descubren nuevas formas de hospitalidad y placer sensorial, copa a copa.
El Día Nacional del Bartender, que se celebra el 15 de abril, pone el foco en estas bartenders argentinas, protagonistas de una escena en transformación que reinterpreta clásicos y crea caminos propios detrás de la barra.
En diálogo con Infobae, varias profesionales compartieron sus trayectorias, estilos y la dedicación que hay detrás de cada cóctel.
Mujeres bartenders argentinas: referentes de creatividad y técnica
Flavia Arroyo, considerada una de las bartenders jóvenes más influyentes del circuito local, se distingue por su trabajo con clarificados y por una coctelería moderna y elegante. Define su enfoque como la clarificación de ideas y la cocción de conceptos, aplicados a la barra.
En Casa Cavia lidera Prototipo Cero, un proyecto de cócteles sin alcohol con una aproximación botánica. Allí desarrolla cinco espirituosos sin alcohol producidos en el lugar para ofrecer una experiencia sensorial equivalente a las versiones con alcohol. Entre sus propuestas figuran técnicas clarificadoras, reinterpretaciones de clásicos y un Bloody Mary clarificado que ella considera una receta perfecta.
Sobre el crecimiento del sector, Arroyo destaca que hoy la coctelería y la hospitalidad argentinas son referentes internacionales, algo que atribuye al trabajo de colegas que han dado visibilidad al país en rankings y eventos.
La creatividad, dice, es una práctica diaria: siempre hay espacio para probar ingredientes o preparaciones nuevas, y suele registrar ideas en una carpeta de notas para desarrollarlas luego.
En cuanto a preferencias, Arroyo elige el Negroni por su versatilidad y profundidad, y subraya que, más allá de la técnica, el compromiso del bartender es el ingrediente fundamental en una barra.
Mona Gallosi, creadora de Punto Mona, cuenta que la coctelería empezó como un modo de sostenerse mientras estudiaba diseño y terminó convirtiéndose en su vocación. Lo que comenzó como trabajo se volvió su verdadera pasión.
Su estilo busca el equilibrio entre la hospitalidad de la vieja escuela y la creatividad conceptual, con el servicio como eje central. Sostiene que la coctelería clásica es la base imprescindible para innovar con sentido.
Respecto al presente del rubro, valora el acceso a técnicas globales y herramientas de vanguardia, así como la comunicación inmediata que hoy permite compartir conocimientos; sin embargo, advierte sobre el riesgo de descuidar las raíces.
Para Gallosi, dominar lo clásico —por ejemplo, preparar un Dry Martini perfecto— y saber interpretar al cliente son habilidades esenciales que dan alma al cóctel.
Define la creatividad como una herramienta para diseñar experiencias, no solo como la creación aislada de una receta.
Su cóctel insignia, el OLIVETTINI, es su propia versión del Dry Martini, concebida para ofrecer un perfil elegante, sedoso y con textura envolvente. Además, considera que el hielo de buena calidad es imprescindible en cualquier barra.
Entre los elementos esenciales para ella están los hielos cristalinos y la diversidad de productos en barra: una selección variada de vermuts y destilados permite que la barra funcione como un ecosistema vivo, en lugar de un monólogo de marcas.
Pipi Yalour, referente de Chicas Barra, relata que su llegada a la coctelería fue casual tras estudiar Ciencias de la Educación: un trabajo nocturno le permitió sostenerse y allí descubrió su interés por la profesión.
Se describe como una persona curiosa, que dedica tiempo a experimentar con técnicas nuevas y a investigar en libros antiguos para enriquecer su práctica.
Opina que la coctelería argentina está bien posicionada y que el público muestra cada vez más interés por este oficio.
Al preguntarle por una receta favorita, destaca la practicidad y el sabor del Negroni: un clásico replicable que sigue siendo muy valorado por su equilibrio.
Brenda Yamila Asis, conocida como “La China Asis”, cuenta que empezó trabajando en barra para costear sus estudios de filosofía y allí encontró una forma de unir su formación teórica con la creación artística de cócteles.
Tras vivir en Uruguay y Brasil, desarrolló una propuesta que mezcla reflexión y estética; para ella, la coctelería fue la profesión que le permitió integrar conocimientos y creatividad.
Define su trabajo como artístico, con foco en el uso intensivo de un insumo y una estética que ella califica de “brutalista”. Un ejemplo es su reinterpretación de la piña colada, que mantiene el sabor y la sensación de playa pero se presenta de forma distinta, más austera y visualmente cuidada.
Asis considera que la escena local ha evolucionado gracias a espacios que visibilizan el talento y permiten mostrar distintos estilos, lo que favorece la experimentación y el aprendizaje colectivo.
Tras años de reinterpretaciones, observa también un retorno a las raíces de la coctelería. Para ella, la creatividad implica pensar no solo en la receta sino en la presentación, el mensaje y la coherencia con el lugar donde se sirve el cóctel.
Entre sus preferidos está el cóctel Presidente, que reversionó con granadina y un aire de naranja fresca para lograr una textura más untuosa y sorprender a quien lo prueba.
Más allá de insumos y técnicas, Asis subraya que la hospitalidad es el ingrediente imprescindible en una barra y que merece mayor reconocimiento.
El trabajo detrás de la barra
El trabajo cotidiano en coctelería va más allá de preparar bebidas. Kiara “Kiki” Beltrán, responsable de Zona de Producción en el bar Gordo Chanta, recuerda que detrás de una carta hay desarrollo, estudio, tiempo e inversión para entender sabores y técnicas.
Sofía Abbruzzese (Soffo), al frente de la barra de Harrison, destaca el trabajo invisible necesario para que el servicio sea fluido: mise en place, control de stock, estandarización de recetas y limpieza constante, tareas que el cliente no ve pero que sostienen la experiencia.



