La medicina podría estar frente a un avance inesperado en la lucha contra el deterioro cognitivo: un aerosol nasal logró revertir signos de envejecimiento cerebral y recuperar la memoria en modelos preclínicos.
El descubrimiento, realizado por el equipo del Naresh K. Vashisht College of Medicine de la Universidad Texas A&M, fue publicado en el Journal of Extracellular Vesicles. Los resultados ofrecen una opción no invasiva para tratar la neuroinflamación relacionada con la edad, un problema que afecta a millones y representa un desafío clave en salud pública.
La neuroinflamación del envejecimiento se caracteriza por inflamación crónica y “estéril” en áreas críticas como el hipocampo, contribuyendo al deterioro de la memoria y aumentando el riesgo de enfermedades como el Alzheimer. Durante mucho tiempo se consideró que este proceso era irreversible.
Este nuevo enfoque cuestiona esa idea. “Demostramos que el envejecimiento cerebral puede revertirse, para ayudar a las personas a mantenerse ágiles mentalmente, socialmente activas y libres del deterioro asociado a la edad”, afirmó Ashok Shetty, profesor distinguido y director asociado del Instituto de Medicina Regenerativa de Texas A&M.
Un tratamiento innovador basado en vesículas extracelulares
La terapia emplea vesículas extracelulares (VE) derivadas de células madre neurales humanas. Administradas por vía intranasal, estas partículas llevan microARN terapéuticos que modulan múltiples vías genéticas e inmunológicas en el cerebro.
“Los microARN actúan como reguladores maestros. Modulan numerosas vías genéticas y de señalización en el cerebro”, explicó la investigadora principal Madhu Leelavathi Narayana.
En modelos animales envejecidos, se aplicaron dos dosis del aerosol desarrollado en el laboratorio. En pocas semanas los investigadores registraron una marcada reducción de la inflamación cerebral, recuperación de la función mitocondrial y una mejora significativa en la memoria.
El tratamiento disminuyó la hipertrofia de astrocitos y los cúmulos microgliales, al tiempo que aumentó la expresión de proteínas antioxidantes y de genes vinculados a la cadena respiratoria mitocondrial. Estos cambios redujeron el estrés oxidativo y mejoraron la capacidad del cerebro para procesar y almacenar información.
Un aspecto relevante es la vía de administración: la aplicación intranasal permitió que las vesículas eludieran la barrera hematoencefálica y llegaran directamente a los tejidos cerebrales afectados. “La administración intranasal nos permite tratar el cerebro directamente sin procedimientos invasivos”, detalló el investigador Maheedhar Kodali.
El mecanismo de acción implica la supresión de las vías inflamatorias NLRP3 y cGAS-STING, implicadas en la persistencia de la neuroinflamación asociada al envejecimiento.
Los ensayos conductuales respaldaron estos hallazgos: los animales tratados mostraron mejoras en tareas de reconocimiento y adaptación a entornos nuevos, mientras que los controles mantuvieron signos de deterioro cognitivo. “Observamos la activación de los propios sistemas de reparación del cerebro, que reducen la inflamación y permiten su recuperación”, afirmó Shetty.
Implicancias y futuro de la terapia
El alcance potencial de esta innovación supera el laboratorio. Según proyecciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU., los casos nuevos de demencia podrían casi duplicarse en las próximas cuatro décadas, pasando de aproximadamente 514.000 en 2020 a cerca de 1 millón en 2060.
En ese contexto, un tratamiento sencillo y no invasivo adquiere gran importancia. “A medida que desarrollemos y escalemos esta terapia, un simple aerosol nasal de dos dosis podría en el futuro sustituir procedimientos invasivos o tratamientos prolongados”, señaló Shetty.
El estudio también mostró eficacia similar en ambos sexos, un hallazgo poco frecuente en investigación biomédica que sugiere aplicabilidad amplia. “Los resultados fueron consistentes y comparables en mujeres y hombres”, puntualizó Shetty.
Además de su aplicación en el envejecimiento cerebral, la técnica podría emplearse en otras afecciones neurológicas, como la rehabilitación tras un accidente cerebrovascular o para frenar —e incluso revertir— el deterioro cognitivo en humanos.
“Nuestra meta es redefinir el envejecimiento: promover un envejecimiento cerebral exitoso que permita a las personas mantenerse activas, alertas y conectadas. No se trata solo de vivir más, sino de vivir mejor”, añadió el investigador.
A nivel molecular, el tratamiento redujo marcadores inflamatorios en el hipocampo. Los análisis transcriptómicos realizados una semana después evidenciaron mayor expresión de genes relacionados con la fosforilación oxidativa y menor activación de rutas proinflamatorias en la microglía, cambios que se correspondieron con mejoras observables en la memoria y la función cognitiva.
El equipo de Texas A&M ya solicitó una patente en Estados Unidos para la terapia. La publicación de estos resultados representa un avance importante en la búsqueda de tratamientos contra el envejecimiento cerebral y posiciona a la universidad como un referente en investigación neurocientífica.
Según los autores, el siguiente paso será ampliar los ensayos y evaluar la eficacia en humanos, así como explorar su aplicación en otras enfermedades neurodegenerativas. “Estamos recuperando la vitalidad de las neuronas al reducir el estrés oxidativo y reactivar las mitocondrias del cerebro”, concluyó Narayana.



