16 de abril de 2026
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Alumnos de primaria pierden un año por ausentismo

Los estudiantes argentinos pierden más de 30 días de clase al año, por lo que, a lo largo de la educación primaria, pueden acumular en promedio el equivalente a un año completo de escolaridad, es decir, unos 195 días.

Según un informe del Observatorio Argentinos por la Educación, esta situación responde a múltiples causas: paros, malas condiciones edilicias, fenómenos climáticos, feriados nacionales, provinciales y municipales, jornadas de capacitación docente y, en algunos casos, viajes.

Los datos provienen de tres jurisdicciones que publican esta información —CABA, provincia de Buenos Aires y Mendoza— y se proyectaron al resto del país. Las cifras generan preocupación porque el tiempo efectivo de permanencia en el aula es determinante para la calidad de los aprendizajes.

En promedio, los calendarios escolares establecen alrededor de 190 días de clase al año. No obstante, los registros muestran que los alumnos faltan aproximadamente 30 días anuales, lo que reduce el tiempo efectivo de escolarización a cerca de 155 días. Si ese nivel de inasistencias se mantiene durante toda la primaria, se pierden alrededor de 195 días, el equivalente a un año lectivo.

Hay que aclarar que los paros no solo son los realizados por gremios docentes: las protestas de empleados estatales que agrupan a auxiliares, así como medidas de la CGT o afectaciones del transporte, también impactan en la actividad escolar.

Según los datos de las pruebas Aprender 2023, el 49,3% de los directores señala al ausentismo estudiantil como el factor que más perjudica los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Aunque problemas como los paros o la mala infraestructura afectan con más intensidad a los sectores populares, especialistas del Observatorio remarcan que la pérdida de tiempo también ocurre en escuelas de mayor nivel socioeconómico, donde los alumnos faltan con frecuencia por viajes u otras actividades autorizadas por las familias.

Basándose en evidencia internacional, los autores afirman que ampliar el tiempo de clase puede mejorar los aprendizajes, especialmente en contextos vulnerables, pero advierten que no basta con extender el calendario: es imprescindible garantizar el uso efectivo del tiempo en el aula.

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