Jennie Garth confesó que a los 24 años se sometió a un aumento de pecho y a una liposucción, decisiones que atribuye a la presión que vivió mientras participaba en la serie Beverly Hills, 90210, donde interpretó a Kelly Taylor entre 1990 y 2000.
Estas revelaciones aparecen en su libro de memorias I Choose Me: Chasing Joy, Finding Purpose, and Embracing Reinvention, publicado el 14 de abril por Park Row, sello de HarperCollins.
En el libro, la actriz relata que el ambiente del rodaje fomentó una actitud competitiva y la llevó a compararse constantemente con sus compañeras de reparto.
“Me sentía juzgada por mi apariencia y mi ropa, siempre comparándome internamente con mis coprotagonistas o con las estrellas invitadas”, escribió.
Garth cuenta que, siendo muy joven, buscaba la aprobación de sus colegas masculinos —Luke Perry, Jason Priestley, Brian Austin Green e Ian Ziering— y vivía una sensación de competencia frente a otras mujeres del elenco.
También señala que la estética dominante de principios de los 90 conocida como “heroin chic” influyó en cómo percibía su cuerpo.
Aunque reconoció tener “un cuerpo sano y normal”, con curvas y caderas, explicó que esas características dejaron de verse como una ventaja y se convirtieron en aspectos que sentía debía corregir.
La observación de cambios en otras actrices la impulsó a creer que la cirugía era algo habitual a cierta edad: “Cargaban con una nueva energía, un poco más de seguridad en sí mismas… Comencé a creer que esto era simplemente lo que se hacía a cierta edad”, indicó.
Sobre la liposucción en la zona de las caderas, detalló: “Le pedí al cirujano que me suavizara, que me hiciera más pequeña”.
Describió con crudeza su motivación: “Quería desaparecer en la versión de belleza que nos estaban vendiendo en ese momento: pequeña, sin esfuerzo, etérea. Y pensé que si podía tallarme en esa imagen, quizás finalmente me sentiría suficiente”.
Garth aclaró que nadie del elenco ni del equipo la presionó directamente para operarse, y que nunca trató el tema con sus compañeros de trabajo.
Aun así, aseguró que la gente notó un cambio sutil en ella, una sensación que describió como “la ilusión de la aceptación”, y admitió que esa sensación resultó adictiva.
La actriz también explicó cómo su personaje, Kelly Taylor —presentada en las primeras temporadas como una adolescente problemática y mimada— empezó a influir en su propia percepción.
“Nunca imaginé que ponerme en la piel de un personaje comenzaría a definir cómo veía mi propio reflejo”, escribió. “Al igual que Kelly, enfrenté juicios duros y luché por mantener mi salud mental. Los mensajes del programa —ya fueran en el guion o en mi cabeza— comenzaron a difuminar la línea entre el personaje y yo misma”.
Las crudas confesiones de Jennie Garth
La fama repentina que trajo Beverly Hills, 90210 tuvo también consecuencias personales. En entrevista con la revista People, Garth comparó esa exposición con “estar en los Beatles” y la calificó de aterradora y desconocida para todos.
Esa presión la llevó a retirarse socialmente: “Realmente hice un buen trabajo, hasta el punto de caminar sin hacer contacto visual con la gente, sin querer que nadie supiera nada de mi vida”, confesó al mismo medio. “Eso me llevó a una existencia muy aislada”.
En sus memorias, relata además que el fin de su matrimonio con el actor Peter Facinelli en 2012, tras 17 años juntos y tres hijas en común, supuso un quiebre personal importante.
“Pasé una buena cantidad de años herida, triste, simplemente atormentada por eso, y se filtró en todos los aspectos de mi vida”, dijo a People.
En ese período llegó a combinar alcohol y pastillas hasta necesitar un lavado de estómago, tras lo cual ingresó al centro de rehabilitación Canyon Ranch.
“Noté que mi luz se apagaba realmente. No irradiaba una buena energía. Podía verlo en el espejo”, relató.
Hoy casada con Dave Abrams, Garth también enfrentó dificultades con tratamientos de fertilidad y abortos espontáneos; en 2018 llegó a enterarse por TMZ de que su marido había iniciado trámites de divorcio, aunque la pareja se reconcilió en 2019.
Actualmente vive con su madre, Carolyn Garth, de 83 años, quien fue diagnosticada con deterioro cognitivo. “Ha sido realmente aterrador y revelador y maravilloso y profundamente entristecedor”, dijo en su podcast I Choose Me.



