Belén Francese repasa su carrera y su vida personal en una charla abierta y sin vueltas. Atribuye sus primeros impulsos profesionales a las tapas de revistas como Paparazzi, que en su momento funcionaban como trampolín hacia la televisión y el teatro. Con más de dos décadas de trayectoria, destaca su versatilidad: actuó, bailó, condujo, produjo, escribió dos libros, participó en numerosos espectáculos y hasta lanzó un disco para el Mundial 2010 con colaboraciones de figuras reconocidas.
Sobre su imagen pública, reconoce haber explotado distintas facetas —la sensualidad y el humor— y no se arrepiente de las experiencias que la formaron. Menciona un tema popular de sus comienzos como uno de los hitos mediáticos que la marcaron y afirma que las críticas siempre existirán, por lo que aprendió a no detenerse en lo destructivo.
En lo personal, relata haber sufrido una relación tóxica y posesiva antes de su actual pareja. Con terapia y apoyo logró salir de esa situación; describe al agresor como narcisista y afirma que la terapia fue clave para recuperar su integridad. Tras un período de soltería conoció a su marido, a quien define como la persona que necesitaba: la pareja con la que formó una familia ensamblada. Cría a su hijo Vito y a las hijas de él; la convivencia y la maternidad le exigieron adaptaciones importantes, especialmente cuando tuvo que asumir el cuidado de tres hijos de distintas edades.
Habla con franqueza de la maternidad: reconoce su amor por ser madre pero también señala las dificultades —la cesárea, los cambios corporales y los desafíos emocionales al hacerse cargo de una familia numerosa—. Describe una etapa muy intensa en la que tuvo que buscar herramientas para organizarse y poner afecto en cada circunstancia. Sobre el postparto, explica que vivió momentos muy complejos pero que pudo sobrellevarlos y aprender.
En cuanto a la vida en pareja, explica que el humor y la complicidad son fundamentales. Confiesa que revisa el celular de su marido en ocasiones y que su vida sexual cambió con los años: se siente más libre y desprejuiciada a los 40 que cuando tenía 20. También aborda las propuestas indebidas que recibió a lo largo de su carrera, incluso estando embarazada: las rechazó y sostiene no juzgar a quienes actúan distinto, pero remarca que no forma parte de ese mundo.
Sobre el cuerpo y el paso del tiempo, muestra una postura de cuidado y aceptación. Le importa verse bien, valora la sabiduría que trae la edad y prefiere evitar intervenciones riesgosas tras ver casos negativos. La prioridad es la salud y la longevidad para disfrutar de sus hijos.
Respecto a la situación económica del país, admite que su hogar, como muchos, siente la presión financiera: trabajan ambos y llegan justos. Considera que ajustar la economía lleva tiempo y que hay esfuerzos por ordenar la situación, aunque reconoce la dificultad.
De cara al futuro, se proyecta activa en el ámbito artístico y aspira a ser reconocida como una diva argentina. Finalmente, deja un mensaje afectuoso para su hijo: le dice que es la luz de sus ojos, que lo ama y que está orgullosa de él.

