La arzobispa de Canterbury y máxima autoridad de la Comunión Anglicana, Sarah Mullally, será recibida este lunes en el Vaticano por el papa León XIV; será el primer encuentro entre ambos líderes religiosos.
Mullally —la primera mujer en ocupar el cargo de primado en casi 500 años de la Iglesia anglicana— fue proclamada líder del anglicanismo mundial, que agrupa a alrededor de 97 millones de fieles, el pasado 25 de marzo.
Según un comunicado de la Confesión Anglicana, la arzobispa se entrevistará con el papa y participará en una oración conjunta como primer acto de una visita de cuatro días orientada a fortalecer las relaciones ecuménicas entre anglicanos y católicos, tradiciones que comparten pocas diferencias dogmáticas.
Aunque el catolicismo suele situar al anglicanismo dentro de los cismas protestantes, muchos anglicanos se consideran parte del catolicismo histórico y distinguen su postura principalmente por la cuestión de la autoridad papal (en el anglicanismo la figura encabezadora es el rey o la reina británica).
La audiencia ocurre 60 años después del encuentro histórico de 1966 entre el arzobispo Michael Ramsey y el papa Pablo VI, el primer diálogo a ese nivel desde la ruptura con Roma en el siglo XVI cuando el rey Enrique VIII separó la Iglesia de Inglaterra.
Las relaciones han mejorado de forma sostenida desde entonces, aunque en 2016 los líderes de ambas tradiciones señalaron la existencia de “nuevos desacuerdos”.
El anglicanismo ha avanzado más que la Iglesia Católica en la inclusión de las mujeres: en 1992 permitió la ordenación de mujeres, luego llegaron nombramientos de obispas y arzobispas y, recientemente, la elección de una mujer como primado; la Iglesia Católica mantiene el sacerdocio reservado a hombres.
Además, el anglicanismo debate abiertamente la unión de parejas del mismo sexo y algunos pastores han empezado a bendecir esas uniones. Ese avance ha generado tensiones internas y una escisión, en gran parte impulsada por obispos africanos que se oponen a lo que consideran desviaciones doctrinales.
Por su parte, la Iglesia Católica ha rechazado de forma reiterada la ordenación de mujeres, y sus sacerdotes varones, en general, no pueden casarse, salvo excepciones puntuales como el caso de anglicanos casados que se convierten al catolicismo.
Las activistas por los derechos de las mujeres —quienes esperaban mayores cambios durante el pontificado del fallecido papa Francisco— saludaron la visita de la arzobispa.
“Si una arzobispa viene a verle, podría hacer que el papa León XIV reflexione”, declaró Sylvaine Landrivon, portavoz de la asociación feminista católica Magdala, a AFP.
“Podría darse cuenta de que las mujeres, que representan la mitad del pueblo de Dios, tienen las mismas aptitudes que los hombres”.
En la agenda de Mullally en Roma figura una visita al centro de refugiados Joel Nafuma, lo que indica sintonía también en asuntos migratorios entre las autoridades de Roma y Canterbury.
(con información de EFE y AFP)

