29 de abril de 2026
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Cien años de soledad: adaptación y segunda temporada

La segunda temporada de la adaptación audiovisual de Cien años de soledad se estrenará en agosto, según confirmaron la directora Laura Mora y la guionista Natalia Santa. Ambas lideran un equipo mayoritariamente colombiano que asumió el desafío de trasladar a la pantalla la complejidad literaria y cultural del clásico de Gabriel García Márquez. En la charla realizada en la Feria del Libro de Buenos Aires describieron los principales debates y las decisiones creativas que guiaron el proyecto, entre ellas la necesidad de reinterpretar, más que reproducir literalmente, el realismo mágico y la carga política de la obra.

Mora reconoció desde el inicio la magnitud del reto y subrayó el respeto por la literatura como un lenguaje mayor: la imagen cinematográfica, dijo, tiene límites que la literatura no posee, porque en esta última solo rige la imaginación. Destacó además que el proceso contó con un equipo casi completamente colombiano, presente en todas las etapas de la producción.

La lectura reiterada de la novela fue clave para la adaptación. Mora explicó que llegó a leer el libro nueve veces y trabajó con un ejemplar muy anotado que sirvió como referencia común para coordinar equipos y garantizar coherencia en la construcción colectiva de Macondo. Santa señaló que su lectura evolucionó de un enfoque académico a una comprensión más profunda del contexto histórico, social y político, lo que aportó nuevas capas de sentido durante la escritura del guion.

La segunda temporada, producida y filmada íntegramente por equipos colombianos, implicó la construcción desde cero de una ciudad-escenario en Ibagué y la recreación de dos versiones de la casa Buendía, lo que permitió mostrar la transformación arquitectónica, social y moral del pueblo a lo largo del tiempo narrativo.

Aunque al principio ambas cineastas manifestaron rechazo a la idea de una adaptación, ese recelo dio paso a un trabajo colectivo de reflexión sobre cómo abordar una obra que, según Mora, funciona como una entidad mayor por su lenguaje. El proceso fue largo y estuvo impulsado tanto por el respeto como por la duda, que Santa describió como un motor para depurar la historia y hallar su núcleo.

El equipo evitó ceder ante la tentación de complacer expectativas ajenas o repetir fórmulas de la primera temporada. En cambio, priorizaron la fidelidad a la novela y la lectura cuidadosa para decidir la estructura narrativa. La segunda temporada destaca la dimensión política e histórica del relato: el progreso que llega a Macondo trae, con él, destrucción y transformaciones cuya representación exigió consensos sobre hasta dónde podían llegar.

Para recrear con verosimilitud cada época se realizó una investigación minuciosa en universidades y con anticuarios, y se recrearon objetos y ambientes con detalle casi arqueológico. Mora señaló que la serie busca mostrar la riqueza de las artes y las idiosincrasias colombianas, ofreciendo un espejo del país al mundo.

Mora habló también de la preocupación por representar el paso del tiempo en los escenarios: agrietar y humedecer paredes, llevar a Macondo a la ruina y hacer de esa decadencia un espacio que invite a la imaginación, porque la novela, en el fondo, trata sobre el tiempo.

La traducción del llamado “realismo mágico” a la pantalla fue objeto de discusión. Mora rechazó que el término despoje a la obra de su dimensión política o la exotice: para ella, el realismo mágico es la lectura poética de lo cotidiano, algo que en la novela forma parte de la vida misma y no de una mera fantasía.

La serie optó por soluciones mayormente artesanales en las escenas extraordinarias, evitando el exceso de efectos digitales para mantener un tono poético y verosímil. Santa contó que al principio el equipo trabajó con versiones muy apegadas al realismo por temor a que lo folclórico minimizara la crudeza de la novela; luego, con devoluciones de Netflix y de los directores, pudieron recuperar episodios icónicos —como las mariposas amarillas— siempre anclándolos en la cotidianidad y apoyándose en recursos como la voz en off para narrar lo que no se puede mostrar literalmente en imágenes.

El próximo año se cumplirán sesenta años de la primera edición de Cien años de soledad en Buenos Aires, y la segunda temporada de la adaptación se presenta como un esfuerzo colectivo por trasladar al lenguaje audiovisual la complejidad, los colores y la tragedia del texto de García Márquez, conscientes de que ninguna pantalla podrá superar la imaginación de los millones de lectores que han recorrido Macondo en distintos idiomas.

La entrada, los horarios, los días

Entrada: El precio de la entrada a la Feria del Libro de Buenos Aires es de $8.000 pesos de lunes a jueves y de $12.000 los viernes, sábados y domingos.

Con esa entrada, el visitante recibirá un chequelibro con el que podrá obtener descuentos en librerías al finalizar la Feria.

Ingreso gratis: De lunes a jueves desde las 20.

Fecha: La Feria continúa hasta el 11 de mayo.

Horarios: De lunes a viernes de 14 a 22. Sábados, domingos y feriados, de 13 a 22.

Dónde: En La Rural, Av. Sarmiento 2704; Av. Cerviño 4476 y Av. Santa Fe (Plaza Italia), CABA.

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