En el marco de las jornadas sobre Educación y Empleabilidad organizadas por Ticmas durante la 50° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, y en colaboración con el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), el gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, dialogó con Cecilia Boufflet sobre la relación entre el sistema educativo y el mundo laboral.
El desarrollo del yacimiento de Vaca Muerta, en la vecina provincia de Neuquén, genera efectos económicos y productivos con alcance regional e internacional, que también implican oportunidades y desafíos para Río Negro. Estos retos requieren políticas públicas que atiendan las necesidades del territorio y de su población.
— Empecemos por el informe de Ticmas y la CAF, que señala la necesidad de acercar oferta y demanda laboral. Río Negro tiene la ventaja de que la infraestructura vinculada a Vaca Muerta, que conectará Neuquén con puertos de exportación, atravesará la provincia.
— Río Negro presenta economías regionales diversas y concentradas geográficamente. En la cordillera están Bariloche y El Bolsón, con una actividad turística vinculada internacionalmente; en el Alto Valle y Valle Medio predominan la fruticultura y la ganadería; y en la costa conviven pesca y turismo de verano, ahora en transición hacia un rol como hub exportador de gas y petróleo. La presencia de gas y petróleo junto a la agricultura plantea tensiones laborales y productivas que deben gestionarse con políticas adaptadas a cada realidad local.
— El desafío es diseñar políticas educativas y de formación laboral que sirvan a toda la provincia y, al mismo tiempo, se adapten a las economías locales. La expansión de Vaca Muerta impacta también a Río Negro. Una de las primeras medidas que implementamos fue, hace dos años, trabajar con el Instituto Argentino de Petróleo y Gas (IAPG) para actualizar currículas y equipamiento de escuelas técnicas. De las 39 escuelas técnicas provinciales, se actualizaron siete currículas orientadas a la industria del gas y el petróleo, con resultados en marcha desde hace un año. Destaca la participación de docentes y familias en el proceso; cuando se vincula la formación con la posibilidad concreta de empleo formal al finalizar los estudios, cambia la percepción y la aceptación del cambio curricular.
— Más allá del IAPG, ¿qué papel juega el sector privado y cómo se articula con el Estado para ampliar este desarrollo educativo?
— Existe preocupación y, a la vez, iniciativas de coordinación. En Neuquén se creó el Instituto Vaca Muerta con objetivos similares a los de la industria: cubrir la brecha entre empleos altamente calificados y los menos calificados. Las empresas requieren técnicos y operadores con manejo de herramientas y maquinaria asociada a la transformación tecnológica; por eso trabajamos en la reconversión de currículas de escuelas técnicas y en formación práctica vinculada a las obras y proyectos que atraviesan nuestro territorio.
— Un dato relevante es que 600 trabajadores del proyecto VMOs ingresaron inicialmente como ayudantes y, durante la obra, elevaron su calificación laboral; esto se logró con la participación de empresas como Techint, la UOCRA, la Secretaría de Energía y el Ministerio de Trabajo. Además, 600 mujeres hoy forman parte de la obra, un avance significativo. Hemos promovido la formación no solo en aulas sino también en las propias obras, que deben servir como espacios de capacitación.
— Se avecinan desafíos mayores: en Argentina varias plantas de GNL funcionan con buques (en lugar de trenes terrestres) y cada buque requiere tripulaciones muy especializadas, de 280 a 300 personas. En el país habrá varios buques operando, lo que obliga a acelerar la formación técnica. Desde la Secretaría de Energía trabajamos con el Southern Alberta Institute of Technology (SAIT) de Canadá para formar parte de esas tripulaciones, y coordinamos con Ticmas para capacitar a estos trabajadores. La especificidad y exigencia técnica de estas tareas exige más que la modificación de currículas escolares.
— Cuando hablo con gente de provincias como Neuquén, Salta o San Juan, percibo una expectativa de reconversión: muchas provincias se consideran beneficiarias de nueva demanda laboral, lo que genera migración interna sin claridad sobre las habilidades requeridas. ¿Cómo se gestiona esa migración?
— Los proyectos grandes generan expectativas importantes, por ejemplo cuando se estiman decenas de miles de puestos. Nuestro primer desafío es poner los pies sobre la tierra: son procesos de mediano y largo plazo y las industrias exigen altos niveles de formación. En Río Negro observamos migración interna —el año pasado ingresaron 3.800 personas—, un flujo significativo aunque manejable. Aplicamos medidas de protección razonables, como priorizar que el 80% de los puestos de estos proyectos sean ocupados por residentes de la provincia, reconociendo las limitaciones en calificaciones existentes. Además, impulsamos programas de formación masiva, entre ellos un curso de inglés para 10.000 personas, dirigido no solo a personal técnico sino a todos quienes interactuarán con la actividad económica del golfo: taxistas, mecánicos, mozos, cocineros, etc.
— Para un trabajo con interacción global…
— Necesitamos multiplicar herramientas para reducir brechas. Pasar de empleos locales (turismo, pesca, administración pública) a empleos con exigencia y competencia internacional no es sencillo. La provincia también avanza en minería: realizamos la primera exportación de oro y plata desde Calcatreu, Jacobacci, y un proyecto minero emplea 220 personas. Es significativo porque hace una década muchos de esos trabajadores ocupaban puestos de menor calificación. Tenemos dos vías paralelas: la formación de quienes hoy estudian y terminarán en varios años, y la reconversión de quienes ya trabajan y requieren capacitación inmediata.
— También hay un desafío salarial y de oferta laboral entre sectores público y privado.
— La configuración productiva de la provincia está cambiando. Sectores como la agricultura y la horticultura empiezan a competir por trabajadores especializados: mecánicos de tractores, choferes, personal de plantas de empaque. En el Estado, la competencia se siente sobre todo en la medicina, donde el sector privado ofrece salarios más atractivos y dificulta la cobertura de profesionales. También enfrentamos la pérdida frecuente de ingenieros, geólogos y otros técnicos hacia la industria. El reto es encontrar soluciones prácticas para incorporar a todos los perfiles necesarios, diferenciando entre lo coyuntural y los plazos mediano y largo.
Una debilidad estructural es la formación docente: contamos con nueve institutos de formación docente pensados para otra realidad provincial, y ya iniciamos el debate para reformarlos. Un ejemplo: Río Negro tiene una tradición en energía nuclear (Balseiro, INVAP); tras un rechazo social a un proyecto de centrales, aprendimos la lección y promovimos una tecnicatura en energía nuclear que superó ampliamente las expectativas: esperábamos 60–80 aspirantes y se inscribieron 2.000 personas, entre ellas muchos docentes.
— El informe de Ticmas y la CAF también destaca la necesidad de formación continua ante la innovación tecnológica y la inteligencia artificial. ¿Hay programas de reconversión para personas mayores de 35 o 40 años que necesiten un nuevo oficio?
— No tenemos aún un programa generalizado para esa franja etaria; no voy a decir que sí cuando no es así. Nuestra prioridad actual es responder con rapidez a la situación inmediata, concentrándonos en la formación requerida por el hub de gas y petróleo que se está desarrollando.

