19 de mayo de 2026
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Pérdida de oxígeno en ríos alarma a expertos

Un estudio internacional alerta que el cambio climático está reduciendo el contenido de oxígeno en ríos de todo el planeta, aumentando la probabilidad de aparición de zonas muertas y poniendo en riesgo tanto la biodiversidad acuática como las comunidades humanas que dependen de estos sistemas. Los investigadores señalan efectos ya observables en ríos emblemáticos como el Amazonas y el Ganges, según informó The Associated Press.

En las últimas décadas, el calentamiento global ha provocado una caída gradual del oxígeno disuelto en aguas fluviales. Esta tendencia compromete la supervivencia de peces y otros organismos acuáticos y puede desencadenar, a largo plazo, crisis ambientales que afecten la calidad del agua y la seguridad alimentaria de millones de personas que dependen de la pesca y de recursos hídricos locales.

El análisis, divulgado por The Associated Press, evaluó la evolución del oxígeno en más de 21.000 ríos desde 1985. Los científicos encontraron una disminución promedio del 2,1 % desde esa fecha, una reducción que podría intensificarse si la tendencia persiste o se acelera. El estudio proyecta que hacia finales de este siglo cuencas importantes en India, Sudamérica y el este de Estados Unidos podrían alcanzar niveles de oxígeno tan bajos que harían inviables amplias áreas para la vida acuática.

Pérdida de oxígeno en ríos: causas y proyecciones

La principal causa de la menor oxigenación es el calentamiento del agua asociado al aumento de las temperaturas globales: el agua caliente retiene menos oxígeno, lo que afecta la resiliencia de los ecosistemas fluviales. A esto se suman factores locales que agravan la pérdida de oxígeno.

Según el reporte citado por The Associated Press, si la tasa actual de pérdida se mantiene, el promedio mundial podría experimentar una reducción adicional cercana al 4 % hacia fines de siglo, alcanzando hasta un 5 % en algunos casos. El estudio estima que aproximadamente el 63 % de la disminución se debe al calentamiento del agua; el resto está vinculado a la contaminación por nutrientes (fertilizantes y descargas urbanas), la construcción de represas y alteraciones en los regímenes de caudal, que empeoran la oxigenación.

Qi Guan, autor principal del estudio, señaló a The Associated Press que la desoxigenación es “un proceso muy lento” cuya continuidad durante años provocará impactos crecientes y cada vez más difíciles de revertir en los ecosistemas fluviales.

Impacto en ecosistemas y regiones vulnerables

La reducción de oxígeno genera zonas muertas, donde la hipoxia (disminución parcial) o la anoxia (ausencia total) impiden la supervivencia de peces y otros organismos. Episodios de este tipo ya se han documentado en lugares como la bahía de Chesapeake y el lago Erie.

En el Amazonas, el análisis indica que la frecuencia anual de puntos con oxígeno crítico ha aumentado en torno a 16 días por década desde 1980. Un estudio citado por el profesor Marc Bierkens, de la Universidad de Utrecht, calcula que el “estrés por oxígeno” ha crecido globalmente alrededor de 13 días por década, y que la duración de las “zonas muertas” ha aumentado casi tres días por década. En el Ganges, a principios de este siglo, la pérdida de oxígeno llegó a ser hasta veinte veces superior al promedio global, lo que evidencia la especial vulnerabilidad de grandes ríos tropicales.

El geocientífico Karl Flessa, de la Universidad de Arizona, advirtió que la caída de oxígeno anticipa más zonas muertas, particularmente durante olas de calor, y que algunos ríos muestran una fragilidad tal que pequeños cambios pueden llevarlos rápidamente a condiciones críticas.

Consecuencias para las comunidades y acciones necesarias

Los niveles reducidos de oxígeno afectan directamente a las comunidades humanas: millones de personas dependen de la pesca y del acceso a agua limpia para su subsistencia, incluidos pescadores y poblaciones ribereñas. La pérdida de especies clave puede desestabilizar cadenas alimentarias y los medios de vida tradicionales.

La investigadora Emily Bernhardt, de la Universidad de Duke, indicó a The Associated Press que reducir la contaminación del agua es ahora más urgente, aunque será más difícil a medida que los ríos se calienten. Explicó que las temperaturas elevadas prolongan y intensifican los efectos de los contaminantes, aumentando la frecuencia y duración de episodios de hipoxia y anoxia.

El estudio reconoce que las mejoras en la gestión de contaminantes pueden verse limitadas por el avance del calentamiento global, lo que subraya la necesidad de acciones coordinadas para mitigar el cambio climático y gestionar de forma integral las fuentes de contaminación y las alteraciones hidráulicas.

Los niveles críticos de oxígeno en ríos pueden desencadenar periodos recurrentes de pérdida de biodiversidad, deterioro de la calidad del agua y daños a los medios de vida locales, por lo que los autores llaman a combinar políticas de reducción de emisiones con medidas locales de saneamiento, manejo de nutrientes y restauración de flujos para aumentar la resiliencia fluvial.

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