20 de junio de 2026
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Bandera: celeste y blanca

“Alta en el cielo un águila guerrera,

audaz se eleva en vuelo triunfal,

azul un ala del color del cielo,

azul un ala del color del mar”

(Aurora).

¿Por qué discutir los tonos de nuestra bandera y qué relevancia tiene hoy? A primera vista puede parecer un debate menor, pero el color de las franjas exteriores ha sido históricamente signo de identidades políticas y proyectos de país.

La confusión proviene en parte de la descripción original: Belgrano habló de un “azul celeste” junto a blanco (la enseña primitiva tenía solo dos campos). Desde entonces se enfrentaron dos tradiciones: los unitarios identificados con el celeste, y los federales que defendían un azul más oscuro. Durante la época de Rosas, por ejemplo, portar colores asociados al unitarismo podía acarrear sanciones. Un informe de 1840 relata cómo se ordenó separar a funcionarios que usaban prendas celestes, lo que ilustra que el color llegó a ser visto como emblema partidario y luego nacional.

Durante el gobierno de Rosas, el uso de colores asociados al unitarismo podía derivar en sanciones, en un contexto en que la bandera también expresaba alineamientos políticos

La primera bandera fue cosida por María Catalina Echevarría de Vidal en Capilla del Rosario (hoy Rosario) y izada el 27 de febrero de 1812 por Cosme Maciel. Pocas semanas después, el Triunvirato porteño prohibió su uso, pero Belgrano la volvió a desplegar el 25 de mayo de 1812 y la hizo bendecir en la catedral de Jujuy.

Belgrano usó la expresión “azul celeste”, que suele entenderse como el tono del cielo a media mañana. Los especialistas diferencian además otros términos como “azul cerúleo”, asociado al cielo en momentos de poca luz solar. Estas distinciones han alimentado interpretaciones diversas sobre cuál fue exactamente el color original elegido.

Investigadores del Conicet y de la Universidade Federal de Juiz de Fora estudiaron fibras de una de las banderas históricas más antiguas conservadas —la del Templo de San Francisco en Tucumán, vinculada a Bernabé Aráoz— y determinaron, mediante análisis espectroscópico y químico, que los extremos mostraban azul de ultramar. Ese resultado aporta evidencia científica sobre el tono empleado en algunas banderas tempranas, aunque la relación exacta con la bandera de Belgrano se sigue debatiendo.

El tema reapareció en la arena política en 2001, cuando el diputado Lorenzo Pepe propuso por ley que las franjas exteriores fueran “azul cerúleo”. La iniciativa generó polémica entre partidarios del celeste y defensores de tonos más oscuros y no prosperó.

Además, en la región rioplatense otros líderes eligieron combinaciones similares: José Gervasio Artigas usó azul y blanco cruzados por una franja roja en la bandera de los Pueblos Libres, enseña que adoptaron varias provincias litorales.

Desde la perspectiva heráldica, el azul es color reconocido mientras que el celeste no es tradicionalmente considerado heráldico. Se ha señalado que Belgrano, con experiencia europea, podría haber preferido el azul por sus connotaciones simbólicas —justicia, lealtad, prudencia— características que él valoraba.

También existe la hipótesis de que los colores respondían a una estrategia: mantener una apariencia afín a la monarquía española (la “máscara de Fernando VII”) para disimular las intenciones independentistas. En retratos de la Casa de Borbón puede apreciarse una banda azul-blanca-azul que algunos interpretan como un antecedente visual.

En suma, la disputa sobre celeste o azul no es solo una cuestión cromática sino un eco de las divisiones políticas del siglo XIX entre centralistas y federales, una de las grietas históricas que todavía influye en el país.

[Fotos: Todo es historia; Visuales Infobae]

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