La película La virgen de la tosquera reconstruye el verano de una chica que acaba la escuela secundaria en un barrio del conurbano bonaerense, en medio de una crisis económica y social. Natalia, la protagonista, atraviesa esa transición entre la adolescencia y la adultez con una historia personal que la obligó a madurar antes de tiempo.
Natalia (Dolores Oliverio), abandonada por sus padres, vive con su abuela Rita (Luisa Merelas) y mantiene una amistad cercana con dos compañeras (Candela Flores e Isabel Bracamonte). Su enamoramiento por Diego (Agustín Sosa), mayor que ella, y la aparición de Silvia (Fernanda Echevarría) —más experta, con vida en la capital y una fuerte capacidad de seducción— provocan en el grupo emociones intensas que van desde el deseo hasta la rabia. A la violencia emocional se suma un elemento fantástico: Natalia posee poderes inquietantes cuya manifestación deriva en una venganza impactante, que remite al clima de terror adolescente de relatos como Carrie.
Dirigida por Laura Casabé y con guión de Benjamín Naishtat, la película adapta dos cuentos de Mariana Enriquez incluidos en Los peligros de fumar en la cama. Estrenada en Sundance 2025 (la única película latinoamericana de ese ciclo), obtuvo varios reconocimientos, entre ellos cuatro premios en BAFICI, una mención en el Festival de Leeds y el premio a la Mejor Fotografía en Sitges.
Mariana Enriquez comentó que ella no había concebido originalmente esos dos relatos como una unidad, aunque lectores y adaptadores percibieron afinidades entre ellos. Para la autora, la lectura del conjunto destaca un mundo marcado por la crisis: un conurbano que no quiere ser definido como “marginal” sino como el territorio donde la crisis se hace visible en la vida cotidiana.
La película conserva la atmósfera típica de la narrativa de Enriquez: el calor agobiante, los cortes de luz, el deseo y la sexualidad juvenil, la irrupción de internet y los locutorios, la degradación pública (escenas cotidianas de abandono y descontrol), la violencia comunitaria, la búsqueda de culpables y la sensación de mal o maldición que recorre a los personajes.
La adaptación incorpora también novedades surgidas de la fusión de los cuentos: el perfil de la abuela gana peso y se amplían detalles sobre la sexualidad de las jóvenes. La película evita la espectacularidad y apuesta por una inquietud sostenida, que se construye tanto con grandes decisiones narrativas como con pequeños gestos cotidianos.
Enriquez participó como lectora y consultora del guión: realizó comentarios en distintos momentos del proceso pero delegó en los realizadores la resolución dramática y estética. La autora valoró que el equipo respetara la autonomía creativa de la película.
El título alude a las tosqueras, excavaciones a cielo abierto donde se extrae la tosca —una tierra roja usada en construcción— que, una vez abandonadas, se llenan de agua y se convierten en lagunas artificiales atractivas pero peligrosas por su falta de control y por la contaminación que suelen acumular.
Lo más destacado de La virgen de la tosquera es su capacidad para mantener la inquietud: ese clima se logra con detalles de puesta en escena —las tres chicas compartiendo un colectivo, gestos mínimos, la recreación de la comunicación por ICQ— y con elementos técnicos como la música, el vestuario, la escenografía y, de modo señalado, el diseño sonoro. El sonido no solo acompaña la imagen, sino que en muchas escenas plantea preguntas y genera una sensación de desestabilización emocional.
Enriquez valoró que la primera adaptación cinematográfica de su obra se haya hecho en Argentina y con una directora mujer, y subrayó la dificultad del momento político y económico para la industria nacional: que la película se concretara es, para ella, un síntoma de la resistencia de los creadores y de la fuerza del cine argentino.
Las chicas, el amor, la amistad y el 2001
La directora Laura Casabé explica que la idea de unir “La Virgen de la Tosquera” con “El Carrito” nació de manera orgánica: el cuento de “El Carrito” fue el primero que leyó de Mariana Enriquez y le resultó potente como metáfora de la crisis del 2001. Casabé concibió un coming of age de género ambientado en ese año y encargó el guion a Benjamín Naishtat, con quien fue trabajando las distintas versiones.
La producción enfrentó serias dificultades financieras, vinculadas a la inestabilidad económica y a cambios en las políticas públicas de apoyo al cine. Ante el riesgo de desfinanciación, el equipo optó por perseverar y buscó coproductores en España y México. Además decidieron trasladar el rodaje del conurbano bonaerense a Mendoza para acceder a incentivos locales (cash rebate), lo que permitió completar el proyecto. Así la película se filmó en gran parte en Mendoza con equipo local, en un proceso cooperativo que la directora define como expresión del cine independiente.
Mariana Enriquez acompañó el proyecto desde la consulta: leyó versiones del guion y ofreció devoluciones, y también participó aportando comentarios en el montaje. Casabé considera que el vínculo con la autora fue orgánico y enriquecedor, porque las observaciones se orientaron a la película y no exclusivamente a los cuentos originales.
El casting fue extenso y se orientó a buscar jóvenes realmente provenientes de los suburbios, no actores de ciudad que interpretaran ese mundo. Hicieron un casting abierto durante varios meses, lo que permitió descubrir talentos no muy conocidos en pantalla. Dolores Oliverio, intérprete de Natalia, fue una selección tardía pero decisiva: con formación en danza, aportó disciplina, presencia y una voz profunda que la directora consideró magnética. La película trabajó con un proceso de ensayos de alrededor de dos meses.
El personaje de Silvia se integró a través de la coproducción mexicana: Fernanda Echevarría fue elegida en un casting virtual, trabajó el acento con una coach y, al integrarse al rodaje en Mendoza, desarrolló plenamente su interpretación. La participación de Dady Brieva llegó en una etapa avanzada del casting: su incorporación fue rápida y se caracterizó por su compromiso con el trabajo de ensayos y la dinámica colectiva del equipo.
Casabé destaca el uso del sonido como herramienta narrativa que no reitera la imagen sino que la interroga, generando una sensación de inestabilidad acorde con la atmósfera de crisis que atraviesa la película.
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FICHA TÉCNICA
La Virgen de la Tosquera / The Virgin of the Quarry Lake
Países: Argentina, México, España
Año: 2025
Duración: 95 min
Idioma: Español
Dirección: Laura Casabé
Guión: Benjamín Naishtat
Basada en los cuentos “El Carrito” y “La Virgen de la Tosquera” incluidos en Los peligros de fumar en la cama, de Mariana Enriquez
Producción: Alejandro Israel, Valeria Bistagnino, Tomás Eloy Muñoz Lázaro, Diego Martínez Ulanosky, Ángeles Hernández, David Matamoros, Livi Herrera
Compañías Productoras: Mostra Cine, Ajimolido Films, Caponeto y Mr.Miyagi Films
Dirección de Fotografía: Diego Tenorio
Dirección de Arte: Soledad Guerrero
Diseño de Arte: Marina Raggio
Diseño de Vestuario: La Polilla Vestuario, Gustavo Alderete, Natalia González
Maquillaje: Elizabet Gora
Peinado: Ana Martínez
Montaje: Miguel Schverdfinger (AMEE), Ana Remón (SAE)
Dirección de Casting y Coach de Actores: Lisandro Bera
Diseño de Sonido: Laia Picón
Mezcla de Sonido: Yasmina Praderas Ramírez
Música Original: Pedro Onetto, Fabián Aranda
Dirección de Producción: Ariana Aisenberg
Productores Asociados: Marcelo Ortega, Mariano Morales, Pablo Udenio
Supervisión de Postproducción: Diego Quintana Enciso
Distribución en Argentina: BF París
Distribución Internacional: Filmax


