22 de junio de 2026
Buenos Aires, 11 C

Noches tropicales alarman a expertos en la ola de calor europea

La actual ola de calor en Europa ha vuelto a poner la atención en las llamadas noches tropicales, cuando las temperaturas nocturnas no descienden por debajo de 20 °C. Este fenómeno supone un riesgo nuevo para la salud pública en regiones poco acostumbradas a tales extremos, y ya ha motivado medidas de emergencia en ciudades como París y Madrid para mitigar el impacto de días muy calurosos y noches sin alivio.

Según Euronews, la ola de calor obligó a más de la mitad de los 96 departamentos franceses a declarar la alerta roja, con máximas que alcanzan los 40 °C y restricciones como la prohibición de consumir alcohol en festivales al aire libre.

El aumento de las noches tropicales preocupa a los especialistas por sus efectos directos en la salud. Ruth Engel, climatóloga del World Resources Institute (WRI), advirtió: “El calor nocturno suele subestimarse, pero puede ser especialmente peligroso porque la gente suele estar en casa y puede no tener acceso a espacios frescos con aire acondicionado”.

Qué son las noches tropicales y por qué afectan cada vez más a Europa

Muchas personas permanecen en sus hogares sin acceso a ambientes refrigerados (Imagen ilustrativa Infobae)

Una noche tropical se define cuando la temperatura mínima en un periodo de 24 horas permanece igual o por encima de 20 °C. Aunque es habitual en zonas de clima cálido, su presencia se ha vuelto más frecuente en varios países europeos durante los episodios de altas temperaturas.

Un informe de la Met Office, el servicio meteorológico del Reino Unido, señala que la probabilidad anual de registrar tres noches tropicales seguidas en julio ha aumentado del 1% en la era preindustrial al 20% en la actualidad, un cambio atribuido al avance del cambio climático.

España y Francia son de los países más afectados. Las previsiones apuntan a máximas próximas a los 40 °C en ciudades como Bilbao, Zaragoza, Almería y Madrid, mientras el sur de Inglaterra podría alcanzar los 38 °C, según la Met Office. Italia y Grecia registrarán valores más moderados, con Roma en torno a 35 °C y Atenas cerca de 30 °C.

El incremento de las noches cálidas va más allá del malestar térmico: estudios difundidos por Euronews Earth relacionan las temperaturas nocturnas elevadas con un aumento de la mortalidad, sobre todo entre personas mayores y quienes tienen enfermedades crónicas. Como respuesta, las autoridades de París decidieron mantener parques y jardines abiertos toda la noche y permitir el uso del canal Saint-Martin como lugar para refrescarse.

Riesgos para la salud y la vida urbana

Según Engel, el cuerpo necesita noches más frescas para regular su temperatura interna y recuperarse del calor diurno. Si no ocurre, aumenta el estrés cardiovascular y se producen alteraciones del sueño. “Cuando las viviendas se mantienen calientes durante la noche, la gente pierde la oportunidad de recuperarse de las temperaturas diurnas, lo que incrementa los riesgos”, advirtió.

Esta situación afecta la vida cotidiana y la organización de servicios públicos: algunos colegios estudian cambiar horarios de exámenes para proteger a estudiantes afectados por la falta de descanso. El fenómeno de la “carga térmica acumulada” —la exposición prolongada al calor— agrava los efectos negativos y reduce la capacidad de recuperación nocturna.

Aire acondicionado: solución parcial y nuevo reto ambiental

El uso del aire acondicionado en Europa se ha duplicado desde 1990, alcanzando entre 110 y 130 millones de unidades instaladas, aunque solo cubre aproximadamente una quinta parte de los edificios. Aunque el aire acondicionado puede salvar vidas durante olas de calor intensas, su expansión plantea un dilema ambiental: muchos equipos funcionan con electricidad generada a partir de combustibles fósiles y liberan hidrofluorocarburos (HFC) y hidroclorofluorocarburos (HCFC), gases con un potencial de calentamiento muy superior al del dióxido de carbono.

En las ciudades, materiales como el asfalto y el hormigón retienen el calor y dificultan el enfriamiento nocturno. Así se crea un círculo vicioso: mayor demanda de refrigeración implica más consumo energético y más emisiones que alimentan el calentamiento global.

Las noches tropicales han dejado de ser excepcionales en Europa y se han convertido en un indicador claro de la aceleración del cambio climático y de los nuevos desafíos urbanos y sanitarios que enfrenta la región.

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