China intensificó sus acciones en las aguas al este de Taiwán al calificar de ilegales las conversaciones entre Japón y Filipinas para delimitar fronteras marítimas en esa zona. La protesta coincide con un aumento de patrullas, advertencias por radio y ejercicios militares chinos en un corredor sensible para la seguridad de la isla y para rutas marítimas comerciales estratégicas.
El incremento de tensiones se produce mientras Washington envía señales contradictorias sobre su apoyo a Taipéi. El año pasado la administración de Donald Trump anunció una venta de armas a Taiwán por 11.100 millones de dólares, y otro paquete por 14.000 millones de dólares permanece pendiente de aprobación.
La nueva postura de Beijing quedó plasmada en una opinión jurídica del Instituto de Asuntos Marinos de China, dependiente del Ministerio de Recursos Naturales. El documento sostiene que el acuerdo de mayo entre Japón y Filipinas, que inicia negociaciones sobre límites marítimos, se adoptó “sin consultar a China” y “viola el derecho internacional”.
La disputa se centra en zonas económicas exclusivas superpuestas que reclaman Japón y Filipinas al este de Taiwán. China considera a Taiwán parte de su territorio y rechaza cualquier negociación sobre esas aguas que la excluya, por lo que objetó el acuerdo bilateral.
El instituto exigió que Japón y Filipinas “cesen de inmediato” su iniciativa y pasen a negociar con China. La demanda siguió a un aumento de la actividad de la guardia costera china este mes y a advertencias por radio a buques de investigación japoneses que operaban cerca de las islas Senkaku, administradas por Tokio y reclamadas por Beijing.
Además, China ha intensificado maniobras militares alrededor de Taiwán, incluidas operaciones en las aguas orientales de la isla. Esa actividad generó preocupación por la posibilidad de ensayos de bloqueo y por eventuales interrupciones en rutas marítimas de alto valor comercial.
Taipéi respondió que China “no tiene derecho a comentar” sobre asuntos que afectan su territorio y sus aguas, y elogió a Japón y Filipinas por intentar resolver sus diferencias marítimas mediante el diálogo y conforme al derecho internacional.
Tokio y Manila defendieron las conversaciones como un esfuerzo por aumentar la certeza jurídica en la región y aseguraron que el proceso se llevará a cabo “de acuerdo con el derecho internacional”.
Para Beijing, en cambio, esas negociaciones son una provocación. El mes pasado lanzó una “operación especial de control del tráfico marítimo” y desplegó buques de su guardia costera al este de Taiwán, un despliegue inédito en esa zona, según el informe.
El trasfondo estratégico
William Yang, analista senior para el noreste asiático de Crisis Group, dijo que las conversaciones entre Japón y Filipinas buscan presionar a China, que mantiene amplios reclamos en los mares de China Oriental y Meridional. Yang añadió que Beijing está aprovechando la negociación sobre zonas económicas exclusivas “como una apertura para ampliar sus operaciones de ejecución de la ley” y reforzar sus reclamaciones sobre Taiwán.
En 2024, Manila y Tokio firmaron un acuerdo de acceso recíproco que permite a sus fuerzas armadas entrenarse y realizar ejercicios en el territorio del otro, una medida destinada también a fortalecer la disuasión frente a China.
La guardia costera china informó que durante sus patrullas inspeccionó 198 buques que atravesaban la zona y “corrigió infracciones” en tres embarcaciones, además de efectuar relevamientos hidrográficos y patrullas cerca de cables submarinos.
Beijing defendió esas acciones como “totalmente justificadas y necesarias” para proteger su soberanía. Ni el gobierno japonés ni la oficina presidencial de Filipinas respondieron de inmediato a solicitudes de comentario.
En una declaración conjunta inusual, Reino Unido, Alemania y Francia manifestaron su alarma por las actividades de la guardia costera china al este de Taiwán. Estados Unidos también emitió una declaración a través de su oficina local de representación, aunque Yang consideró que fue relativamente contenida en comparación con respuestas de administraciones anteriores.
La mayor firmeza de China se produce después de que Trump planteara la posibilidad de utilizar las ventas de armas a Taiwán como moneda de cambio en negociaciones con Beijing, lo que generó dudas sobre la garantía de seguridad estadounidense para la autodefensa de la isla.
En mayo, durante una cumbre en Beijing, Trump y el presidente chino Xi Jinping acordaron mantener una política de “estabilidad estratégica”. Yang señaló que las señales mixtas percibidas desde Washington están creando una “ventana de oportunidad” que China podría aprovechar para ampliar sus reclamos.

