22 de julio de 2026
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Voluntariado profesional impulsa oportunidades de empleo juvenil

En Argentina, además de la escasez de oportunidades laborales, miles de jóvenes enfrentan una barrera que suele quedar fuera de las estadísticas: la falta de experiencia con el mundo empresarial, la ausencia de referentes profesionales cercanos y la carencia de una red que les permita imaginar y acceder a un futuro laboral. En ese contexto, el voluntariado profesional ayuda a reducir una brecha menos visible pero determinante: la del acceso al capital social.

“Empecé el camino con muchas dudas, miedos y pocas certezas. La única certeza que tenía era que quería salir adelante y convertirme en una mejor versión de mí misma”, recuerda María Luján Morienega, de 22 años, sobre su ingreso al programa Tu Empleo de Fundación EMPUJAR. Esa capacitación gratuita para el primer empleo combina herramientas prácticas para la inserción laboral con el acompañamiento de profesionales voluntarios. María buscaba trabajo, pero no sabía cómo se desarrolla una entrevista ni qué esperaría una empresa; durante su formación encontró profesionales que la escucharon, la motivaron y le mostraron que su objetivo era posible.

Magalí Quena, de 19 años y también egresada de Fundación EMPUJAR, describe una experiencia similar. Al recordar el acompañamiento recibido, asegura que la relación con sus mentoras fue clave para su crecimiento personal y profesional: “Me ayudaron a conectar con mis emociones, a conocerme mejor y a descubrir aspectos de mi identidad que antes no veía. Generaron un ambiente de confianza, respeto y calidez, donde pudimos reír, emocionarnos e incluso llorar, sintiéndonos siempre acompañados. Eso transforma vidas y ayuda a construir el futuro”.

No son historias excepcionales. Son historias que se repiten.

Cada año, miles de jóvenes participan en programas de inserción laboral como los de Fundación EMPUJAR con ganas de trabajar y de proyectar una vida. Muchos, sin embargo, llegan sin haber conversado antes con un profesional sobre cómo se desempeña una persona en una empresa, qué espera un empleador o cómo se construye una carrera. No por falta de talento, sino porque crecieron fuera de esos entornos.

Nadie sueña con lo que no conoce.

“Hay desigualdades que no siempre se explican por el nivel educativo, el ingreso económico o la experiencia laboral. Algunas empiezan mucho antes. Hay jóvenes que crecieron viendo a sus padres o familiares ir a una empresa y, sin darse cuenta, incorporaron códigos, expectativas y referencias sobre el mundo del trabajo. Otros nunca tuvieron esa oportunidad”, explica Florencia Segal, responsable de desarrollo institucional de Fundación EMPUJAR.

Segal agrega que “muchos jóvenes provienen de familias donde varias generaciones no accedieron al empleo formal o donde nunca hubo un profesional que explicara cómo prepararse para una entrevista, qué habilidades valoran las empresas o cómo es un día de trabajo en una organización. Es una diferencia silenciosa, pero profunda”.

Los especialistas denominan capital social al conjunto de vínculos, experiencias y referencias que amplían las oportunidades de una persona. No se trata solo de contactos: incluye acceso a información, consejos, modelos y conversaciones que ayudan a entender cómo funciona un determinado mundo.

Mientras algunos jóvenes construyen ese capital de forma natural en su entorno familiar, otros necesitan que alguien les tiende un puente. Ahí es donde el voluntariado profesional conecta dos realidades que rara vez se encuentran: la de quienes tienen experiencia laboral y la de quienes buscan su primera oportunidad.

El conocimiento también puede compartirse.

El voluntariado profesional dejó de ser una práctica aislada para convertirse en una estrategia más habitual en la acción social de las empresas. El informe Giving in Numbers 2024, de Chief Executives for Corporate Purpose (CECP), muestra que entre 2021 y 2023 las horas dedicadas al voluntariado por parte de colaboradores crecieron un 75% y que la participación de empleados en estas iniciativas también aumentó.

En Fundación EMPUJAR, más de 1.500 profesionales voluntarios participan cada año acompañando a jóvenes que buscan ingresar al empleo formal. Lo hacen mediante mentorías, simulaciones de entrevistas, talleres, visitas a empresas y espacios de intercambio donde comparten algo más que herramientas: su experiencia acumulada, aprendizajes y preguntas que acercan un universo laboral a quienes lo desconocen.

El valor del intercambio

“Cuando me inscribí como voluntaria pensé que iba a enseñar herramientas para conseguir trabajo. Con el tiempo entendí que el verdadero aprendizaje también fue para mí”, resume Valeria Fernández Tryskier, licenciada en Psicología y especialista en gestión de personas. Con más de 15 años en procesos de selección y desarrollo de talento, recuerda a Martín, un joven que en una simulación de entrevista encontró un punto de inflexión. “Me contactó meses después para contarme que había conseguido trabajo y cuánto había significado aquella conversación. Ahí entendí que una hora de nuestro tiempo puede tener un impacto mucho mayor del que imaginamos”, relata.

Para Laura Bacigalupo, con más de diez años en e-commerce, voluntariar en Fundación EMPUJAR fue una forma de participar en un proyecto con impacto social. Acompañó como mentora y coordinó equipos en proyectos laborales, y valora sobre todo el intercambio humano: “No se trata solo del impacto que yo generé, sino del que ellos provocaron en mí. Conocí jóvenes con historias distintas, ambición y ganas de crecer. Cumplí el objetivo de participar en algo que deja huella”.

Félix Benítez, de 19 años, destaca el acompañamiento como lo más valioso de su paso por la Fundación: “Es un lugar donde creen en el potencial de cada uno, incluso cuando nosotros mismos dudamos. Detrás de cada taller hay personas que dedican tiempo, experiencia y corazón para impulsarnos a construir un mejor futuro. Personas que apuestan por nosotros sin esperar nada a cambio”.

Ese intercambio explica por qué el voluntariado profesional tiene impacto en ambos sentidos: los jóvenes adquieren herramientas y amplían su red, y los voluntarios redescubren el valor de compartir conocimientos, abrir puertas y, a menudo, convertirse en el primer referente profesional para alguien.

“Tal vez ese sea el mayor aporte del voluntariado profesional: no solo compartir conocimientos o enseñar a afrontar una entrevista, sino acercar un mundo que para muchos jóvenes es lejano, ampliar sus horizontes y demostrar que el talento necesita oportunidades y también personas que crean en él”, concluye Segal.

Las historias de María Luján, Magalí, Félix y de las voluntarias Valeria y Laura muestran que el acceso al empleo también se construye a partir del capital social: el conjunto de vínculos, referencias y experiencias que permiten entender el mundo del trabajo y amplían las oportunidades de inserción laboral.

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