28 de julio de 2026
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Familia del secretario estudiantil de La Plata pide juzgar el caso como crimen de odio

La familia de Pablo Mieres (37), el secretario estudiantil de la Universidad Nacional de La Plata encontrado asesinado en su casa de la ciudad en junio del año pasado, pidió que el juicio se tipifique como un crimen de odio.

La causa tiene dos imputados: Nicolás Damián Arévalos (41) y Jonatan David Perunetti (35). El fiscal Gonzalo Petit Bosnic los imputó por homicidio doblemente agravado —por haberse cometido con el concurso premeditado de dos o más personas y por criminis causa— en concurso ideal con robo.

En un escrito presentado ante el Juzgado de Garantías y al que accedió Infobae, los abogados de la querella, Cristian Ariel González, Gastón Leandro Jesser y Sebastián Iturria, adhirieron al pedido de elevación a juicio formulado por la fiscalía, pero solicitaron ampliar la calificación penal al considerar que el ataque también tuvo un móvil de odio hacia la orientación sexual de la víctima.

Según la acusación, Arévalos y Perunetti actuaron de forma coordinada en la madrugada del 17 de junio de 2025, cuando entraron al domicilio de Mieres con la intención de apropiarse de objetos de valor, entre ellos una guitarra, una notebook, una billetera, un teléfono celular, tarjetas bancarias y un televisor.

Durante el hecho, la víctima fue golpeada, desnudada, atada de pies y manos y amordazada con un trapo. Testimonios de una vecina indican que Mieres estuvo con vida durante parte del ataque y pidió auxilio.

El informe forense atribuye la muerte a asfixia mecánica por estrangulamiento con una remera que llevaba la inscripción “DECENTE”, un elemento que los querellantes consideran significativo y no casual.

Los abogados de la querella sostienen que la combinación de hechos muestra una dimensión adicional de sometimiento y humillación que debe analizarse en relación con la orientación sexual de la víctima, su visibilidad pública y su militancia en la comunidad LGBTIQ+, además del conocimiento que los imputados tendrían sobre esa condición.

Argumentan que la forma de ejecución —la desnudez forzada, las ataduras, el amordazamiento, la prolongación del sufrimiento y el uso de una prenda con la inscripción mencionada— no parece explicable únicamente por el propósito de robar, sino que trasmite un mensaje de degradación y castigo dirigido a la identidad de Mieres.

Por ello, la querella concluye que el homicidio no se limitó a consumar un desapoderamiento o a asegurar la impunidad, sino que también incluyó un componente motivado por odio hacia la orientación sexual de la víctima.

El expediente señala además que la madrugada del crimen los agresores ingresaron al departamento en el marco de una reunión consentida.

Las cámaras de seguridad mostraron a Mieres caminando hacia la terminal de trenes, donde mantuvo una breve conversación con Arévalos. El secretario estudiantil regresó solo a su casa y, poco después, Arévalos fue filmado yendo hacia el lugar acompañado por Perunetti. A la 1:50 del 17 de junio se escuchó un grito; luego ambos se retiraron, y uno de ellos fue visto transportando objetos envueltos que ocultó temporariamente cerca del paso a nivel en las calles 44, 1 y 115.

El fiscal Petit Bosnic describió que los imputados eran conscientes de lo que iban a hacer al dirigirse en la madrugada al domicilio de la víctima, con quien al menos uno de ellos había tenido un encuentro. Según su análisis, la agresión ocurrió minutos después del ingreso, lo que indicaría que actuaron conforme a un plan y que el homicidio se produjo para encubrir el robo.

La querella, en cambio, sostiene que el móvil patrimonial explica la sustracción de bienes y la conexión entre robo y homicidio, pero no justifica plenamente la desnudez forzada, la humillación, la prolongación del padecimiento ni el uso de una prenda con la palabra “DECENTE” como instrumento de estrangulamiento.

Agregan que ese exceso de violencia y su carga simbólica permiten sostener que la finalidad patrimonial coexistió con una motivación discriminatoria: los imputados habrían matado para consumar el desapoderamiento o garantizar su impunidad, pero la manera en que lo hicieron también transmitió un mensaje de censura y castigo hacia la orientación sexual de Pablo.

La querella remarca además que los imputados conocían previamente a Pablo, habían tenido contacto con él y sabían de su orientación sexual, por lo que no se trataría de una característica desconocida o descubierta de forma casual durante el hecho.

Quién era la víctima

Mieres había llegado desde la provincia de Neuquén para cursar la carrera de Biotecnología en la Universidad Nacional de La Plata.

Desde sus primeros años en la universidad participó en diversas actividades y formó parte de las Brigadas Ramona Medina, colaborando en acciones solidarias durante la pandemia.

En la Secretaría de Asuntos Estudiantiles asumió responsabilidades y, según la UNLP, trabajó con dedicación, empatía y compromiso para atender las necesidades del claustro estudiantil, mostrando sensibilidad y escucha activa.

La facultad destacó que su paso por la institución dejó una huella por su sonrisa generosa, su presencia cálida y su compromiso con una universidad pública, inclusiva y solidaria.

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