29 de julio de 2026
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Reservas: calidad sobre cantidad

La acumulación de reservas volvió a ser un tema central en la discusión económica de Argentina. Tras una primera etapa apoyada en la disciplina fiscal, el ordenamiento monetario y la reducción de la inflación, el foco del mercado se desplazó hacia si el Banco Central puede convertir sus compras de dólares en una fortaleza sostenida para el sistema.

A simple vista hay datos favorables: el BCRA compró USD 4.386 millones en el primer trimestre y USD 2.770 millones en abril. Esa dinámica aporta mayor oferta de divisas, un mercado cambiario más ordenado y una mayor capacidad de intervención por parte de la autoridad monetaria.

Sin embargo, comprar dólares no siempre equivale a aumentar reservas netas. En marzo, por ejemplo, el BCRA registró compras por USD 1.671 millones, pero las reservas internacionales cayeron USD 3.514 millones y cerraron en USD 42.052 millones. Esa reducción respondió a menores encajes en moneda extranjera, pagos a organismos internacionales, cancelaciones de instrumentos, variaciones en la valuación de activos y otros egresos.

El dato bruto de reservas es relevante, pero insuficiente

Es clave distinguir entre el flujo (compras) y el stock (reservas efectivas). Más importante que el monto comprado es cuánto queda efectivamente en el balance, qué parte es líquida, qué porción está comprometida y cuánto depende de revaluaciones de los activos que integran las reservas.

El oro ilustra bien este punto. En el informe semanal del BCRA al 7 de mayo de 2026, el saldo de oro, neto de previsiones, se valuó en torno a $13 billones, lo que al tipo de cambio mayorista de esos días equivale a cerca de USD 9.300 millones, consistente con unas 2 millones de onzas troy. Frente a reservas brutas de USD 45.657 millones al 4 de mayo, el oro representaba alrededor del 20% del total.

La sensibilidad entre el precio del oro y las reservas es significativa. Si el precio por onza cae 10% se reducirían cerca de USD 930 millones; una baja de 20% implicaría unos USD 1.860 millones y una corrección de 30% restaría en torno a USD 2.800 millones. No es un efecto menor: equivale a varios días de compras del BCRA o a una porción sustantiva del poder de intervención de la autoridad monetaria.

Las administraciones subnacionales también captaron recursos

El escenario para el oro no es necesariamente adverso en el mediano plazo: aunque haya corregido desde sus máximos y enfrente presión por tasas largas más altas, bancos como JPMorgan mantienen proyecciones favorables para 2026, con expectativas de recuperación hacia fines de año. No obstante, una suba de rendimientos de bonos del Tesoro o un dólar más fuerte podrían presionar los precios del oro y, por ende, la valuación de las reservas.

Otro punto crítico es que parte de la oferta extraordinaria de dólares podría comenzar a moderarse. El sector agroexportador seguirá siendo una fuente central de divisas: la Bolsa de Comercio de Rosario proyecta liquidaciones por USD 36.111 millones para 2026, pero la entrada de divisas tiene estacionalidad. En abril el complejo agroexportador liquidó USD 2.495 millones, mejor mes a mes, pero en el cuatrimestre acumuló USD 7.667 millones, un 11% menos interanual.

Eso exige prestar atención a la segunda mitad del año. La cosecha gruesa concentra el mayor flujo entre abril y julio; cuando esta entrada pierda intensidad, el BCRA necesitará otras fuentes: energía, minería, financiamiento corporativo, inversión directa, organismos multilaterales o mayor acceso al crédito.

Que el BCRA compre dólares es positivo, pero hay que mirar más que el volumen comprado

Algunas de esas fuentes ya anticiparon parte de su contribución. En el primer trimestre, las empresas colocaron USD 3.930 millones en obligaciones negociables, con fuerte protagonismo del sector energético. Ese apoyo fue útil, pero no infinito: las empresas con mejor calificación aprovecharon la ventana y el mercado será más selectivo ante nuevas emisiones.

De forma similar, las provincias accedieron al mercado: Chubut colocó USD 650 millones a diez años y, en conjunto, los gobiernos subnacionales obtuvieron más de USD 3.800 millones. Es una señal de normalización financiera, pero también indica que una parte importante de la oferta subsoberana ya se materializó y puede no repetirse con la misma intensidad.

Por eso la discusión sobre reservas entra en una etapa más exigente. No alcanza con mostrar que el BCRA compra dólares cuando coinciden cosecha, emisiones corporativas, emisiones provinciales y un oro en alza; la prueba será si puede seguir acumulando cuando esos factores se atenúen.

Que el BCRA compre dólares es una buena noticia, pero hay que evaluar cuánto queda, cuánta liquidez real aportan esas compras, cuánto es de titularidad propia, cuánto depende del oro y cuánto proviene de flujos transitorios.

En la etapa actual del programa económico, la cantidad de reservas importa, pero la calidad y la persistencia importan más. Si la oferta extraordinaria de dólares comienza a agotarse, el mercado dejará de conformarse con una foto y exigirá una trayectoria más convincente.

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