La disminución de la natalidad está transformando los sistemas educativos y plantea retos inmediatos para escuelas, gobiernos y comunidades.
En los países de la OCDE las tasas de fecundidad llevan años por debajo del nivel de reemplazo (2,1 hijos por mujer), lo que cambia la estructura etaria y complica la planificación de servicios públicos, incluida la educación.
Los efectos ya son visibles en sistemas escolares de distintos países, con bajadas de matrícula que obligan a repensar la oferta educativa y la gestión de centros y recursos.
Un caso emblemático es Grecia: más de 700 escuelas y jardines de infantes no iniciaron el ciclo 2025 por no alcanzar el mínimo legal de alumnos, según medios europeos.
Esas suspensiones representan más del 5% de los establecimientos y afectan tanto zonas rurales como urbanas, incluida la región de Ática, debido a una caída sostenida de los nacimientos.
En América Latina la caída de la natalidad avanza a ritmos distintos; el IIPE-UNESCO estima cerca de 1,2 millones menos de nacimientos entre 2015 y 2023.
Si la tendencia continúa, hacia 2030 podría haber alrededor de 11,5 millones menos de niños y adolescentes en edad escolar respecto de 2020, con reducciones iniciales en los niveles inicial y primario.
Frente a esto, la planificación educativa debe redefinirse: reorganizar la oferta educativa, optimizar la infraestructura y ajustar esquemas de financiamiento para mejorar la eficiencia.
También son necesarias la redistribución de cargos docentes y la modernización de los sistemas de información para anticipar cambios demográficos y planificar con datos más precisos.
Expertos señalan que menor matrícula no equivale necesariamente a menos inversión, sino a la oportunidad de reasignar recursos y reducir brechas de calidad y equidad.
En Europa las autoridades argumentan que los cierres responden a criterios demográficos y normativos, con excepciones territoriales para garantizar el acceso en islas y zonas fronterizas.
En Asia oriental, Japón y Corea del Sur enfrentan problemas similares y han implementado subsidios y políticas familiares con resultados limitados.
Corea del Sur mantiene una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo y su sistema universitario atraviesa cierres y reestructuraciones por falta de estudiantes.
Japón debe adaptar escuelas y universidades a cohortes reducidas en un contexto de envejecimiento poblacional acelerado.
La tendencia abre además oportunidades para incorporar a la generación de adultos mayores en la educación y el mercado laboral mediante políticas de formación continua.
La UNESCO subraya la necesidad de garantizar oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida, promoviendo programas intergeneracionales y estrategias de formación continua.
En Argentina la caída ha sido especialmente pronunciada: los nacimientos se redujeron cerca de un 40% en la última década, con impacto ya perceptible en la matrícula inicial y primaria.
Especialistas y responsables educativos discuten en espacios técnicos medidas como la redistribución docente, la reorganización territorial y la actualización de la planificación.
Aunque todavía no es una prioridad política en todos los países, la tendencia demográfica anticipa cambios estructurales que obligan a repensar la educación a mediano y largo plazo.
En economías avanzadas con fuertes redes de bienestar, el desafío ya no es ampliar el sistema sino asegurar su sostenibilidad financiera, reorganizar la fuerza docente y diseñar políticas que mantengan calidad, equidad e inclusión frente a la contracción demográfica.


