6 de agosto de 2026
Buenos Aires, 9 C

Taiwán activa la punta de lanza de la estrategia puercoespín

Al amanecer, los marines taiwaneses se desplegaban entre diques, espigones y carreteras costeras mientras vehículos anfibios se acercaban a la playa y operadores de drones buscaban posiciones de vigilancia. Aunque, sobre el mapa, el posible adversario seguía a unos 130 kilómetros, al otro lado del estrecho, para las fuerzas locales la contienda ya había empezado.

La incorporación esta semana del nuevo Comando de Operaciones Litorales en las maniobras Han Kuang —los mayores ejercicios anuales de la isla— supone el desarrollo de la pieza central de la llamada estrategia del “puercoespín”, una doctrina, reforzada por las lecciones de la guerra de Ucrania, cuyo objetivo es disuadir a Pekín mostrándole que una invasión sería demasiado costosa.

La activación del mando coincide con una mayor presión militar china: antes de las maniobras, el Ejército Popular de Liberación desplegó 21 aviones de combate y nueve buques alrededor de la isla, en la que Pekín denomina su “patrulla de preparación para el combate”, la vigésima de este tipo en lo que va de año. En los últimos meses, estas operaciones se han vuelto habituales, alternando ejercicios de cerco con incursiones aéreas y navales destinadas a desgastar y acostumbrar a Taiwán a una presión constante.

En Taipéi se da por sentado que no es posible competir con el vasto poder militar chino. Por eso sus maniobras no buscan derrotar a Pekín en una batalla convencional, sino transformar cualquier intento de invasión en un problema logístico y táctico extremo: dificultar y encarecer tanto el desembarco que el agresor desista.

El puercoespín ha pasado a ser la metáfora central de esta doctrina defensiva: no se vence por fuerza bruta sino porque atacarlo provoca un coste humano y material intolerable. Esa lógica guía ahora la planificación militar taiwanesa, reforzada por la observación de la resistencia ucraniana frente a Rusia.

Objetivo: que las tropas chinas no tomen tierra

El nuevo Comando de Operaciones Litorales está diseñado para impedir que las primeras oleadas de tropas enemigas logren desembarcar. Mientras la Armada trabaja para frenar una flota de invasión en alta mar y la Fuerza Aérea busca mantener el control del espacio, las unidades costeras se posicionan en playas, puertos e infraestructuras para convertir el litoral en una trampa defensiva.

Si las primeras fuerzas consiguen llegar a la orilla, estos marines deben ejecutar contraataques rápidos antes de que puedan llegar carros de combate y artillería pesada. Mantienen además una presencia continua en islas expuestas del estrecho —Kinmen, Matsu y Penghu—, situadas a pocos kilómetros de la costa china continental.

Durante décadas el entrenamiento se centró en enfrentamientos convencionales; ahora las tropas se preparan para operar en pequeños grupos muy móviles, cambiando de posición con frecuencia, ocultándose en terreno accidentado y recurriendo a emboscadas.

El armamento refleja ese cambio: además de los vehículos anfibios AAV-7 aún en uso para transporte, la defensa se apoya cada vez más en misiles antibuque camuflados, minas navales, armas anticarro portátiles, morteros ligeros, sistemas antiaéreos de corto alcance y enjambres de drones de reconocimiento y ataque.

No buscan destruir toda la flota china, sino convertir cada playa potencial en un objetivo demasiado peligroso y caro para un desembarco exitoso. Esa es la idea que guía los diez días de maniobras de agosto.

20.000 reservistas

En esta edición se movilizan unos 20.000 reservistas. El Ministerio de Defensa ha detallado que los ejercicios incluyen simulaciones para romper un hipotético bloqueo naval chino, el traslado de arsenales estratégicos, la movilización de industrias civiles, la protección de infraestructuras críticas y, por primera vez, la ralentización deliberada de la red móvil en determinadas zonas para evaluar la respuesta ante un ataque a los cables submarinos que conectan la isla con el exterior.

La experiencia ucraniana está muy presente: se practica el uso masivo de drones baratos para obligar al adversario a gastar misiles de precisión costosos, y se introducen procedimientos de mando inspirados en el modelo estadounidense. Ante la posible interrupción de centros de comunicaciones, los oficiales subordinados deben repetir y confirmar las órdenes a sus superiores para garantizar comprensión y permitir la descentralización de decisiones, de modo que las unidades sigan operando aún si los mandos quedarían aislados.

El ministro de Defensa, Wellington Koo, resumió el propósito: asegurar que una invasión a gran escala “fracase”. No se trata de prometer la derrota de China, sino de impedir que alcance sus objetivos.

Tradicionalmente la supervivencia de Taiwán se ha apoyado en la posibilidad de apoyo militar estadounidense. Sin embargo, declaraciones recientes del presidente Donald Trump, afirmando que no recorrería “9.500 millas para librar una guerra”, han reforzado la idea en la isla de que, ante el peor escenario, Taiwán debe estar preparado para resistir por sí misma durante el mayor tiempo posible.

Artículo anterior

Abelardo de la Espriella, presidente disruptivo

Continuar leyendo

Últimas noticias

Comienza el Mundial en: