Un estudio reciente del arqueólogo John MacGinnis ha reabierto el debate sobre la altura real de las murallas de la antigua Babilonia. Según su investigación, estos muros defensivos podrían haber alcanzado entre 20 y 23 metros, valores superiores a las estimaciones habituales.
La conclusión se apoya en un análisis conjunto de datos arqueológicos, textos antiguos y representaciones iconográficas, que ofrecen una perspectiva revisada sobre la magnitud de la arquitectura defensiva en la Mesopotamia antigua.
Determinar las alturas originales resulta complejo porque muchas de estas estructuras se construyeron en adobe, material que se degrada con facilidad y dificulta su conservación. Aun así, la combinación de fuentes escritas y restos estructurales permite reconsiderar la escala que pudieron alcanzar estas defensas.
En conjunto, estas evidencias permiten reinterpretar la monumentalidad de Babilonia, una de las ciudades más destacadas del mundo antiguo.
Evidencias arqueológicas e históricas
MacGinnis adopta un enfoque amplio que reúne inscripciones del periodo acadio, referencias de gobernantes como Naram-Sin y el estudio de relieves palaciegos. Algunos textos acadios mencionan fortificaciones con segmentos equivalentes a 44 codos mesopotámicos, aproximadamente 22 metros. El autor subraya que no se conocen limitaciones técnicas que impidieran la construcción de muros de esas dimensiones.
La investigación analiza también otras ciudades relevantes para la tradición militar mesopotámica. Según registros del reinado de Sennacherib, Nínive tuvo murallas que se estiman entre 24 y 32 metros, dependiendo del espesor del ladrillo. Aunque los restos supervivientes no alcanzan esas alturas, en los yacimientos se han documentado tramos próximos a 15 metros, lo que respalda en parte las cifras antiguas.
La precisión de las proporciones entre puertas y muros, observable en relieves y restos arquitectónicos, sirve para estimar alturas. Por ejemplo, la puerta consagrada al dios Nergal en Nínive permite calcular una muralla cercana a 20,5 metros y torres que podrían llegar a 23 metros, reforzando la hipótesis de estructuras de gran envergadura.
Las murallas de Babilonia
El análisis de MacGinnis se centra en el sistema defensivo de Babilonia, formado por dos murallas principales —Imgur-Enlil y Nemetti-Enlil— y un considerable terraplén exterior de ladrillo cocido. Las fuentes mesopotámicas registran renovaciones y refuerzos realizados por Nabopolasar, Nabucodonosor II y Nabonido, que ampliaron y fortalecieron las fortificaciones.
Según las estimaciones del autor, la muralla Imgur-Enlil tendría al menos 15 metros en su sección base, con almenados de alrededor de 2 metros y torres que sobresalían entre 3 y 6 metros, lo que daría una altura total probable entre 20 y 23 metros. El muro exterior podría haber alcanzado unos 13 metros.
Estos resultados concuerdan con testimonios de historiadores clásicos como Ctesias, Diodoro y Estrabón, quienes mencionaron alturas próximas a 25 metros y anchuras que permitían el paso simultáneo de varios carros. Aunque autores antiguos a veces exageraron —por ejemplo, Heródoto habló de muros de 100 metros—, las cifras entre 20 y 25 metros son compatibles con las evidencias arqueológicas y las posibilidades constructivas del adobe.
El estudio muestra que factores como la compresión en la base del adobe, el uso de contrafuertes y el revestimiento puntual con piedra permitían levantar muros elevados sin colapso aparente.
La resistencia del adobe y su huella en la historia
MacGinnis no solo describe dimensiones; también aborda los retos técnicos de elevar muros en adobe. Basado en experimentos y en el análisis de la resistencia mecánica de los materiales, concluye que en contextos urbanos monumentales las murallas podían alcanzar hasta 23 metros, y en secciones especialmente reforzadas incluso superar los 25 metros merced a mayores bases y técnicas de estabilización.
Este replanteamiento de la escala de las murallas mesopotámicas redefine aspectos del urbanismo oriental antiguo y confirma la capacidad técnica de sus constructores. El estudio aporta respaldo científico a indicios de fuentes clásicas y de textos mesopotámicos, apoyando la idea de que esas fortificaciones superaban sistemáticamente los 20 metros.
Además de su función militar, estas murallas simbolizaban el poder y la sofisticación cultural de Babilonia, constituyéndose en hitos visibles del antiguo Próximo Oriente. Su notable escala sigue sorprendiendo a la arqueología moderna y subraya la importancia estratégica, religiosa y económica de la ciudad.
El avance derivado de este trabajo resalta la utilidad de integrar fuentes múltiples y demuestra que muchos relatos antiguos no eran puro mito, sino que encuentran respaldo en la evidencia arqueológica y científica actual. En suma, Babilonia y sus murallas recuperan un perfil monumental que confirma su lugar entre las grandes urbes de la antigüedad.


