15 de enero de 2026
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Gigantes de hielo para Urano y Neptuno en duda

En los confines del sistema solar, donde la luz solar es apenas perceptible y el frío es persistente, dos planetas enigmáticos ponen a prueba las clasificaciones establecidas por la ciencia.

Urano y Neptuno han sido habitualmente denominados “gigantes de hielo”, una etiqueta cómoda pese a sus incertidumbres. Sin embargo, una investigación reciente sugiere que nuestras ideas sobre estos mundos podrían estar sujetas a revisiones importantes.

Un misterio intacto en las fronteras del sistema solar

A más de 2.500 millones de kilómetros de la Tierra, Urano y Neptuno giran bajo atmósferas sombrías y temperaturas extremas. Durante años se los agrupó como “gigantes de hielo”, pero un estudio de la Universidad de Zúrich publicado en Astronomy & Astrophysics plantea dudas sustanciales sobre esa clasificación y abre un debate sobre la verdadera naturaleza de estos planetas.

La investigación no solo cuestiona certezas anteriores: evidencia cuánto desconocemos aún sobre los extremos del sistema solar. La composición y estructura interna de estos mundos siguen siendo preguntas abiertas en la astronomía moderna.

Etapas de una clasificación que se quiebra

El esquema tradicional distinguía mundos rocosos cerca del Sol, gigantes gaseosos más allá y, en los límites, “gigantes de hielo” formados por grandes cantidades de agua y otros volátiles congelados. Ese marco facilitaba comparaciones y ordenamientos, pero puede ser demasiado rígido.

El equipo liderado por Luca Morf y Ravit Helled adoptó un enfoque distinto: partieron de los datos disponibles —masa, radio y campos gravitatorios obtenidos por Voyager 2 y observatorios— y construyeron modelos flexibles que permiten distintas proporciones de roca, hielo y gas sin imponer composiciones fijas.

El resultado indica que Urano y Neptuno podrían tener interiores dominados por roca, por agua, o por mezclas variables; las fronteras entre “gigantes de hielo” y otras categorías se vuelven difusas. Los autores destacan que la clasificación previa puede obedecer más a convenciones prácticas que a certezas comprobadas.

Un rompecabezas de capas, materiales y fuerzas desconocidas

Lo que ocurre bajo las atmósferas azules es complejo. En ausencia de observaciones directas, los avances dependen de modelos cada vez más sofisticados. Este estudio emplea algoritmos que exploran millones de combinaciones internas y descartan aquellas incompatibles con la masa, el radio y otros parámetros observables.

Una conclusión relevante es la posible presencia de grandes cantidades de material rocoso donde antes se imaginaban extensos mantos de hielo. La proporción entre roca y agua puede variar considerablemente entre modelos y entre los propios planetas.

El trabajo también analiza la fracción de hidrógeno y helio en las capas externas, factores clave para entender el origen y la dinámica interna. Aunque los resultados son preliminares, subrayan que ni Urano ni Neptuno pueden describirse mediante un único escenario definitivo.

Las verdaderas implicancias para la ciencia planetaria

Revisar la composición de Urano y Neptuno implica más que un cambio de etiqueta: modifica las hipótesis sobre la formación de planetas en el sistema solar y, por extensión, de exoplanetas con masas y tamaños similares. Comprender la física de estos cuerpos cercanos es urgente para interpretar planetas hallados a años luz.

La diversidad de modelos internos obliga a reconsiderar teorías sobre la evolución térmica, la migración durante la etapa del disco protoplanetario y la interacción entre capas interiores y atmósferas.

Asimismo, sus complejos campos magnéticos —inclinados, con geometrías inusuales y múltiples polos— plantean un reto adicional. Los modelos actuales sugieren que capas profundas de agua iónica podrían contribuir a esas magnetosferas, pero cualquier conclusión firme depende de hipótesis aún por verificar.

Límites y el futuro de la clasificación planetaria

El estudio subraya la cantidad de incertidumbres: desde la física de materiales bajo presiones y temperaturas extremas, hasta el papel de compuestos como el metano y el amoníaco y la influencia de vientos y dinámicas internas difíciles de modelar.

La vía para resolver estas dudas pasa por nuevas misiones espaciales que diagnostiquen directamente Urano y Neptuno. Europa y Estados Unidos han propuesto desde hace años misiones capaces de penetrar sus atmósferas y recoger datos in situ. Sin esos datos, solo podrán cerrarse algunas lagunas mediante modelos teóricos más avanzados.

Esta investigación no es solo una revisión técnica: es un llamado a la prudencia. Donde se creía tener respuestas claras, reaparecen dudas. La distinción entre “gigantes de hielo”, “gigantes de gas” o “gigantes rocosos” resulta, por ahora, imprecisa y provisional. La naturaleza de estos planetas es más compleja de lo que las clasificaciones tradicionales solían indicar.

Mientras tanto, Urano y Neptuno seguirán orbitando en los límites del sistema solar, manteniendo intactos muchos de sus secretos. Entenderlos es clave para reconstruir la historia del sistema solar y para interpretar la diversidad de mundos extrasolares; en astronomía, cada respuesta profunda suele abrir nuevas preguntas.

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