15 de enero de 2026
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Woolton Pie y racionamiento: cómo cambió la alimentación infantil en el Reino Unido

Durante la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido sufrió una crisis alimentaria cuando el bloqueo naval alemán redujo a la mitad sus importaciones de alimentos.

Para evitar la hambruna se instauró un sistema de racionamiento estricto que aseguró el suministro básico y mejoró la salud pública, sobre todo en la infancia. Ocho décadas después, esas políticas siguen influyendo en las normas alimentarias escolares británicas, según National Geographic.

En los años previos a la guerra, el país importaba alrededor de 22 millones de toneladas de alimentos al año, casi dos tercios de su consumo. A partir de 1939 los ataques de submarinos alemanes interrumpieron las rutas desde Canadá y Estados Unidos, y las importaciones cayeron a 11,5 millones de toneladas.

A nivel mundial la desnutrición causaba más muertes que el propio conflicto, pero National Geographic señala que los británicos «disfrutaron de la dieta más saludable que jamás habían tenido» durante ese periodo.

La revolución del racionamiento y su impacto social

El diseño del racionamiento correspondió a Jack Drummond, bioquímico y principal asesor del Ministerio de Alimentos.

Drummond y su esposa, Anne Wilbraham, ya habían identificado carencias y excesos en la dieta británica en su libro The Englishman’s Food.

A partir de 1939, el Ministerio le encargó crear una política de racionamiento basada en evidencia para igualar el acceso a nutrientes esenciales y limitar excesos.

Las medidas priorizaron alimentos ricos en vitaminas, como pan, leche y verduras, y establecieron raciones equitativas mediante cupones ajustados a la disponibilidad.

Para aprovechar mejor el espacio en los barcos mercantes se promovieron productos deshidratados, como leche y huevos en polvo, y se redujo significativamente la importación de frutas, frutos secos y huevos frescos.

También se limitó el azúcar, cuya importación se redujo a la mitad, con efectos positivos en la salud pública.

Los resultados se tradujeron en mejoras colectivas: la mortalidad infantil descendió a niveles históricos, la estatura media de los niños aumentó y bajaron las enfermedades relacionadas con la alimentación. National Geographic afirma: «Al final de la guerra, la mayoría de ellos estaban más sanos que al inicio».

El racionamiento fijó cantidades semanales de básicos: 113 gramos de panceta y jamón, 57 gramos de manteca y de queso, la misma cantidad de margarina y grasas para cocinar, 227 gramos de azúcar, una ración de carne según el precio y 57 gramos de té.

Mensualmente se autorizaba poco más de un litro de leche fresca o su equivalente en polvo, un huevo fresco y otro en polvo, y medio kilo de conservas de fruta cada dos meses. La población cultivó huertos en solares y jardines. Ante la escasez de carne surgió el Woolton Pie, una tarta vegetariana a base de verduras y levadura.

Legado y vigencia de las políticas nutricionales

Tras la guerra, el racionamiento se mantuvo hasta 1954. En 1953, al levantar el primer ministro Winston Churchill algunas restricciones sobre el azúcar y los caramelos, se produjo un «furor por el azúcar» y reaparecieron problemas como la obesidad y la diabetes tipo 2.

Con el fin del control estatal la dieta se desequilibró y volvieron enfermedades asociadas a malos hábitos alimentarios.

El modelo británico y el trabajo de Drummond recibieron reconocimiento internacional; la Asociación Americana de Salud Pública lo calificó como «una de las mayores demostraciones de administración de salud pública que haya visto el mundo».

Aunque el racionamiento concluyó en 1954, National Geographic destaca que las normas estrictas desarrolladas entonces siguen siendo la base de los menús escolares en el Reino Unido.

La ciencia nutricional aplicada en ese periodo continúa orientando la alimentación infantil en las escuelas, mostrando cómo una crisis puede derivar en respuestas duraderas para el bienestar social.

Hoy esa disciplina alimentaria rigurosa ya no rige la vida cotidiana de la mayoría de las familias, pero las escuelas mantienen un enfoque nutricional riguroso que preserva el legado del racionamiento, según enfatiza National Geographic.

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