15 de enero de 2026
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Rasgos de asesinos seriales según la psicología forense

Entender por qué algunos de los peores asesinos seriales cometen crímenes atroces mientras aparentan normalidad es todavía un reto para la psicología forense.

Este enigma ha suscitado interés tanto en especialistas como en el público y ha impulsado la búsqueda de factores comunes. Un informe de GQ señala que, si bien se identifican elementos recurrentes, no existe un único rasgo que explique todos los casos.

Trastornos de personalidad y antecedentes de trauma

Entre los factores más frecuentes figuran trastornos de personalidad, especialmente rasgos psicopáticos y antisociales, según GQ.

Casos como los de Jeffrey Dahmer o Ed Gein ilustran perfiles marcados por manipulación, falta de empatía, ausencia de culpa y una visión utilitaria del otro. La psicopatía no equivale necesariamente a violencia, pero cuando se combina con impulsividad, sadismo o una necesidad extrema de control, aumenta la probabilidad de conductas homicidas.

Otro patrón común es la exposición a traumas tempranos. Muchos perpetradores registran antecedentes de abuso físico, sexual o emocional, abandono o entornos familiares violentos.

Esas experiencias alteran el desarrollo emocional, fomentan ira profunda y pueden alimentar fantasías de poder y venganza que, con el tiempo, derivan en conductas peligrosas.

Manifestaciones previas de violencia y ritualización

Antes de llegar al homicidio, la conducta de estos individuos suele mostrar manifestaciones previas de violencia. GQ menciona, por ejemplo, denuncias por estallidos de ira en casos como el de O. J. Simpson. La crueldad hacia animales, los incendios intencionales, el voyeurismo, el acoso y las agresiones sexuales aparecen con frecuencia en sus historiales.

Estos actos funcionan a modo de ensayo: normalizan la transgresión de límites y reducen el umbral moral, facilitando que el asesinato sea percibido como un medio para obtener dominio, humillación o gratificación emocional.

La fantasía intensa y la ritualización también son comunes. Los crímenes rara vez son puramente impulsivos; suelen planificarse y repetirse con patrones en la elección de víctimas y en los métodos empleados.

Según el análisis de GQ, para muchos agresores el homicidio reafirma una identidad y proporciona una sensación de control absoluto, lo que conduce a una actuación sistemática y metódica.

Los expertos concluyen que la violencia extrema de los asesinos seriales surge de la interacción compleja entre predisposiciones individuales, influencias ambientales y aprendizajes distorsionados. Solo un estudio integral de estos factores permite acercarse a una comprensión más profunda de un fenómeno caracterizado por la normalidad aparente, la planificación y la deshumanización de las víctimas.

El papel de la psicología forense y la criminología

La explicación de por qué ciertas personas cometen crímenes atroces manteniendo una fachada normal sigue siendo un desafío central para la psicología forense.

El informe de GQ sostiene que la psicología forense, la psicología criminal y la criminología trabajan de forma complementaria para perfilar delincuentes e investigar las dimensiones legales, psicológicas y sociales de estos casos.

La psicología forense se centra en la conducta y motivaciones de los delincuentes; la psicología criminal explora los orígenes y la formación de patrones delictivos considerando factores biológicos, psicológicos y sociales; y la criminología integra herramientas de sociología, derecho y psiquiatría para ofrecer una perspectiva multidisciplinaria.

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