15 de enero de 2026
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Expectativas de las pymes en 2026

Las pequeñas y medianas empresas (pymes), que generan cerca del 70% del empleo formal en Argentina, enfrentan un escenario de incertidumbre y no observan señales claras de reactivación económica. La crisis en la industria limita las expectativas de mejora en el corto plazo.

En el sector predomina la preocupación por la ausencia de medidas concretas para frenar la caída de la producción y el deterioro del empleo. La debilidad del consumo interno y las restricciones al financiamiento agravan la situación.

Según la consultora LCG, la actividad creció apenas 0,1% mensual en los últimos diez meses y se mantiene por debajo del máximo registrado durante la presidencia de Javier Milei en febrero de 2025.

Desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) muestran cautela y describen un panorama poco alentador de cara al nuevo año, con problemas pendientes por resolver. El uso de la capacidad instalada ronda entre el 50% y 60% y se aceleran los cierres y despidos.

Voceros de la entidad señalaron que el Gobierno dispone hoy de mayor margen político para avanzar en reformas estructurales que mejoren la competitividad. No obstante, advierten que esos cambios podrían no ser suficientes para revertir el estancamiento de la industria pyme.

Desde CAME consideran imprescindible mejorar las expectativas y la previsibilidad, consolidar una mejora del salario real y crear un contexto microeconómico más favorable que impulse las inversiones.

Insisten en la necesidad de recuperar la confianza y la previsibilidad para que las decisiones de consumo e inversión respondan positivamente.

Además de una modernización laboral, subrayan la urgencia de una reforma tributaria, que no esperan que se concrete en 2026.

El déficit de infraestructura es otro obstáculo importante: la falta de ferrocarriles y de rutas adecuadas limita la competitividad y aumenta los costos logísticos.

Desde el sector expresan que esperan que la situación vigente sirva como un piso desde el cual la actividad mejore gradualmente, aunque anticipan poco consumo este año y sin un repunte contundente. Señalan también la necesidad de reducir el costo financiero para ofrecer mayor financiación a los consumidores.

Las pymes enfrentan una coyuntura ajustada y el consumo no reacciona. Como alrededor del 70% de su producción está orientada al mercado interno, la falta de demanda afecta directamente a la industria.

El vicepresidente de CAME y presidente de la Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires (FEBA), Alberto Kahale, afirmó que empresas que funcionaban bien hace dos años, en un contexto de alta inflación, hoy se encuentran vacías o inactivas.

Esa transformación de plantas productivas en galpones refleja la gravedad del deterioro en algunos sectores.

Daniel Rosato, presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), estimó que 2026 será un año complejo para ramas como la textil, el calzado, los bienes de capital y la industria automotriz, muy afectadas por el avance de las importaciones y la debilidad del mercado interno. El consumo cayó en 2025 por la pérdida del poder adquisitivo, y de no revertirse esa tendencia 2026 podría ser especialmente difícil para esos rubros.

Rosato señaló además una fuerte heterogeneidad: mientras una parte del entramado productivo mejora, una proporción mayor empeora, lo que se traduce en más cierres y pérdida de puestos de trabajo.

Las expectativas de mejora se concentran en sectores como el agro, el financiero y el hidrocarburífero, que impulsan las exportaciones. En cambio, las actividades intensivas en mano de obra atraviesan un entorno adverso que podría profundizarse en 2026 si no se modifican las reglas de juego.

Sin un proyecto de ley que haga a la industria más competitiva mediante reducciones impositivas, menores costos laborales e incentivos a la inversión, el panorama para el sector se tornará más difícil, advirtieron dirigentes empresariales.

Matías Bolis Wilson, economista jefe de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), señaló que, como sector vinculado al consumo, esperan que la recuperación continúe de forma sólida y sostenible, siempre que la macroeconomía se mantenga más estable y ordenada tras las condiciones críticas de finales de 2023.

Según Bolis Wilson, la economía podría crecer en 2026 en línea con la proyección del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA, en torno al 3,4%, y el consumo acompañaría ese desempeño sin un despegue extraordinario.

El economista no advierte amenazas importantes por el lado cambiario ni por la inflación y considera que el nuevo esquema de bandas que empezará a regir en 2026 favorecerá una mayor competitividad, evitando una revaluación real significativa.

En definitiva, desde la CAC subrayan que la recuperación económica constituye la segunda etapa del programa y que no sería posible sin una estabilización previa; ese proceso es clave para el crecimiento, la rentabilidad empresarial y variables sociales como el empleo formal, la pobreza y la indigencia.

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