El líder supremo de Irán, Ali Khamenei, reconoció el descontento social manifestado en protestas en distintas ciudades por la crisis económica y advirtió que no habrá tolerancia hacia quienes considere “alborotadores”.
“El presidente y los altos funcionarios están trabajando para resolver” las dificultades económicas del país, afectado por sanciones, dijo el ayatolá en un discurso durante una festividad chiíta. Añadió que “los comerciantes protestan contra esta situación y eso es completamente justo”.
Khamenei señaló que, si bien “las autoridades deben dialogar con los manifestantes, es inútil dialogar con los alborotadores. A esos hay que ponerlos en su sitio”.
Al menos cuatro personas murieron el sábado en el oeste de Irán en enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad, según informaron dos organizaciones de derechos humanos, que acusaron a la Guardia Revolucionaria de abrir fuego contra los manifestantes.
Las protestas continuaron durante el sábado en varias ciudades del país, en el séptimo día de un movimiento desencadenado por la indignación ante el aumento del coste de la vida.
Las manifestaciones, iniciadas hace casi una semana por el alza de precios y el estancamiento económico, adquirieron pronto un carácter político al sumarse estudiantes universitarios y diversificarse las demandas en distintas localidades.
Los disturbios han dejado al menos 12 muertos, incluyendo miembros de las fuerzas de seguridad, según agencias internacionales que reportaron incidentes mortales en localidades como Malekshahi, Harsin y Qom.
En Teherán y Darehshahr cientos de personas bloquearon calles y portaron armas, mientras que en Karaj manifestantes quemaron la bandera nacional y corearon consignas contra el régimen.
Las autoridades han declarado que no permitirán la desestabilización del país y han reiterado amenazas de represión hacia quienes consideran agitadores, aunque han mostrado un tono más conciliador respecto a los reclamos económicos.
La Unión Europea expresó su preocupación y pidió moderación al régimen iraní, según una portavoz vinculada a la primera ministra Kaja Kallas.
La frustración social se ha visto en distintos actos: cientos de mujeres participaron en una maratón en la isla de Kish sin observar el estricto código de vestimenta, y una banda tocó “Seven Nation Army” en las calles de Teherán, actos interpretados como recuperación de espacios públicos mediante la desobediencia civil.
Comerciantes y vendedores también protestan por la imposibilidad de pagar alquileres tras el desplome del rial, en un contexto de inflación récord, alto desempleo y cortes de electricidad.
El presidente Masoud Pezeshkian propuso evacuar Teherán para aliviar la presión sobre los suministros de agua en medio de la peor sequía en más de 40 años.
El liderazgo iraní ha evitado medidas drásticas frente a los retos internos. Analistas citados por CNN, como Mohammad Ali Shabani y Ali Vaez, señalan un vacío de poder y advierten que la eventual sucesión de Jamenei podría marcar un cambio, con Mojtaba Khamenei o Hassan Khomeini como posibles herederos.
En el plano internacional, la presión aumentó tras una advertencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre una posible intervención si Irán respondía con violencia letal contra los manifestantes.
La Agencia de Noticias de Activistas por los Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos, informó que las protestas se han registrado en 100 localidades de 22 provincias y recordó que en episodios previos cientos de personas murieron o fueron detenidas.
El régimen mantiene su apuesta por la producción militar y la reconstrucción de alianzas regionales, mientras intenta contener la presión interna y las sanciones internacionales. La evolución de las protestas y la respuesta de las autoridades determinarán el rumbo inmediato del país.
(Con información de AFP)


